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EPISTÉME Y DOXA



EPISTÉME Y DOXA
*por Prof. Lic. Stella Maris Skarp
*masoneriafemeniargentina@gmail.com

"LA OPNION DE HOY, LOS HECHOS DE AYER"



CONOCIMIENTO:


ISABEL DE GUEVARA fue una de las once mujeres que viajó con el Adelantado Don Pedro de Mendoza cuando se realizó la primera fundación de Buenos Aires.
En el año 1556, veinte años después de haber llegado a tierras americanas, Isabel de Guevara le escribe una carta a la Reina de España, donde le cuenta muchos de los pormenores y penurias sucedidas.
Dice la protagonista: “Todo está lleno de pícaros que no tienen vergüenza, ni temor de Dios, y el gobernador es el pillo principal”. Para agregar después: “Lo que me hierve la sangre es la injusticia”
Es también una crónica de las espantosas penurias por las que atravesaron los conquistadores en los primeros tiempos, quienes cuenta Isabel -sitiados por los aborígenes- pasaron un hambre tan extremo que hasta comieron carne humana (no es el único testimonio que nos ilustra acerca de estos acontecimientos: escribía Francisco de Villalta, abundando aún más en detalles: “aquellos con quienes se hizo justicia fueron comidos de la cintura para abajo”
De ahí el indignado reclamo de Isabel de Guevara ante sus pares españoles, por su derecho a participar en el repartimiento de indios.
*(Crónica Documental que se encuentra en el Museo Histórico de Madrid)


OPINIÓN

Asi, como Isabel de Guevara, nos dejaba las vivencias de una mujer “Conquistadora del Nuevo Mundo“, en el Siglo XVIII el sacerdote, Padre Gumilla cronista de la época, nos ha dejado, fuentes historicas que nos relatan “realidades“, las cuales no se encontraban influencias de ideologías cronológicamente posteriores, que le darían una interpretación conveniente, a los fines que las mismas persiguen.

Cuenta el Padre Gumilla: que al reprochar a una india aun no evangelizada, que hubiera dado muerte a su hijita recién nacida, ésta le contestó:

“¿Sabes los trabajos que tolera una pobre india entre estos indios?”

Ellos van con nosotras a la labranza, con su arco y sus flechas en la mano, y no más: nosotras vamos con un canasto de trastos a la espalda, un niño al pecho y otro sobre el canasto. Ellos se van a flechar un pájaro o un pez y nosotras cavamos, reventamos en la sementera.
Ellos a la tarde vuelven a casa sin carga alguna y nosotras, fuera de la carga de nuestros hijos, llevamos las raíces para comer y el maíz para hacer su bebida. Ellos, en llegando a casa, se van a parlar con sus amigos y nosotras a buscar leña, traer agua y hacerles la cena. En cenando ellos se echan a dormir, mas nosotras estamos parte de la noche moliendo maíz para hacerles su chicha. ¿Y en que para nuestro desvelo? Beben la chicha, se emborrachan y, ya sin juicio, nos maltratan. Pero nuestra mayor pena no la puedes saber porque no la puedes padecer ¿Sabes, padre, la muerte que es ver que la pobre india sirve al marido como esclava en el campo sudando y en casa sin dormir, y al cabo de veinte años toma otra mujer, muchacha sin juicio? A ella quiere; y aunque la veamos pegar y castigar a nuestros hijos, no podemos hablar, porque él ya no nos hace caso: la muchacha nos ha de mandar y tratar como sus criadas...¿Cómo se sufre todo esto? No puede la india hacer mayor bien a la hija que pare, que librarla de estos trabajos, sacarla de esta esclavitud, peor que la muerte.”
Ambos relatos, son la realidad de “dos mujeres” de culturas diferentes, pero con un denominador común.
La condición de la mujer parece extra temporal y extra espacial. “cualquier semejanza con muchas “realidades actuales”, no es mera coincidencia.

Fraternalmente.




Stella





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