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NORMAS MASONICAS

Debéis ser hombre bueno y recto y obedecer estrictamente la ley moral; ser ciudadano pacífico y respetar las leyes de la nación en que vivís; no entrar en planes ni conspiraciones contra el gobierno y someteros a las resoluciones del poder legislativo; guardar el debido respeto a las autoridades; trabajar con diligencia, vivir con honradez y proceder buenamente con todos los hombres; venerar a los antiguos protectores y jefes de la masonería y a sus legítimos sucesores; y someteros a las resoluciones y decretos de vuestros hermanos reunidos en la logia, siempre que no infrinjan las Constituciones de la Orden; evitar querellas y desavenencias privadas y guardaros contra la intemperancia y los excesos; ser prudente en vuestra conducta cortés y afable con vuestros hermanos y fiel a vuestra logia; respetad a los verdaderos y legítimos hermanos y oponeros a los impostores y disidentes de los dogmas de la masonería; cultivar siempre los principios de la buena sociedad, fomentar las virtudes y propagar el conocimiento de las artes; rendir homenaje a las personas y cargo del Gran Maestro, debidamente instalado y estricta obediencia a los edictos de la Gran Logia; declarar que no esta en las facultades de ningún hombre o reunión de hombres, hacer innovaciones en el dogma de la fraternidad; asistir puntualmente a las sesiones de la Gran Logia al recibir oportuna invitación y cumplir todos los deberes masónicos en los casos oportunos; Declarar que ninguna logia puede fundarse sin el permiso de la Gran Logia; y que no debe reconocerse ni apoyarse logia clandestina ni persona recibida en ella, por ser esto contrario a los antiguos Preceptos de la Orden; declarar que nadie puede regularmente ser admitido masón o miembro de una logia constitucional, sin previo informe y averiguación debido a sus condiciones; no recibir en la logia visitadores desconocidos, sin previo riguroso examen, y de ser posible, tener testigos que los hayan visto iniciar o trabajar en logias con ellos.

DEL MASON PARA CON LA ESPOSA



El matrimonio es consecuencia de una reciprocidad de amor y de respeto, y se efectúa por relaciones de atracción, sentimiento y voluntad.

La unión conyugal eleva a los esposos y estimula en ellos la práctica de las virtudes. El padre de familia penetrado de sus altos deberes, borra vicios y flaquezas, domina sus pasiones para no sonrojarse ante sus hijos y para no darles el oprobio por herencia; y cuando ese padre es masón, sabe que los hijos son depósito sagrado de fecundo amor, que como remaje opulento se ciñe al viejo tronco del que dimana la savia de la educación y el apoyo del ejemplo de la virtud; establecer la paz en vuestro hogar y para ello bastará que os améis, estiméis y respetéis recíprocamente, pues así llegaréis a comprender que para los que saben amarse, nada hay tan hermoso como la vida en que los dos seres se amalgaman en la dulce fusión de una sola voluntad.

No debéis olvidar jamás que la mujer es vuestra igual, que debéis tratarla siempre con respeto, con moderación y con cariño. La debilidad femenina debéis entenderla con ternura, consagración y sacrificio espontáneo. Ella será vuestra colaboradora más decidida, vuestro punto sentimental de apoyo en los tumbos de la vida, hada generosa de todas las grandezas espirituales, a ella debéis acudir en vuestras tribulaciones y en vuestras alegrías. ¿Quién mejor que ella, sabrá alimentar una bella esperanza y curar con un beso las más hondas heridas del alma ?. Por ello debéis colocarla a la misma altura en que estáis colocado, instruyéndola, estimándola y levantándola hasta la sublimidad de nuestra enseñanza masónica si queréis labrar vuestra felicidad y contribuir a la felicidad universal; pero al mismo tiempo debéis ascender hasta la cúspide radiosa de su espiritualidad, porque la mujer, esencia pura de los más nobles sentimientos, busca incesantemente las emanaciones del alma, y al no encontrarlas en el compañero que el destino le deparó, sufre la nostalgia del reino del espíritu frente a las flores marchitas de sus sueños que moja la lágrima de la decepción.

La masonería, que es la única institución que vive para la moralidad, nos recuerda y enseña siempre nuestros más altos deberes, y así espera lograr la indisolubilidad en la unión de dos existencias, hechas a base de amor y no de férreas tiranías legales. Procura para ello, forjarse verdaderas ligas de afecto, de cultura intelectual y sentimental, pues es así como se forman lazos atractivos y durables. La masonería perfecciona en absoluto el matrimonio consagrado por la ley, porque lo eleva con sus enseñanzas.

Nuestro Código Moral Masónico al regular los deberes que tenemos para nuestros semejantes y con nosotros mismos, regula igualmente los que tenemos para con la mujer y los que impone el doble carácter de esposo y de padre. Recordad siempre queridos hermanos, en vuestras horas de triunfo o de fracaso, de tranquilidad o de violencia, de prosperidad o de adversidad, que tenéis una mujer a la que debéis miramientos y consideraciones que ella de nadie espera más que de vos, la dulzura, el razonamiento, el buen sentido y la cordura, os deben guiar en vuestro trato con vuestra esposa, pues no olvidéis, como bien lo sabéis, que en nuestro seno hay hombres que practican la virtud, alimentan el bien y enseñan la moral



A LA ESPOSA DEL MASON



SEÑORA: Vuestra misión en el hogar es de paz, de dulzura y abnegación; a vos está encomendada la parte sentimental de la unión matrimonial; pero ésta no es solo vuestra obra, puesto que desde hoy en adelante, sois punto principalísimo de apoyo en los éxitos de vuestro esposo. No olvidéis jamás, por lo tanto que cuando éste no encuentre en el hogar la franca colaboración, cuando en él y en su obra no está identificada la mujer, pierde todo su esfuerzo y todos sus nobles aspiraciones se embotan en el desconsuelo y en el silencio triste de los que se sienten aislados en la lucha por la vida. Para lograr esto, debéis poner mayor suma de esfuerzos, que hoy lleven hasta conseguir poneros al nivel natural de vuestro esposo; estudiar siempre la vida en todas sus manifestaciones, que así sabréis llevar en un momento oportuno la luz de vuestro compañero; y así como vais hasta él, haced también que venga él a vos, a vuestra espiritualidad, a la sutileza de vuestras idealidades, a toda esa aureola de sentimentalidad que gallardamente corona, como búcaro gentil, a todo cerebro de mujer.

Unos consejos sanos, una bella administración de las facultades del hombre, un hogar limpio, lleno de sol y de alegría, una sonrisa oportuna, una caricia a tiempo, un dulce consuelo en los embates de la lucha, una cuidadosa fidelidad del honor y de los intereses del esposo, tales son los deberes fundamentales del matrimonio Confiad siempre en vuestro esposo y así lo haréis, confiar en vos y en él mismo; no deis pábulo a habladillas malintencionadas que, provocando los celos, matan todo el amor y todo el respeto; creed siempre más en lo que diga vuestro esposo que en lo que aseguren los extraños, y así consolidaréis vuestra felicidad.

En donde quiera que haya un masón, señora, y los hay en todas partes del mundo, ese masón combatirá a pecho descubierto por vuestro honor, por vuestra tranquilidad y por vuestra felicidad. En cada uno de nosotros tendréis un apoyo y un amigo, y si os encontráis desamparada, acudid a nosotros, que os remediaremos vuestros males, nos encargaremos de vuestros hijos, satisfaceremos vuestras más apremiantes necesidades. Os habéis casado con un masón con un hermano nuestro y tenéis derecho a nuestra ayuda y protección decidida.

Se ha dicho que el hombre en una parte de un todo, que aislarse es mutilarlo y que unirle debidamente es completarlo. Otro tanto puede decirse de la mujer. Para que la unión conyugal pueda producir todo lo que la sociedad tiene derecho a esperar de ella, es necesario que la mujer se cultive, posea una educación suficiente para que comprenda a su marido y que tenga anhelos de progreso, todo dentro de las altísimas enseñanzas que la masonería prodiga; sed pues, una verdadera y cumplida esposa del masón para que toda vuestra vida esté iluminada por la luz de la razón que, que como antorcha siempre flamante, hace distinguir la verdad del error y disipa las preocupaciones, los perjuicios y los temores. Ahuyentad los oropeles de la moral convencional y regios por las nociones eternas de la moral absoluta, nociones claras y comprensibles al cerebro y satisfactorias para vuestro corazón; moral que, por estar basada en la Naturaleza no puede menor que ser absoluta.

SEÑORA aprovechar nuestras prácticas y prédicas y contribuir con vuestra labor al engrandecimiento de la obra que nosotros realizamos como eternos obreros del bien. Cuidad de vuestra felicidad, de esa felicidad que sólo una vez pasa por nuestra vida al alcance de nuestras manos, y que dejamos escapar por punible inconsciencia o por execrable egolatría. En recuerdo de ese amor, de esa sensación, de esa esperanza, de ese ensueño, sed siempre la novia muy amada y muy amante que siempre espera asomada al balcón de la felicidad.

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