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La masonería y el aporte a Posadas


Fundada el 30 de mayo de 1879 por Joaquín Crespo, el templo que hoy se ubica en pleno centro de la ciudad, albergó ilustres hombres que hoy forman parte de las familias más reconocidas de la sociedad.

Casi con los inicios de la actual ciudad de Posadas la fundación de la Logia Roque Pérez marca el comienzo de un trabajo del que participaron hombres ilustres que fueron los primeros integrantes de las instituciones más antiguas de la capital misionera. Así los masones formaron parte del primer Consejo Municipal, las primeras escuelas, los clubes, y hasta las instituciones de beneficencia entre otras organizaciones. Su historia, ligada a la historia de Posadas cuenta de hombres como Rudecindo Roca; Ramón Madariaga; Pablo Grobli; Héctor Leopoldo Bonifato; Teodoro Krieger, Lázaro Gibaja; Alfonso Arrechea; Alejo Peyret; José Prieto; Benjamín Moritán; Emilio Gottchalk, Gastón Dachary; Aurelio Villalonga y Ángel Acuña, entre otros. Parte de esta historia detrás de las anécdotas de los primeros años de vida de la capital misionera fue objeto de investigación de la licenciada Elsa Nidia Zacarías, quien respondiendo al interrogante acerca de quiénes fueron las primeras familias que se asentaron en el territorio, elaboró un estudio pormenorizado donde pudo conocer más de una institución que hasta hoy muchos desconocen.

Los orígenes
Para hablar de la Logia Roque Pérez es necesario realizar una breve introducción a la masonería, donde varios autores han señalado que el origen se puede relacionar con el Génesis o Adán y Eva, según contó Zacarías. La licenciada en historia detalló que por lo general se hace un recorte en que se refiere a la época del Rey Salomón entre los años 1.020 y 962 a. c. donde se le atribuye al Rey la posibilidad de construir un templo que contenga no solamente la infraestructura adecuada sino también la sabiduría. El concepto de templo es relacionado con los antiguos templarios o el inicio de la francmasonería cuyo objetivo fue formar pensadores y sabios, que no solamente eran celosamente elegidos sino también debían pasar por ritos de iniciación. Es por ello que se habla de "los elegidos" como hombres que por sus virtudes forman parte de esa elite. Se trata de una organización filantrópica, filosófica y progresiva, donde prima la tolerancia como principio que une a los libres pensadores. Su objeto es la beneficencia, el estudio de la moral universal, el análisis de las ciencias y las artes como también la práctica de todas las virtudes.

En Argentina
A fines de 1878 en Buenos Aires, el Gran Maestre de la Masonería Argentina, Agustín P. Justo, encomendó a Joaquín Crespo, un hacendado de Corrientes, la misión de fundar una logia en Trincheras de San José. El 30 de Mayo de 1879, Crespo cumplió con esa misión al dejar constituida una logia masónica con el título distintivo "Roque Pérez" en referencia a quien fue un prestigioso jurisconsulto, fundador del Colegio de Abogados de Buenos Aires, Subsecretario de Relaciones Exteriores y entre otras tantas actividades, profesor de Nicolás Avellaneda.

En 1881, Rudecindo Roca, (masón, hermano del Presidente Julio Argentino Roca) primer gobernador del antiguo Territorio Federal de Misiones, - el encargado de que Posadas sea la Capital de la Provincia - fue sucedido por varios masones, como Benjamín Moritán y Gregorio López; otros civiles como Juan Palestra, Juan José Lanusse, entre otros, según figura en el blog de la Institución. El dato clave es que Juan Fernández Olmo, primer juez de paz de Candelaria, fue el agrimensor que delineó los primeros planos de Posadas y el primer venerable (presidente) de la Logia Roque Pérez.

A él lo sucedieron Francisco Goicochea, Aurelio Villalonga y Joaquín Aramburu, cofundadores de ella, al igual que Vicente Alves, Alfonso y Antonio de Arrechea, Víctor García, Carlos Neuemburh, Pedro Rebollo, Cándido Romero, Felipe Tamareu, Augusto Vasconcellos, Gabriel Villegas, Ángel Acuña, Alfonso de Arrechea (h) y otros miembros de esa familia, Lázaro Gibaja, Jacinto Pañacin, Sebastián Goler, Eugenio Ramírez, Juan Felicio Ratti, Cataldi Biondi, entre tantos otros. Tanto el general Roca como Palestra, unos años más tarde serían elegidos para ocupar el cargo de Gran Maestre de la Masonería Argentina. En Iguazú, estaba Carlos Bosetti, viejo baqueano de la región e incansable guía de los que deseaban conocer las Cataratas o llegar al seno de la selva para estudios e investigaciones. Leandro Fidel de Arrechea instaló el primer refugio para los turistas, que administrarían Sandalio Rodríguez y Jesús Val, siendo Olar Hansen quien se ocupó de abrir el camino hasta los saltos.

El aporte de la Logia Roque Pérez a la conformación de la sociedad misionera se resume en que una gran cantidad de sus miembros fueron los fundadores de las instituciones que existen hasta hoy.
En ese marco se pueden distinguir las acciones del gobernador de Posadas en 1798, Alejo Peyret, cuando la ciudad contaba con apenas 800 habitantes, quien además de ser uno de los promotores de la colonización de las tierras se preocupó por promover la difusión del mutualismo y la cultura. Para ello comprometió a los integrantes de la Logia a fin de constituir una Sociedad de Socorros Mutuos y una biblioteca.

A la llegada del Regimiento Tres de Infantería de Línea, la oficialidad formó parte de la Logia, entre ellos el médico cirujano doctor Cristóbal Cajal, incorporado a ella en 1883. Cajal expuso ante sus cofrades el problema de la falta de asistencia a la población menesterosa, creándose para tal situación un consultorio médico gratuito que dicho facultativo se ocupó de organizar y dirigir.

Para atender a los enfermos, se movilizaron las esposas e hijas de los masones, surgiendo así en 1884 la Sociedad de Beneficencia, bajo la tutela de Fidelina Rodríguez de Goicoechea, entidad que fue ampliando su acción tendiendo mano generosa a todo necesitado. Aquel consultorio fue el germen de donde surgió el hospital, a cuyo frente se distinguieron el eminente médico-filántropo doctor Ramón Madariaga, cuyo nombre lleva hoy el moderno Hospital Escuela de la capital misionera, y su colega el doctor Armando López Torres, quien además de Intendente Municipal fue el incansable promotor de la Comisión de Festejos Patrios, otra iniciativa surgida en el seno de la Logia por considerarla fundamental para un ambiente tan heterogéneo como era la población de entonces.

Cuando en 1926 un ciclón virtualmente arrasó parte de la ciudad de Encarnación,Paraguay, la Logia abrió su local para atender a los desamparados y alojarlos, extendiendo su ayuda a la orilla opuesta.Aparte de la creación de entidades benéficas o mutualistas y de una biblioteca, se empeñaron en donar a la ciudad con otras instituciones de servicio como el Cuerpo de Bomberos Voluntarios y e Tiro Federal; así como las de carácter social, deportivo, empresarial, etc.Es que desde el momento de su fundación la Logia se constituyó en una especie de crisol donde convergían hombres de distintas nacionalidades y profesiones, pero coincidentes en un común quehacer. Dejaban de lado estériles personalismos y enfrentamientos partidistas, y, en medio de un ambiento neutro en lo político y religioso, con mutuo respeto se empeñaban en el propio autoperfeccionamiento y luego, por el intercambio de conocimiento e ideas, procuraban ser más útiles a la comunidad. Algunas de las iniciativas, por depender sólo de ellos, pudieron concretarse rápidamente, otras en cambio, por depender de los poderes públicos, tardaron décadas.

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