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El renacimiento de la masonería en Algeciras

La asociación celebra reuniones mensuales con rituales muy antiguos. · Autor: Faro

Por Domínguez Saucedo

La masonería ha vuelto a instalarse en Algeciras, 75 años después de que fuera disuelta como consecuencia del inicio de la Guerra Civil y de la represión que sufrió por parte del bando nacional. Así, la Logia Trafalgar, la única que existía en la ciudad en 1936, ha sido reconstituida por un grupo de seguidores de esta hermandad filantrópica.

A los actos de su recuperación e instalación en la ciudad, que tuvieron lugar el pasado 15 de julio, asistieron miembros de todas las Logias de Andalucía, muchos representantes de las Logias españolas y una nutrida representación de las Logias de Gibraltar.

La historia de la masonería en Algeciras se remonta a la época del sitio de Gibraltar, cuando ya estaba bastante extendida en la zona. Así, en el siglo XIX ya existían en la comarca las Logias Trafalgar, Carvajal, Guzmán el Bueno y el Capítulo Wamba, teniendo su máximo desarrollo en el Campo de Gibraltar a finales del siglo XIX, cuando desarrollaban su actividad en la zona multitud de Logias.

En el siglo XX, sobre todo a partir de la segunda década y hasta el comienzo de la Guerra Civil, se multiplicaron de una forma asombrosa. En La Línea, con una población de naturaleza básicamente laboral, llegaron a contabilizarse catorce, en las que confraternizaban ciudadanos ingleses, carabineros, intelectuales y obreros en la más perfecta armonía.

Los fuertes vínculos de los hermanos de La Línea y San Roque con la masonería británica era lógica, habida cuenta de la elevada proporción de los vecinos que se ganaban la vida al otro lado de la frontera gibraltareña, con lo que esta confraternización fue creciendo con el paso del tiempo.

El grueso de las iniciaciones en las Logias del Campo de Gibraltar se produjo en los años 1926 y 1927. En el Campo de Gibraltar, en aquella época, por la influencia de los ingleses, la masonería no estaba perseguida. Era una sociedad legalmente constituida, integrada por personas honorables, con sus estatutos, reglamentos y directiva aprobada por el gobernador.

No vivían, pues, en la clandestinidad, sino a plena luz y dentro de la ley, y seguían el ejemplo de convivencia en perfecta armonía reinante en Gibraltar, donde existían, junto al templo católico, la capilla protestante, la mezquita árabe, la sinagoga hebrea, la pagoda india y la logia masónica, sin que se molestaran los unos a los otros los partidarios de cada uno de estos cultos, religiones y sociedades.

En el taller masónico convivían en completa hermandad todas las profesiones, oficios y carreras, como militares de graduación, oficiales de la Marina Mercante y de Guerra, empleados de todas las ramas de las administraciones, políticos de todas las ideas, obreros o artesanos.

Todos los hermanos eran conocidos en la ciudad. Cumplían perfectamente con sus deberes sociales y profesionales y muchos con sus deberes religiosos. En aquel ambiente tenían algunos la convicción de realizar una labor altamente cristiana con sus actuaciones, desde el primer día de ingreso en la Logia, obligando a cumplir el reglamento, oponiéndose enérgicamente a toda discusión de carácter político o religioso, llevando a todos los actos el espíritu de comprensión, de fraternidad y tolerancia propios de la institución, y sin el cual era imposible la convivencia social.

Aunque también estuvieron las logias desgarradas por rencillas políticas. Los partidos republicanos se dividieron en multitud de banderías hostiles, hasta el punto de que el Algeciras, un alcalde saliente lerrouxista y un alcalde entrante azañista, ambos miembros de la Logia Trafalgar de Algeciras, se hacían campañas de prensa escandalosas e incluso se insultaron y agredieron en público. Las pugnas de intereses privados comerciales entre los miembros de las Logias consumieron gran parte de la energía de estas.

La más clara definición de masón que existe, según apuntan en la Logia Trafalgar, la elaboró el poeta masón Rojas Cabrera, y fue utilizada en los trabajos masónicos de muchos hermanos de las Logias del Campo de Gibraltar: “alma noble, vida honrada, franco, cortés, generoso, padre, amante, buen esposo, odio a nadie, miedo a nada. De la virtud defensor, sostén de la libertad, siervo de la caridad, compañero del dolor. Refractario del fanatismo que en la falsedad se inspira. Verdugo de la mentira y juez del oscurantismo. Adora a Dios y a sus seres y es a más de todo eso, sacerdote del progreso y esclavo de sus deberes”.

En relación al oscurantismo existente en torno a la masonería, aseguran que “es una historia oscura sólo en España. En Estados Unidos, por ejemplo, se tiene en cuenta en los curriculums si eres masón para encontrar trabajo”.

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