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MI CEREMONIA DE INICIACIÒN

Por BRUNO, A.·.
R.·. L.·. Constante Alona VV.·. de Alicante

Habiéndoseme encomendado trazar esta plancha con el fin de reflexionar sobre la Ceremonia de Iniciación que en pasada Gran Tenida tuvo lugar en esta R.·. L.·. Constante Alona, y a raíz de la cual abandoné el mundo profano en el que me hallaba, para pasar a formar parte de esta V.·. O.·. en el grado de aprendiz, es para mí un honor llevar a cabo dicho trazado, y no menor es mi deseo de alcanzar con éste buen término. Que mis palabras sirvan, aún a buen seguro de su torpeza, para expresar mis sentimientos más profundos sobre esta hermosa experiencia vivida.

Antes de llamar a las puertas del Templo, debo decir que albergaba ciertas inquietudes, traídas más por prejuicios alimentados por rumores, que por una serena reflexión hacia el verdadero sentido y finalidad de la F.·. M.·. Así, hicieron en mella en mí historias de intolerancia en materia religiosa, política o económica, entre otras, actitudes sectarias y dogmáticas que a diario he conocido en el mundo profano, y que desde éste entiendo que tratan de proyectarse hacia la O.·. , en una afán de hacer nacer el recelo e incluso el temor hacia los trabajos que ahí se realizan. Más ahondaba mi pesar escuchar estos términos en boca de gentes para las que sus juicios me merecían el respeto.

Pero esta desazón no hizo mella en mi anhelo decidido e inamovible de conocer más sobre ella, de indagar, hasta donde este conocimiento fuera posible de obtener, sus principios y su historia, y así averiguar desde la mayor objetividad posible el verdadero sentido de la F.·. M.·. Y aquí efectivamente tuvo lugar un importante descubrimiento que me acercó de forma definitiva a ésta: el camino que conduce hacia la decisión de la solicitud de admisión en una L.·. parte de uno mismo, en el ejercicio sublime de su libertad y en la soledad que esto comporta.

Porque la soledad con la que uno acude a su Ceremonia de Iniciación, tan sólo es comparable con la soledad con la que todo ser humano se enfrenta a su existencia en este mundo, y a la máxima expresión de éste, su encuentro con la Muerte. Así, resulta admirable en el ritual de Iniciación con qué claridad se experimenta este primer paso, como Muerte simbólica y renacer en una nueva vida que ya nunca podrá ser igual a nuestro existir pasado en un mundo profano. V.·. I.·. T.·. R.·. I.·. O.·. L.·. , Visita el Centro de la Tierra, Rectificando Descubrirás la Piedra Oculta. Este principio de la Alquimia, del que la F.·. M.·. es recipiendaria y celosa cultivadora define, a mi modo de ver, con gran claridad ese tránsito al que los candidatos, en plena libertad, accedemos a someternos con la esperanza de ser dignos de formar parte de esa gran Obra que esta V.·. O.·. se ha encomendado.

Hay algo que me fascina en la Iniciación de un Francmasón. La O.·. ha establecido como uno de los grandes principios de ésta el que sus Misterios no transciendan más allá de las Columnas del Templo. Así, el instante en el que decidimos pertenecer a esta V.·. O.·. desde nuestro conocimiento profano de la misma, debe ser necesariamente un instante transcendental, consustancial con nuestra primera toma de conciencia de existencia en este mundo. Si esto último sería el gran momento inefable psicológico del ser humano, su Iniciación en la F.·. M.·. sería a su vez el instante de inefabilidad en el orden espiritual, y por ende único, de la especie humana. Y con esto me atrevería a decir que la iniciación francmasónica contiene en sí misma el hecho único e indiferenciado de la superación de la contradicción que bloquea nuestra vidas. Su esoterismo puede ser fruto de la contingencia, pero encierra en sí una Verdad Universal, a la que accedemos a través de sus Principios, que alientan todos y cada uno de sus símbolos y ritos.

No puedo ver esta Institución como un club de caballeros que en sus ratos de ocio se dedican a juegos de salón, ya que ejercer el A.·. R.·. es ahondar en el conocimiento y en nuestra mejora moral. Quizás por esto sea necesario su estado de sociedad iniciática y esotérica, que sea necesario un Secreto Masónico, que le dé su verdadera fuerza espiritual, que aleje de sí a desaprensivos que crean encontrar en ella alimento a sus pasiones materiales.

Ahora bien, si es en la Ceremonia de Iniciación donde se hallan contenidos simbólicamente, todos los elementos que describen el tránsito por el que debemos discurrir en nuestro afán de mejora y de perfección, también creo que ella nos debe valer como guía que nos anime a emular éstos, en nuestra vida interior, a través de la constancia en su estudio, y así, vayan tomando forma en nuestra naturaleza particular. Desbastar la piedra bruta, para ir lentamente avanzando en su transformación. El camino ha sido abierto, los tres viajes simbólicos nos han mostrado las infinitas contradicciones en las que nos hallamos rodeados, y es ahora cuando nosotros, impulsados por ese Ideal, debemos superar las mismas en una acción lenta y constante. Y es que todo ser humano es distinto a sus semejantes, pero a su vez todos compartimos una misma naturaleza.

Debo deciros, QQ.·. HH.·. que no siento especial impaciencia por el avance en los grados simbólicos, ya que aprendiz he sido investido, y me he propuesto proseguir como constante aprendiz de los misterios de esta O.·. a lo largo de mi existencia. No os extrañe si el silencio preside mi presencia en la próximas tenidas, pues es tal el respeto que siento ante los ritos que en ella se desarrollan, que antes prefiero trabar un conocimiento íntimo y vivido de los mismos. Sé que éstos fueron establecidos allende de los tiempos, y tan sólo un estudio sereno y aplicado me permitirá acometer con propiedad los trabajos. En concordancia con mi edad simbólica de tres años, abro los ojos de par en par y observo con asombro y admiración lo que ante ellos discurre. Tan sólo puedo balbucear algunas palabras, y entre éstas, una ahí que aunque aún no puedo pronunciar de forma completa, siento que en ella se encierran grandes verdades que tal vez algún día me serán reveladas.

Y es que todo Misterio está en nosotros mismos, y todo puede ser asumido como obra del G.·. A.·. D.·. U.·. Así, la máxima socrática es la vía perfecta, a mi modo de ver, para recibir las enseñanzas de la F.·. M.·. Todo esto me parece un saber antiguo, conocido y asumido por sabios de todos los tiempos y países. Sin embargo, este saber siempre ha hallado obstáculos, y hoy en día nuestra época tiene como divisa el desprecio a estos Principios por considerarlos caducos y opuestos a un Progreso mal entendido que impone como único y verdadero. Sabed QQ.·. HH.·. que he sido hombre de Ciencias Profanas, y conozco muy bien el velo de infamia que se oculta tras la adoración desmedida a la Tecnología, porque qué diferente es el espíritu que la alienta, de la rica alegoría hacia el trabajo humano sustentado en principios morales, que nuestra O.·. ha tomado como objeto de estudio y emulación a todos los niveles de perfección del ser humano y por ende, de su mundo que construye con sus propias manos. Estas manos no pueden obrar de un modo recto, si no han asumido la virtud como enseña de sus actos.

Hay, por tanto, una Gran Obra por construir, y sólo algunas piedras han sido colocadas en el edificio de la Perfección. A ésta quiero contribuir entusiásticamente, desde mi nimiedad, y por eso soy feliz de poder compartir con mis QQ.·. HH.·. estas impresiones, sin fanatismos y desde lo que mi conciencia me dicta, y sé que más van a ser los puntos de encuentro que las discrepancias, y cuando éstas las hubieran, la Fraternidad que nos une las sublimará hacia formas más perfectas y mejoradas. La Libertad con la que he obrado al ser iniciado, la Igualdad que he hallado con mis HH.·. y la Fraternidad ante todo, harán el resto.

Gentileza del R.·.H.·. CARLOS FLOR. 1r Vig.·. de la ARL KYBALION 777 Nº 166

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