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Otros misterios de San Martín

Por Rolando Hanglin
Para LA NACION

El 17 de agosto se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de San Martín. Por ese motivo se escribieron artículos, se publicaron artículos y se pronunciaron discursos. Una cosa trae la otra, y yo como admirador de "Pepe" (así lo llamaban) me propuse investigar un poco más sobre esta personalidad, a la que encuentro rodeada de enigmas. En este caso, "investigar" significa que uno desempolva viejos libros que ya tiene en su biblioteca y los examina de cerca. Algunas de esas obras fueron publicadas hace más de un siglo. Lo más nuevo que conozco es lo aportado por Rodolfo Terragno acerca del plan del general Thomas Maitland para conquistar Lima, previa invasión de Argentina y Chile, con una expedición marítima por el Pacífico. Pero sé que se publicará en estos días algo sobre la vida de San Martín en el exilio. Más bien retiro voluntario que exilio. Aunque lo importante es que, sobre esos años larguísimos en Londres, Bruselas, Paris y Boulogne-sur-mer, sabemos poco y nada. En realidad, los argentinos comunes y corrientes sólo sabemos que San Martín cruzó los Andes, que combatió a los españoles y que fue un Santo con espada, nacido en Yapeyú. Con estos artículos sobre el máximo prócer argentino que se van sucediendo (¿pesadamente?) sólo pretendo despertar la curiosidad del lector. Temo que, en la inminente era del libro digital, esa curiosidad quede definitivamente aniquilada.


Veamos, por ejemplo, lo que publicó el diario más importante del mundo, el Times de Londres, en su edición del 13 de enero de 1859, con motivo de las flamantes memorias de Lord Cochrane: "El bravo almirante demuestra que José de San Martín, su compañero de armas, era un monstruo extraordinario. Llamarlo mentiroso es poco. Con notable seriedad, decía disparates de un absurdo palpable. Era, al mismo tiempo, cobarde y fanfarrón, y totalmente incompetente, aunque siempre salió bien parado, traicionando a todos en su propio interés".

Palabras de San Martín sobre Lord Cochrane, su gran socio en la conquista del Perú desde Chile: "Depredador comparable a los piratas, traficante con la fuerza marítima de su mando, criminal deshonrado por sus propios actos".

Se deduce que, a pesar de lo que sospechan algunos, San Martín no fue un agente inglés. Y si lo fue, tuvo una ruptura explosiva con Lord Cochrane, sus amigos ingleses William Miller, Charles Stuart y James Macduff, conde de Fife

Tal vez el indudable apoyo financiero y militar de Gran Bretaña es un tema aparte: San Martín cruzó insultos y hasta puñetazos con Cochrane, y en esta complicada trama lo apoyaban Bernardo O´Higgins, Tomás Guido y otros valiosos aliados que fueron sus hermanos en la vida. Pero hasta el propio Guido se quedó perplejo y dolido cuando San Martín decide abandonar su gesta militar después de la entrevista con Simón Bolívar en Guayaquil. Ya había adelantado en su carta abierta a los ciudadanos de Buenos Aires, antes de la expedición al Perú, que estaba cansado de las calumnias y rumores, y que los encontraba desagradecidos, para decirlo suavemente. Está publicado.

De la enemistad Cochrane-San Martín debemos deducir también que ninguno de los dos era un santo, y que el almirante era más suelto de lengua que San Martín, un militar sobrio y contenido, adicto al secreto. Aunque en otro contexto dicen que tocaba la guitarra, cantaba por sevillanas, bailaba de modo soberbio y contaba sus aventuras por el mundo (Africa, Cataluña, Francia) con el salero de un andaluz que ha vivido.

Esto opinaba Cochrane de su propia Inglaterra en 1818: "Nación degradada, gobernada por un parlamento de bribones, cuyos primeros estadistas son una plaga de insectos dañinos, dignos de prisión perpetua como los más grandes tiranos de la tierra".

Estas palabras no proceden de ninguna fuente misteriosa sino de la Historia de San Martín, firmada por Bartolomé Mitre. En la edición de 1890, dividida en cuatro tomos, los contenidos corresponden al Tomo 3, página 153. El pobre Mitre realizó una búsqueda prodigiosa y lo averiguó casi todo. A veces se topó con un muro edificado por el propio San Martín, que estableció en su círculo íntimo algunos temas prohibidos: "De todo esto no debe hablarse, ni siquiera cuando yo haya muerto".

En el Tomo 4 de la misma obra se incluye una copiosa correspondencia entre Guillermo O´Higgins y San Martín, donde se hace continua referencia a "los amigos", cuyas reuniones y decisiones son aludidas pero nunca detalladas, y por lo general se acompaña estas referencias con la sigla 0-0. Este cero-guión-cero corresponde a la denominación de "la cadena de los amigos o hermanos", un nombre oculto de la masonería. En las tenidas masónicas suele cerrarse cada encuentro con una invocación a la solidaria cadena de compañeros que, acompañando las palabras del venerable maestre, se toman las manos formando un círculo.

En cuanto a la condición de masón de nuestro Libertador, ha dicho el Pro-Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina, don Norberto Breglia: "¡Claro que San Martín era masón! De lo contrario no hubiera logrado cumplir su misión de emancipar a nuestro país. Pero la Logia Lautaro no pertenecía a la masonería de cuño inglés (eminentemente protestante) sino a la de orientación francesa y católica. Por otra parte, San Martín perteneció a logias operativas, es decir con objetivos políticos y un plan concreto a cumplir. Otra cosa son las logias especulativas, que están inscriptas en el Gran Oriente de Inglaterra, Escocia o Irlanda, y también muchos otros, con una finalidad filantrópica y filosófica. Las logias operativas no se inscriben, por eso en Inglaterra pueden afirmar que nada saben sobre la Logia Lautaro. En la actualidad, la masonería ya no es una sociedad secreta sino una sociedad discreta, sencillamente porque vivimos en democracia". Son declaraciones formuladas a Radio 10 de Buenos Aires por el venerable Dr. Breglia, en diálogo con quien esto escribe. Nos quedó una pregunta en el tintero: ¿La Logia P-2, o sea Propaganda Due, encabezada por el Venerable Licio Gelli integrada por algunos conocidos dirigentes y militares argentinos, y hasta funcionarios del Vaticano, debe ser considerada una logia operativa, paramasónica o simplemente. degenerada?

La carrera de San Martín en la fraternidad es la siguiente: fue iniciado masón en la "Logia Integridad" de Cádiz, dependiente de la "Logia Caballeros Racionales" No. 3 de esta ciudad. Allí recibió el tercer grado de la masonería simbólica, o sea el de Maestro Masón, el 6 de mayo de 1808. Participò luego, junto con Carlos de Alvear, de la "Logia Caballeros Racionales" No. 7 de Londres. Ambas organizaciones respondían a la inspiración liberal española, y francesa iluminista. Cuando el Libertador fue designado general en jefe del Ejército de los Andes por decreto del 1 de agosto de 1816, "fundó de inmediato la Logia Ejército de los Andes, y asumió el cargo de Venerable Maestro". Hasta aquí citamos "Asambleas Constituyentes Argentinas 1813-1898", Buenos Aires, 1939. Es sabido que, en su madurez, radicado en Bruselas, San Martín perteneció a la Logia "La Parfaite Amitié". Esta identidad masónica fue uno de los pocos datos permanentes de su vida.

Sobre la nacionalidad de nuestro hombre (¿Español o argentino?) tomaremos los apuntes principales de una entrevista del periodista Eduardo Aldiser para la Revista Raíz Argentina en España, el miércoles 8 de julio de 2009, en diálogo con el experimentado escritor argentino Armando Puente, autor de "Los hermanos de San Martín" y otros ensayos sobre la época de la Independencia.

LA FAMILIA SAN MARTIN

El Capitán Juan de San Martín y su esposa, Gregoria Matorras, ambos oriundos de la provincia castellana de Palencia, tuvieron cinco hijos, todos ellos nacidos en las antiguas misiones jesuíticas, donde don Juan fue teniente gobernador de cuatro pueblos con siete mil indios, defendiendo la frontera de las incursiones de los bandeirantes portugueses.

Estos fueron sus hijos: Maria Elena, la mayor y también la única mujer. Nació en Calera de Vacas (Banda Oriental del Uruguay) lo mismo que los dos primeros varones, Manuel Tadeo (1772) y Juan Fermín (1774). Los dos menores nacieron en Yapeyú: Justo Rufino (1776) y José Francisco (1778). Volvieron a España, a bordo de la Santa Balbina, en marzo de 1784, es decir que Maria Elena tenía entonces doce años y José Francisco, seis. Los cuatro hijos varones fueron militares y Maria Elena se casó también con un oficial, de apellido González de Menchaca, nacido en Barcelona.

Manuel Tadeo de San Martín ingresó al regimiento de infantería Soria, lo mismo que Juan Fermín, y José Francisco al regimiento de infantería Murcia. Estos muchachos entraron en el Ejercito español con unas edades entre los 13 y los 15 años, aunque para el ingreso de José Francisco a la fuerza tenemos consignada, en otras crónicas, la edad de. once años. Combatieron, siendo muy jóvenes, en la Guerra del Rosellón, contra la Francia Revolucionaria. Rosellón es la región del sur de Francia lindante con la Cataluña española.

Posteriormente, Juan Fermín embarcó en la Real Armada, en enero de 1797, y participó en la batalla de San Vicente contra la flota inglesa. Luego, con la escuadra española coaligada a la francesa, permaneció en Brest hasta 1801.

Juan Fermín. de regreso a España, fue destinado a Filipinas, donde llegó a ser comandante de Húsares del regimiento Luzón y, brevemente, fue gobernador de Mindanao. Se casó en Manila, donde murió. Fue el único de los hermanos San Martín que tuvo descendencia masculina. El último de los San Martín murió en Filipinas, en 1945.

José Francisco embarcó en la fragata Santa Dorotea, en junio de 1797, y participó en acciones navales hasta julio del año siguiente. Tras enfrentarse con el navío inglés Lion, fue hecho prisionero. Se reincorporó al regimiento Murcia dos años después. Ignoramos dónde transcurrió el cautiverio de José Francisco, pero a los 19 años ya era prisionero de guerra. Entendemos que, para estos soldados de profesión, la derrota significaba una especie de penitencia; bajo juramento de honor, el vencido se comprometía a no empuñar las armas contra la nación que lo había rendido. En este sentido, había "códigos" caballerescos, que se cumplían.

Manuel Tadeo -al que su hermano José consideraba el hermano con más virtudes militares - fue condenado, en 1801, a ocho años de prisión. Reintegrado al Ejército en 1806, participó en la heroica jornada del 2 de mayo de 1808, en Madrid y en la defensa de Valencia.

Fue prisionero de los franceses durante tres años. Murió soltero en Valencia, en 1851.Ya habían fallecido todos sus hermanos varones.

Justo Rufino de San Martín ingresó en 1794 en la Guardia de Corps. Cada uno de sus tres hermanos militares había intervenido ya en unas treinta acciones armadas. Participó en el golpe de Estado de Aranjuez, cuando el rey Carlos IV fue depuesto por su hijo Fernando.

Acompañó al rey Fernando VII hasta la frontera francesa, y luego de una serie de incidencias heroicas fue capturado por los franceses después de la capitulación. Cuando lo llevaban a Francia, escapó, sumándose al cuerpo de comandos del general ingles Charles William Doyle. Combatió bajo bandera británica en Cataluña y Valencia , pasando luego a Cádiz (sitiado por los franceses) siempre a las ordenes directas de Doyle.

Se retiró en 1821, cuando Fernando VII le negó su ascenso. Para entonces se había producido la revolución liberal . Justo Rufino ingresó al cuerpo de Caballería de la Milicia de Madrid, con el grado de Teniente Coronel y adjunto del marqués de Pontejos. Un año después, al radicalizarse la revolución liberal, Pontejos, Justo de San Martín y otros liberales moderados decidieron exiliarse en Paris.

San Martín fue, entonces, el único de los hermanos que regreso a América. Llegó al puerto de Buenos Aires en 1812, cuando tenía 34 años, después de haber vivido 26 años en España. Durante los catorce años que vivió en América (1812-1824, liberando a Argentina, Chile y Perú ) mantuvo contacto con sus hermanos Manuel Tadeo ( al que invitó a integrar las filas revolucionarias ) y Justo Rufino, que lo esperaba al llegar a Europa, en 1824.

Después - entre 1824 y 1832 - Justo Rufino pasó largas temporadas junto a su hermano José en la ciudad de Bruselas (que entonces formaba parte del reino de los Países Bajos, hoy Holanda) y en París. José de San Martín se escribió con sus hermanos Maria Elena y Manuel Tadeo, y le hizo un significativo legado en su testamento a su hermana y a su sobrina. Probablemente, José de San Martín no supo que su hermano Juan Fermín, muerto en Manila (Filipinas) en 1822, había tenido descendientes y creyó siempre que la única descendiente de sus hermanos era la hija de Maria Elena, que murió en Madrid.

La familia San Martín, totalmente militar, estuvo entonces comprometida en todas las turbulencias de la invasión napoleónica a España. Los militares españoles de aquel entonces vivían diseminados por el mundo y seguían -como todos- la carrera de Napoleón Bonaparte. Temido heredero de las ideas liberales modernas, pero al mismo tiempo genial estratega y emperador. Los hermanos, como combatientes y prisioneros, sin duda hablaban inglés y francés, ya que toda Europa era un solo campo de batalla "globalizado". ¿Por qué se nos ha hablado tan poco de estos hermanos en nuestra educación, donde sólo aparece San Martín como una especie de cruzado solitario contra la España monárquica?

Dicen que el yerno de San Martín, Mariano Balcarce, (casado con Merceditas, la única hija del Libertador) destruyó parte de la correspondencia privada de su suegro y solo entregó a Mitre la documentación que se refiere a cuestiones políticas. De ahí que no conozcamos todas las cartas que San Martín pudo intercambiar con sus compañeros de armas de los 26 años que vivió en España, ni tampoco las que envió a sus hermanos. Balcarce, su yerno, vivió en Francia, como diplomático de los sucesivos gobiernos argentinos, durante más de 40 años. En carta a Bartolomé Mitre, que estaba reuniendo información para su "Historia de San Martín", escribió Mariano Balcarce: "Siguiendo fielmente las ideas de mi padre político, que no quiso en vida que se hablase de sus vinculaciones con la masonería y demás sociedades secretas, debo abstenerme de hacer uso de documentos que poseo al respecto". Y en esta decisión, reseñada por Emilio Corbiere en su libro "La Masonería", tal vez se incluyó alguna correspondencia con la familia San Martín. Cabe preguntarse: ¿Aquellos papeles fueron quemados, archivados, destruidos.?

Don Armando Puente encontró, en archivos franceses, medio centenar de documentos relacionados con Justo y José de San Martín. De esta forma se puede reconstruir aspectos de la vida de ambos, totalmente desconocidos. El escritor argentino menciona papeles encontrados en archivos madrileños, que han permitido reconstruir la vida de Maria Elena San Martín con su esposo González de Menchaca, en La Mancha , Galicia y Madrid , y luego, ya viuda, en Madrid, durante un cuarto de siglo, con su hija. Vivió durante años en Calle del Príncipe, 13. La casa todavía existe, con la fachada intacta.

Cada día, María Elena San Martín asistía a misa en la parroquia de San Sebastián, en la calle Atocha, donde además fue sepultada en lo que entonces eran los fondos de la iglesia, donde hay un pequeño cementerio.

Otro asunto: algunos sostienen que San Martín no nació en Yapeyú, pues no hay nada que lo demuestre. Otros investigadores aducen que lo mas lógico y seguro es que hubiera nacido en la Calera de las Vacas, Uruguay. Allí se han encontrado todas las partidas de bautismo de sus hermanos, menos una hoja que falta, justamente donde tendria que estar José de San Martin. Pero si San Martín hubiera nacido en Uruguay, la pertenencia al Río de la Plata habría sido la misma, ya que las dos naciones no estaban separadas, en aquel tiempo. De cualquier modo, este detalle podría agregar un enigma más a la figura del general. Pero la principal pregunta queda en pie: ¿Qué sentirían los parientes de San Martín, todos militares españoles de larga y valerosa carrera, al ver a "Pepe" enfrentado tan duramente a su patria? ¿Y sus vecinos de Palencia, y sus compañeros de armas? ¿O debemos entender que la España monárquica prevaleció en Europa, mientras la España liberal triunfaba aquí en América, estableciendo dos patrias diferentes, sin mayores explicaciones?

EL PADRE DEL PADRE DE LA PATRIA

Juan de San Martín y Gómez nació en Cervatos de la Cueza, Palencia, España, el 8 de febrero de 1728 y murió en Málaga, el 4 de diciembre de 1796. Este militar español, que hizo carrera en la región del Río de la Plata, es recordado como padre del general José de San Martín, prócer nacional de la Argentina, el Perú y el Chile. Pero su historia personal es dramática.

Sus padres, Andrés de San Martín y de la Riguera e Isidora Gómez, formaban una familia hidalga de clase media, cuya casa se conserva en el número 27 de la calle Las Solanas de Cervatos de la Cueza como Casa-museo del General San Martín, destacando la sala de honor, donde se guardan recuerdos y testimonios de la amistad con la República Argentina.

Ingresó al ejército español a los 18 años. como soldado en el Regimiento de Lisboa, con el cual intervino en cuatro campañas militares en el norte de África, permaneciendo en Melilla durante 17 años. Allí fue cabo, sargento (desde el 31 de octubre de 1755) y luego sargento primero. Se conserva su primera hoja de servicios, donde se lee que era un hombre de estatura baja, cabello castaño claro y ojos garzos (...). Por sus méritos en África, el 20 de noviembre de 1764 se le concedió un grado de oficial (teniente), algo poco frecuente para quien no perteneciera a una familia noble.

Siendo gobernador del Río de la Plata Pedro de Ceballos, Juan de San Martín fue destinado a Buenos Aires en 1762. Lo designaron instructor del Batallón de Milicias de Voluntarios Españoles. Participó en el bloqueo de Colonia del Sacramento, en 1765.

Al ser expulsados los jesuitas, en 1767, el capitán fue nombrado administrador de una gran estancia que aquellos poseían en la Banda Oriental, la estancia de la Calera de Las Vacas o de Las Huérfanas.

En 1770 fue enviado a participar en el sitio de Colonia del Sacramento, de nuevo en poder de los portugueses. Durante un viaje a Buenos Aires, como administrador de Las Vacas, conoció a Gregoria Matorras del Ser, joven sobrina del nuevo gobernador de Tucumán, Jerónimo Luis de Matorras recién llegado al país. Había dado su palabra de casamiento y se casó por poder el 1 de octubre de 1770, reuniéndose con su esposa el 12 de octubre. El enlace se realizó en el palacio episcopal, oficiando el obispo Manuel Antonio de la Torre.

En la estancia de Las Vacas nacieron sus tres primeros hijos: María Elena, Manuel Tadeo y Juan Fermín. Allí se destacó como un buen administrador. Permaneció siete años en ese cargo, produciendo una renta bruta de 197.000 pesos plata, muy superior al total logrado por todos los demás pueblos misioneros.

Siendo capitán de infantería y ayudante mayor de la Asamblea de Infantería de Buenos Aires (nombrado por el rey Carlos III) y en base a estos antecedentes, el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo lo nombró teniente gobernador del Departamento de Yapeyú, el 13 de diciembre de 1774,en el Gobierno de las Misiones Guaraníes. Los jesuitas acababan de ser expulsados de todo el Imperio español, y sus territorios fueron encomendados a militares españoles. Yapeyú era el pueblo más meridional de las Misiones: poseía un amplio territorio que llegaba hasta el Río Negro en la Banda Oriental, dedicado a la ganadería, y era el principal centro de contacto misionero con Buenos Aires, mediante el Río Uruguay. Cuando llegó San Martín a Yapeyú, el pueblo se hallaba arruinado por una epidemia de viruela que había reducido su población desde 8.000 a 3.322 personas en tres años. Se inició, inmediatamente después de su llegada, un conflicto con Portugal en las Misiones Orientales, por lo que debió organizar la defensa en el año 1777, trasladándose a San Borja, donde armó un cuerpo de 550 milicianos guaraníes que luego combatieron contra las Invasiones Inglesas. Entre ellos estaba Andrés Guacurary. Este caudillo guaraní permanece en la historia como "Andresito" y fue -también- ahijado de Artigas. El capitán retornó a Yapeyú en diciembre para el nacimiento de su quinto hijo, José Francisco. El cuarto, Justo Rufino, ya había nacido en Yapeyú, en 1776.

El capitán no era políticamente correcto: bajo su gobierno, las misiones continuaron desintegrándose económica y socialmente. Hasta entonces, los indígenas habían sido muy bien tratados, y sus caciques recibían un trato especialmente respetuoso. Para evitar abusos, había quedado prohibida la entrada de españoles a las aldeas guaraníes.

Se intentó, en pocas palabras, mantener algo del espíritu protector de los jesuitas.

Bajo los nuevos administradores, entre ellos San Martín, todo eso cambió: los pueblos recibieron una importante inmigración blanca. Se permitió el comercio particular, que hasta entonces estaba vedado. Esto generótodo tipo de estafas contra los indios inocentes. El capitán castigó duramente a los guaraníes por faltas menores, sin respetar mayormente la clase de los caciques.

En la Banda Occidental del río Uruguay, Juan de San Martín fundó cuatro grandes estancias comunitarias, dedicadas a la cría de ganado: La Merced (hoy Monte Caseros), San Gregorio (cerca del río Mocoretá), Inmaculada Concepción de Mandisoví (antecedente de Federación (Entre Ríos)) y Jesús del Yeruá (al sur de Concordia), a las que dotó con ganado comprado en Entre Ríos. Juan de San Martín hizo enviar a la capilla de la estancia de Mandisoví, desde Yapeyú, una imagen de la Inmaculada Concepción. Esta obra, tallada por los indígenas, preside actualmente la parroquia de Federación, y por decisión de Juan Pablo II es la Patrona de la Diócesis de Concordia.

El 14 de febrero de 1781, lo reemplazó como teniente gobernador Francisco de Ulibarri y luego su amigo y consejero, el aristócrata Diego de Alvear. Fue recordado en Yapeyú como gran impulsor de la economía local. Destinado a Buenos Aires como ayudante mayor de la Asamblea de Infantería, en esa ciudad hizo estudiar las primeras letras a todos sus hijos.

La amistad de don Diego de Alvear con el capitán San Martín dio lugar al rumor sobre José de San Martín. Dice la historia que don Diego de Alvear había tenido relaciones con una guaraní llamada Rosa Guarú. De aquel amorío nació un bebe muy morocho, que sería don José de San Martín. El propio Diego de Alvear habría confiado el niño al capitán. La mayoría de los historiadores estima que esta leyenda carece de fundamento. Suena todo demasiado fantasioso: el enérgico capitán no sentía mucha estima por los indios. Pero es cierto que era bajo y rubio, mientras que este "Pepe" le salió alto y moreno. En fin, en los retratos vemos las facciones hispánicas de un San Martín europeo. Tal vez le hayan querido inventar un nacimiento mágico, como el de Moisés o Jesucristo, para enamorarnos más y mejor de su persona. Pero no hacía falta, porque el chico de pelo negro era al mismo tiempo español y criollo. En su momento, para explicar el contraste físico entre el padre rubio de ojos claros y el hijo morocho, se adujo que José Francisco era el fruto de un amor guaraní del propio Capitán.

Todo es posible en este mundo.

Pero no hay mucho más que esto. además de un comentario indiscreto de la señora Joaquina de Alvear, quien aseguraba que la versión circulaba por su antigua familia. Eso es todo.

Tres años más tarde, San Martín padre pidió su traslado y lo enviaron a un regimiento de Málaga, en España, en diciembre de 1784. Su nuevo destino fue concedido por una Real Orden del 25 de marzo de 1783. atendiendo a los méritos expuestos y a la necesidad que tiene de mayores auxilios, para atender a la educación y crianza de cinco hijos que tiene. El rey, sin embargo, rechazo su ascenso a teniente coronel.

El pobre capitán llegó a Cádiz en abril de 1784, con 1.500 pesos oro, todo su capital ahorrado en 38 años de servicio, con el que apenas pudo adquirir una casa. En España inscribió a todos sus hijos varones en las escuelas de nobles y en los colegios militares. Se consideraba que había entrado a la nobleza por ser gobernador. Sin embargo, debió soportar un duro juicio de residencia por su actuación en las Misiones, del cual no salió muy bien parado: nunca más fue gobernador de nada.

Su quinto hijo resultó ser, entonces, José Francisco de San Martín, el futuro Libertador, nacido en Yapeyú (¿) en febrero de 1778.

Los restos de Juan de San Martín y su esposa descansaron en la Iglesia de Santiago (Málaga) siendo trasladados en 1947 a la Argentina, donde permanecieron en el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires hasta 1998, cuando fueron trasladados al Templete que honra la memoria de su hijo, en Yapeyú.

La casa natal, en Cervatos de la Cueza, es actualmente un museo. La iglesia de la localidad fue construida por el gobierno argentino. En la plaza del pueblo, un monumento representa la figura de don Juan.

Algunos dicen que el capital San Martín y su hijo José estaban resentidos contra el orden monárquico, ya que los estamentos de casta les habían cortado la carrera. No parece que el Libertador haya sido tan ferozmente anti-monárquico: vemos en la "Historia de San Martín" escrita por Mitre ( Tomo 4, apéndice No. 21) un largo pliego de instrucciones dirigido a su enviado confidencial a Europa, don Antonio José Irisarri. El documento fue entregado en mano por su grave contenido: lo hizo don Tomás Guido, amigo personal de San Martín hasta la tumba. En este pliego, que está escrito en clave, San Martín encomienda gestiones secretas ante las casas reales de Orange, Brunswick y Braganza, para que suministren un príncipe, adecuado a un trono a levantarse en Chile, con el propósito de establecer una monarquía constitucional o "moderada". Mitre nos presenta la carta en clave y luego, ya descifrado el texto, sus amplias instrucciones, que incluyen porcentajes ventajosos en las transacciones comerciales para la nación que facilitara el príncipe en cuestión, siempre que el nuevo reino se estableciera claramente separado de Fernando VII.

El intento abortó, pero ha quedado en la historia como proyecto de "monarquización de América Latina", y está bien bautizado.

Sobre la inclinación del Libertador por el secreto, se recuerda un párrafo de sus cartas al general Miller: "No creo conveniente hable usted lo más mínimo de la Logia de Buenos Aires. Estos son asuntos privados, aunque tienen gran influencia sobre la marcha de la revolución" (Bruselas, 29 de abril de 1828).

En otro tiempo, don Manuel Belgrano soñó con una monarquía de linaje incaico para Sudamérica, y le respondieron burlándose de su imposible "rey en ojotas". Otro proyecto de monarquía fue concebido por el amigo de San Martín, don Carlos de Alvear, su padrino de bodas y garante personal en la desconfiada Buenos Aires. Alvear (hijo de aquel don Diego al que algunos presumen padre del Libertador) escribiría estas líneas en 1820: "Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés. Es necesario que se aprovechen los buenos momentos, que vengan tropas que se impongan a los temperamentos rebeldes, y un jefe plenamente autorizado que empiece a dar a nuestro país las formas que fueren del beneplácito del Rey". Así lo consigna don José María Rosa en su "Historia Argentina", aunque para el tiempo en que Alvear fue Director Supremo de las Provincias, ya estaba furiosamente enemistado con San Martín.

También dicen algunos que San Martín fue el primer militar golpista de Sudamérica. Y no es del todo inexacto si nos atenemos a los hechos que relata (por ejemplo) Felipe Pigna, en su libro "Mitos de la Historia Argentina".

Desde 1811, gobernaba en Buenos Aires el Primer Triunvirato, integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. Se asegura que el poder real estaba en manos de Bernardino Rivadavia, "enemigo irreconciliable de la Logia Lautaro", en palabras de San Martín que registra José Pacífico Otero en su "Historia del Libertador don José de San Martín", C.A.E, 1932.

Los manejos de Rivadavia originaron una creciente repulsa de la opinión pública, que culminó el 8 de octubre de 1812. Se produjo una crisis político-militar en la que actuaron San Martín y sus oficiales. Se hicieron presentes en la Plaza de la Victoria (actual plaza de Mayo) con armas y pertrechos, en actitud amenazadora. Los respaldaba una furiosa concurrencia de ciudadanos. Dijo San Martín: "Estamos aquí para proteger la voluntad del pueblo. No siempre están las tropas, como normalmente se cree, para defender a los tiranos". (Asambleas Constituyentes Argentinas 1813-1898).

Fue elegido, pues, el segundo Triunvirato, integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Alvarez Jonte. Todos logistas.

El gran promotor de estos hechos cívico-militares fue don Bernardo de Monteagudo, heredero de las ideas jacobinas de Mariano Moreno, pero también amante de Remedios Escalada, según afirma Florencia Canale en su libro "Pasion y Traición". Leemos que la joven Escalada concurría, desde los 14 años, a las reuniones de la Sociedad Patriótica encabezada por Monteagudo, aunque este detalle nos parece un poco improbable para la época. Sobre todo porque, a esa edad, la bella Remedios. ya estaba casándose con San Martín.

Pero, en realidad, toda esta historia parece, a nuestros ojos del siglo XXI, francamente insólita. No sólo la posible amistad entre Remedios y Monteagudo. Todo aquí es novelesco, y para colmo hay un millón de pormenores que han sido borrados.

Por agotamiento físico, dejamos nuevos misterios para la próxima edición

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