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La masonería se hace visible en Televisión Española y Educación para la Ciudadanía

P. L. C e I. Peyró. Madrid

Pirámides, obeliscos, ojos de la providencia, gabinetes de alquimistas... Con esas imágenes, tan directamente inspiradas en la tradición gnóstica, ocultista y masónica, ha querido abrir Basilio Baltasar la cortinilla del programa que dirige para RTVE, Tengo una pregunta para mí, especializado en filosofía. Baltasar, hombre vinculado por tradición a PRISA, ha ocupado diversos cargos relevantes en el imperio fundado por Jesús Polanco, y actualmente es el máximo cargo ejecutivo de la Fundación Santillana, organismo también dependiente del mencionado grupo, y en cuyo patronato figuran prohombres de Prisa como Juan Luis Cebrián o Javier Pradera. El descaro con que se emplea la simbología masónica en el programa de Baltasar guarda correspondencia con los artículos trufados de furia anticatólica escritos para medios de Prisa por el director de Tengo una pregunta para mí.

Masones en la escuela

Y si están en la televisión, también quieren llegar a la escuela. Un manual de Educación para la Ciudadanía editado por la casa Vicens Vives destaca en su tenor literal –para que lo lean niños– la necesidad de apostar por “un Gobierno mundial”, en clara consonancia con el tradicional postulado masónico del “Nuevo Orden Mundial”, idea de raíz iluminista. Los propios portavoces oficiales de la masonería, como Elbio Laxalte, reivindican tanto la necesidad de Educación para la Ciudadanía como del aludido Gobierno mundial.

“Nuevas instituciones para un nuevo orden mundial”

Así se titula uno de los apartados del capítulo ocho del libro de Filosofía y Ciudadanía (EpC) de la editorial Vicens Vives. “Cada día constatamos cómo las instituciones políticas actuales –tanto gobiernos estatales como organismos supraestatales– resultan poco útiles para resolver eficazmente los retos que tenemos planteados. De ahí que muchos empiecen a plantear abiertamente la conveniencia de apostar por un gobierno mundial”. Para contextualizar el significado de estas palabras hay que remontarse al año 1776, cuando el catedrático judío alemán Adam Weishaupt fundó una sociedad ocultista denominada los Iluminatti de Baviera. Era una sociedad secreta fuertemente vinculada con la masonería. Los objetivos apuntaban a establecer una conspiración para derribar fronteras entre las religiones, instituciones civiles, Gobiernos y crear una unificación del sistema económico. A este postulado Weishaupt lo llamó el Nuevo Orden Mundial (NOM). Sus anhelos han trascendido a través de la Historia y sus planes permanecen en plena vigencia. El propósito del Orden incluye unir al mundo bajo un solo Gobierno, reducir la población a dos tercios y reducir la tecnología industrial para disminuir la contaminación. Según el experto en masonería y miembro de la Real Academia de Doctores Manuel Guerra Gómez, “la masonería ha estado siempre muy interesada en la educación”. “Propugna ‘la libertad de enseñanza’, pero entendida no como la libertad de los padres de enviar a sus hijos a un centro escolar de un ideario concorde con sus creencias y deseos, sino ‘la libertad de cátedra’, o sea, que cada profesor pueda impartir la enseñanza que quiera al margen de un posible ideario determinado del centro y de la edad de los alumnos (concepto que propicia la asignatura de EpC). Es lo llamado por algunos masones ‘escuela omnilateral laica positiva’. Y ése es el objetivo de la Fundación Cives, ideóloga de Educación para la Ciudadanía, que es una de sus ‘organizaciones pantalla”.

Por su parte, el doctor y sacerdote Juan Claudio Sanahuja explica así la relación entre esta institución y los principios ideológicos del actual Gobierno: “Para la masonería, la persona sólo es el yo, al que hay que complacer. No rinde cuentas a nadie. La ley natural dada por Dios (o por un Ser trascendente a la persona) la esclaviza, impide su realización, la convierte en un autómata fundamentalista”. Explica también Sanahuja que, tras el lenguaje atractivo de la masonería (paz, justicia, equidad, pluralidad), hay mucha trampa, ya que “son instrumentos ideales para captar gente con buenas intenciones, pero todo eso lo hacen compatible con el avasallamiento de la conciencia de los demás, la perversión de los menores con la educación sexual, la destrucción de la familia y de toda institución que represente un principio de orden objetivo”.

Dentro de la masonería, sin embargo, existen distintas corrientes, y las que están más ligadas a los ideólogos de la EpC (la Logia Gran Oriente de Francia o la Logia Simbólica de España) son de las más radicales. Óscar de Alfonso Ortega, gran maestre de la Gran Logia de España, ha querido aclarar a LA GACETA que la institución que él preside sólo admite a creyentes y toma como referencia la Biblia, además de otros libros sagrados, a diferencia de otras como la logia Gran Oriente de Francia, que sólo toma como referencia la Constitución francesa y admite a ateos en sus filas.

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