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PANAMA: La francmasonería, pilar de la nueva república

Manuel Amador Guerrero, primer presidente de Panamá
La corriente masónica permitió que las bases de la nueva nación avanzaran sin dificultades. Y aunque no es propio de los masones, también figuraron intereses particulares

GILBERTO SOTO
gsoto@laestrella.com.pa

PANAMÁ. Consolidada la gesta separatista, los líderes de este trascendental suceso procedieron a escoger al primer gobernante de la nación. En aparente consenso, resultó electo el doctor Manuel Amador Guerrero.

Las nuevas revelaciones contadas a La Estrella por el ‘Gran Maestro’ de los masones panameños, Carlos A. Mendoza, destacan que dicho cargo era aclamado por los nacionales para que fuera ocupado por el doctor José Agustín Arango, puesto que rechazó rotundamente.

‘¡Alma bendita, sí, es que eso era!’, puntualizó. Lo primero que hizo el doctor Amador como presidente fue entregarle la educación pública del país a la iglesia católica, eso era nefasto, explicaba el también historiador.

Es allí donde arranca la labor masónica al influir en las nuevas bases de la república. El Ministerio de Justicia, en manos del doctor Carlos A. Mendoza, y al tiempo jefe de la masonería, tuvo que iniciar las primeras gestiones para lograr el rescate paulatino de la educación pública.

Desde entonces, los masones Eusebio A. Morales y Guillermo Andreve y, posteriormente, otros mandatarios como José Domingo de Obaldía y Belisario Porras, ayudaron a ese rescate. Ese fue un gran ‘error’ del doctor Amador, acotaba Mendoza.

‘Gracias a las buenas relaciones que mantuvo siempre mi abuelo con el jefe de la Iglesia católica en Colombia, Francisco Junguito, se lograron importantísimos acuerdos de gran importancia para el país, sin necesidad de llegar a enfrentamientos como era la costumbre. Todo esto sin que necesariamente se tuviera un ‘concordato’ entre el Vaticano y Panamá’.

Las relaciones entre los líderes políticos en 1903 no sólo se centraron en su lucha por recuperar la nación, sino que se fue más allá y era precisamente mantener los lazos masónicos, cosa que se vio reflejada a principios del siglo XX.

INTERESES PARTICULARES

Según estos registros, el presidente Manuel Amador Guerrero, más que luchar por la independencia y sentar las bases de la nueva república, meses antes ya tenía sus objetivos definidos: sacar provecho. El mal del ‘juega vivo’, al parecer ya existía en Panamá.

La publicación de tres tomos 1903 en la prensa panameña y los infaustos años precedentes del doctor Carlos Alberto Mendoza destaca en su segunda entrega el contenido de una carta enviada por el doctor Amador a su hijo Raúl en Estados Unidos, donde se evidenciaba lo dicho. ‘Si todo sale bien tendrás un buen puesto en la comisión médica, que será la primera que trabajará’, decía el telegrama enviado a Raúl Amador por su progenitor el 18 de octubre de 1903.

Amador se refería a los futuros entendimientos entre los líderes panameños del movimiento separatista con Estados Unidos a fin de obtener beneficios por ambas partes.

En dichas conversaciones, el también gestor de la separación, el francés Philippe Bunau- Varilla y el secretario de Estado estadounidense John Hay, lograron acordar el apoyo de seguridad pasadas las 48 horas después de la separación. Todo esto a cambio de la firma de un tratado que le permitiera a los Estados Unidos continuar con la construcción del Canal por suelo istmeño.

Hoy, 107 años después, Carlos Mendoza, el jefe máximo de la francmasonería panameña destaca que mientras se consolidaba el movimiento, no hubo enfrentamientos por la influencia de la corriente masónica que permitía el diálogo entre los hombres libres y de buenas costumbres.

Lea mañana cómo empieza el idilio de la nación naciente con nuestro más poderoso vecino.

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