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domingo, 3 de junio de 2007

El Masón, hombre libre y de buenas costumbres.

Por el H:. Lafayette

M:. M:.
Gran Logia del Rito de York en Paraguay
Valle de Asunción.

Uno de los requisitos básicos para ser iniciado en nuestros antiguos misterios es ser un hombre libre y de buenas costumbres, lo que implica que únicamente aquellos que reúnan dichas condiciones pueden ser admitidos a nuestra Orden.

Ahora bien, que entendemos por "hombres libres y de buenas costumbres", según Lavagnini, dicha condición preliminar que se pide al profano para ser admitido, es necesaria para su progreso moral y espiritual, para todo adelanto en el sendero de la verdadera luz, vale decir, de la verdad y de la virtud.

La idea de libertad está vinculada con el hecho de estar despojado de prejuicios, de los errores, de los vicios y de las pasiones que embrutecen al hombre y hacen de él un esclavo de los inconvenientes del materialismo irracional.

De buenas costumbres, implica ser portador de una reputación intachable, como padre, hijo, hermano, marido, amigo, trabajador y ciudadano, además por haber orientado su vida hacia lo más justo y ético, hacia lo más elevado del espíritu.

La libertad interior y la adecuada orientación moral de su vida, vale decir, lo que el hombre "es" y lo que "puede ser", son los pilares en que descansan la construcción de su templo interior para intentar convertirse en un Obrero de la inteligencia constructora del Universo.

Aquellos candidatos que reúnan en su personalidad dichas condiciones, podrán llegar a convertirse en Masones constructores o reales y no en masones de etiqueta.

Como debe conducirse un Masón Constructor es la pregunta obligada, y su respuesta está vinculada con las obligaciones del Masón, para con Dios, para consigo mismo y para con la humanidad.

Para con Dios es amarlo por sobre todas las cosas, y en ese acto de amor intentar lograr la Unidad con él ser superior, mediante el cumplimiento de sus deberes para consigo mismo y para con los prójimos.

Para arribar a la Unión, el masón debe practicar costumbres sanas, que lo podrán elevar a construir un templo ideal, consistente en un cuerpo sano, un pensamiento puro y una conducta solidaria y fraterna con todos los seres del Universo.

Algunas prácticas tendientes a dicha búsqueda están relacionadas con la respiración (ejercicios respiratorios, yoga y similares) y buenos hábitos de vida. Debe conservarse siempre con el ánimo alegre y el pensamiento puro, porque el hombre aspira átomos afines a su pensamiento.

Debe cuidar sobre todo su alimentación, buscando armonizar la ingesta de alimentos con la de agua pura.

Es preciso conservar el equilibrio del cuerpo, mediante las buenas posturas, la práctica habitual de ejercicios y caminatas, deben recibirse los rayos solares y buscar purificar los pulmones aspirando el aire puro del bosque o del campo.

Se debe masticar correcta y completamente los alimentos, y buscar asistencia profesional para lograr una dieta balanceada, equilibrada y saludable.

No se debe descuidar el estado de ánimo, eliminando la melancolía y la tristeza, siendo modesto, prudente y callado.

En el éxito se debe agradecer siempre a los demás y jamás jactarse de la inteligencia y el poder, pues muchas personas son más sencillas y menos inteligentes y sin embargo más útiles a la humanidad. La cólera y los malos tratos denotan debilidad e ignorancia.

El mayor bien que se puede hacer a los demás es no juzgarlos, la tolerancia debe ser la primera norma de vida, particularmente con los propios familiares y seres queridos.

Cuando nos toca la oportunidad de servir a los demás, debemos agradecer que se nos haya conferido dicho honor.

Con respecto a la mujer, se la debe tratar con respeto y sinceridad, velando siempre por su bienestar, independientemente del trato que nos dispense y sin esperar recompensa alguna.

Finalmente, además del régimen alimentario sano, privación de drogas y estupefacientes, sueño moderado, vida laboriosa, y de buscar aportar positivamente a la humanidad, es preciso ser un miembro fiel de la Orden, buen ciudadano, respetuoso de las normas, buen padre, hijo, esposo, hermano y amigo, cumplir con el deber y la palabra empeñada.

No debe olvidarse que no basta con no hacer daño a los demás, es preciso hacer siempre el bien. QQHH deseo finalizar esta plancha repitiendo el viejo refrán que dice �Es relativamente fácil ingresar a la Masonería, pero muy difícil que la Masonería entre en nosotros�.

S:. F:. U:.

Bibliografía
Jorge Adoum - El Aprendiz y sus misterios.-
Aldo Lavagnini - Manual del Aprendiz.-

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