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Pitonisas y augurios


gachi buffon

Pitonisas y augurios


Atentos a las pitonisas, mujeres que tenían el poder de transmitir  la voz de Apolo, los visitantes solían confiar ciegamente en los consejos divinos llegados del más allá: Tal era el poder de sugestión de estos vaticinios que nadie, ni reyes, ni militares, ni simples comerciantes o campesinos, se atrevían a iniciar una conquista, afrontar una guerra o tomar una decisión importante, sin consultar al famoso Oráculo de Delfos. Para todos ellos, hacer oídos sordos a los augurios podía significar la peor pesadilla.
Pitonisas y augurios
Sin dudas, el eje principal de los oráculos lo constituían las pitonisas, mujeres que intermediaban entre Apolo y los hombres a la hora de los augurios. De acuerdo con algunos historiadores, las primeras pitonisas fueron jóvenes y bellas vírgenes, pero luego fueron cambiadas por ancianas en un intento por menguar las pasiones lujuriosas de algunos peregrinos, que muchas veces se traducían en violaciones.
Los oráculos se llevaban a cabo el día 7 de cada mes, considerado como la fecha de nacimiento de Apolo. Ese día las pitonisas, que llegaron a ser tres en las épocas de esplendor del santuario, se purificaban mediante un baño ritual, vestían túnicas sagradas y se sentaban sobre un trípode de oro que colgaba sobre una grieta abierta en la tierra de la que emanaban vapores tóxicos. Al respirar estos vapores, seguramente de tipo alucinógenos, ellas entraban en trance y comenzaban a emitir sonidos incomprensibles que los sacerdotes, conocidos como prophetes o profetas, interpretaban como las respuestas de Apolo a las consultas de los peregrinos.
Los peregrinos llegaban al santuario luego de subir las faldas del monte Parnaso por la Vía Sacra. En el ascenso, se purificaban en el agua fría de la fuente de Castalia y salpicaban con ella a una cabra. Si el animal temblaba con todo el cuerpo, el peregrino debía sacrificarlo y estaba autorizado a hacer su pregunta a la pitonisa, quien recibía la consulta escrita en una tablilla de plomo. Las respuestas se entregaban también por escrito, generalmente como un texto corto en verso, aunque, con el tiempo, las predicciones se hicieron únicamente en prosa.
Las respuestas de las pitonisas no eran verdaderas predicciones, sino advertencias o consejos que, por lo general, resultaban tan crípticas y enigmáticas que necesitaban siempre de interpretaciones que terminaban navegando entre ambigüedades. Esta amplitud interpretativa fue la que ayudó al oráculo a ser considerado confiable durante varios siglos, ya que cuando un augurio resultaba erróneo se entendía que no era el oráculo el que había fallado, sino la interpretación de la respuesta.
Ejemplos de casos legendarios de imprecisos aciertos son los del espartano Phalantos y el emperador romano Nerón. El primero consultó al oráculo por una expedición colonizadora que pretendía iniciar sobre Italia, y la respuesta fue que tendría éxito el día que sintiera caer la lluvia de un cielo claro, algo que el espartano interpretó acertadamente como las lágrimas de su mujer Athira, cuyo nombre quería decir cielo claro, derramado sobre su cuello. El segundo preguntó sobre su futuro imperial y la pitonisa le advirtió que tuviera cuidado del año 73, que finalmente terminó siendo la edad de Servio Sulpicio Galba, su sucesor en el trono de Roma.
Mitos y Leyendas

La Sibila (La primera pitonisa le da nombre a otras mujeres profetas)
La mitología griega cuenta que la primera pitonisa del Oráculo de Delfos se llamó Sibila. A partir de ella, ese nombre se utilizó para denominar en forma genérica a las mujeres dotadas con el don de la profecía. En la antigua Grecia existieron varias sibilas legendarias, de las cuales la más famosa fue Serófila, hija de una ninfa y un mortal llamado Teodoro, que predijo la guerra de Troya y señaló a Elena como la responsable de la misma.

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