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La Masonería en México

Por Jorge Pérez Uribe
Sobre el Articulo La masonería y la Independencia


Un precedente fue la sociedad secreta fundada en Jalapa hacia 1812, inspirada en la Sociedad de Caballeros Racionales establecida en Cádiz por un grupo de americanos. Descubierta por las autoridades coloniales tuvo una escasa duración de tres meses.

La masonería fue formalmente introducida en México por las tropas expedicionarias peninsulares, destacas como consecuencia del movimiento insurgente y así aparece hacia 1813, el primer grupo masón conocido como “partido escocés”, en la Ciudad de México. Si bien en un principio sus iniciados eran todos oficiales peninsulares, a lo largo de los años comenzaron a adherirse los novohispanos, que hacía 1819 ya eran numerosos.

En Mérida y Campeche se funda la masonería hacia 1818, por constitucionalistas desterrados de España y militares peninsulares. El levantamiento de Riego en España, es acompañado en 1820 por la reorganización de la Sociedad de San Juan, disuelta en España en 1814. esta sociedad se conocería posteriormente como Confederación Patriótica y su promotor fue nada menos que el “padre del liberalismo” Lorenzo de Zavala, afiliado a la masonería durante su prisión en San Juan de Ulúa.

Si bien muchos masones sostienen que los conspiradores de 1808 (Lic. Azcárate, Lic. Primo de Verdad, Arzobispo Francisco Lizana, etc.), así como los insurgentes Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo, Morelos, etc. a la hora de aportar pruebas, estas no resisten el rigor del método de investigación histórica.

Caso distinto fue el de los sobrevivientes del movimiento independentista iniciado por Hidalgo y Morelos: Ignacio López Rayón, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, quiénes fueron “iniciados” y utilizados, al término del movimiento de Independencia, para hacer fracasar el gobierno de Iturbide y el naciente Imperio, instaurando una república al estilo norteamericano.

Fue la Gran Logia Mexicana, organismo principal de la masonería escocesa, reforzada por los diputados mexicanos que habían estado en las Cortes españolas y que para entonces volvieron, entre ellos: Santa María, Mariano Michelena, Ramos Arizpe, Iturrubaría, y Mayorga, coordinados por el agente confidencial de los Estados Unidos en México, Joel R. Poinsett, quienes hicieron fracasar el naciente Imperio Mexicano. Poinsett definía así su misión: “si lograba el cambio de límites propuestos por el gobierno angloamericano se reconocería a Iturbide para que firmase el tratado respectivo; si no lo lograba había que derrocar al Emperador”.

Poinsett tuvo una entrevista con Iturbide, en la cuál de insinuó que sería conveniente estudiar la cuestión de límites entre las dos naciones. Iturbide nombró a Juan Francisco Azcárate para reunirse con Poinsett, quién le pidió la entrega de Texas, Nuevo México, las dos Californias y la mayor parte de Coahuila y Sonora. “Naturalmente, Azcárate rechazó la proposición: “Reprimiendo la ira que me causó nos supusieran tan ignorantes en materia tan delicada –escribió el ministro de Iturbide-, le contesté que el gobierno en consecuencia del Tratado de Iguala siempre respetaría el celebrado con Onís por España, y no cedería ni un solo palmo de tierra” (4)

En agosto de 1822 varios generales de filiación claramente masónica: Felipe de la Garza, Antonio López de Santa Anna, Nicolás Bravo y Vicente Guerrero, declaran el Plan de Casa Mata contra la designación de Iturbide como emperador. Si bien Iturbide envió al general Echávarri a combatir a los rebeldes, ignoraba que este había sido ya “iniciado” en la masonería, por lo cuál en vez de combatirlos llegó a un entendimiento con ellos.

El Acta de Casa Mata dada la popularidad de Iturbide establecía que “El ejército, no atentaría contra la persona del Emperador, pues lo contempla decidido por la representación nacional” (5). Como la popularidad y el liderazgo de Iturbide continuó, el Supremo Poder Ejecutivo que gobernó tras la abdicación de Iturbide, procedió a la destitución de algunas autoridades e incluso algunos fusilamientos de iturbidistas. El Congreso, ya totalmente controlado por las Logias, si bien primero le asignó una pensión, después lo declaró traidor y lo puso fuera de la ley el 28 de abril de 1824, decisión que no fue comunicada al ex emperador, por lo que éste cuando regresó fue fusilado el 19 de julio de 1824.

A efecto de cumplir su misión Poinsett funda la masonería del Rito de York, para lo cuál contó con innumerables recursos y la colaboración de Lorenzo de Zavala, José Ignacio Esteva, José María Alpuche y Vicente Guerrero. Su crecimiento fue exponencial y en poco tiempo contó con 130 Logias repartidas en la República. Esta masonería fue superditada a las logias de Estados Unidos.

Siendo presidente Vicente Guerrero fue sometido por Poinsett al mismo ofrecimiento de Iturbide, pero Guerrero, en forma análoga lo rechazó con lo cuál selló su destino, ya que posteriormente fue depuesto por el Plan de Jalapa, siendo fusilado por traidor, en Cuilapa el 14 de febrero de 1831.

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