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martes, 12 de junio de 2007

Letra G , la Estrella Flamígera(que representan la quintaesencia, el microcosmo y el hombre)

Valle de Roma, Oriente de Italia, Febrero 25 de 2006.

Por el Muy R:.G:.M:. Fabio Venzi.

La leyenda de Hiram Abif, concerniente a la muerte del arquitecto constructor del Templo es por consiguiente una alegoría, siendo una figura retórica cuyo concepto de muerte y resurrección se expresa a través de unas representación sensitiva o fantástica, principalmente antropomórfica.

Como hemos visto, la alegoría se distingue del símbolo porque la relación entre el símbolo y la cosa simbolizada es tal que el primero substituye por completo a la segunda, mientras que la representación alegórica es una transfiguración o más bien, un regreso de lo sensitivo a lo inteligible. De aquí se deduce el valor básico gnoseológico cognitivo de la alegoría y la importancia de su utilización en una sociedad esotérica iniciática. De hecho, si es verdad que nuestro conocimiento va de lo sensitivo a lo inteligible, la alegoría tiene la función precisa de traernos lo que por su propia naturaleza es difícil de captar por la mente, permitiéndonos expresarlo a pesar de las deformaciones de su presentación sensitiva.

El símbolo es diferente del signo porque además de ser una indicación es también una representación de la cosa significada. Por ejemplo, una bandera en u barco puede simplemente indicar su nacionalidad, o ser el símbolo de una nación. En la base de un símbolo existe un enlace que puede ser de varios tipos, ontológicos o meramente convencionales, pero lo que nos interesa es que este vínculo involucra una total substitución de manera que el símbolo está en el lugar de lo que es simbolizado y
cumple las funciones de éste.

Antes de emprender nuestro camino por los senderos del hermetismo y la gnosis, será necesario familiarizarnos con estos conceptos básicos. Sin un adecuado conocimiento del simbolismo y de su interpretación esotérica y sin un buen conocimiento de las religiones en general, todo ritual se convertirá simplemente en un ejercicio memorístico.

El simbolismo es para la Francmasonería una exigencia fundamenta a la que no se puede renunciar. A través de él, tenemos la posibilidad de penetrar, vía intuición, el velo de los más ocultos misterios y al mismo tiempo podemos conseguir adaptar el mensaje al grado de conocimiento del receptor. La peculiar naturaleza de la comunicación simbólica es le de ser susceptible de varios grados de interpretaciones, dependiendo del nivel de quien esté cuestionando el texto. Una determinada expresión permanecerá muda para el neófito o le comunicará un mensaje muy simple e inmediato. Pero para “aquél que sabe”, es decir, que tiene la clave correcta para una lectura interpretativa y la sensibilidad adecuada, un solo signo simbólico le abrirá un mundo entero de analogías e implicaciones. El símbolo místico da a la piedra bruta un pequeño barniz de verdad, y abre a la piedra pulida el profundo sentido de la búsqueda interior.

En el contexto histórico de hoy, que la doctrina Hindú define como el Kali Yuga o Edad Obscura ( la 4ª y última era de un ciclo progresivo de oscurecimiento de la espiritualidad), en una sociedad que Guénon definió como el Reino de la Cantidad por la tendencia a reducir todo fenómeno al punto de vista cuantitativo, es por lo tanto necesario y deseable continuar la Ruta Esotérica de la Francmasonería, el último bastión contra el hombre-masa.

Esta es, en mi opinión, la única manera de” cabalgar el tigre”, como diría Julius Evola, es decir, estimular al hombre a resistir en un mundo estandarizado y sin puntos de referencia y a menudo hostil, a aferrarse a la fuerza de la Tradición y a estar seguro de su propia individualidad.

En el vacío de los valores tradicionales, el único representante de la tradición sigue siendo la figura Prometeica d el Francmasón, un hombre que intenta defender su espacio y su tiempo, dueño de su propia existencia. Según el filósofo José Ortega y Gasset en su “La Revuelta de la Masas”, cada civilización yace en una condición de inseguridad y necesita un propósito que la preserve con el fin de no caer en la barbarie; un esfuerzo tal puede necesariamente estar sustentado por hombres resueltos a vivir según principios y deberes imperativos.

Estos hombres han representado la aristocracia de cada sociedad y es el papel al cual el Francmasón está llamado.

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