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Entrevista a Leonardo Padura‏




Mis Personajes Podrían Conformar un Collage del Desencanto”


Leonardo Padura acaba de ganar el Premio “Roger Caillois”. Los amantes de la literatura universal recibimos la noticia con una mezcla de satisfacción (casi personal) y asombro injustificado: desde hace mucho Leonardo Padura rebasó las fronteras de eso que algunos llaman literatura cubana, y se convirtió en un narrador imprescindible del panorama libresco actual.

Si los premios demuestran su rigor por el nombre de quienes lo merecen, el “Roger Caillois” no será un trofeo más en sus vitrinas: escritores como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, José Donoso y Adolfo Bioy Casares han puesto la parada bien alta, no solo para Leonardo Padura, primer cubano en recibirlo, sino para cualquier soñador de ficciones.

Poco antes de salir de Cuba, Padura me recibió en su ventilada casa de Mantilla, donde la armonía entre plantas y mascotas (Padura, como el Ramón Mercader que radiografía en su novela, también ama a los perros) es casi material, casi palpable, y dedicó unas dos horas de entrevista a responder mis curiosidades de lector-periodista que jamás dejó de verlo como una rara avis de la intelectualidad cubana: un forajido de los círculos editoriales y de poder, un escritor verdaderamente independiente en un país donde la independencia suena a mala palabra.

Pienso en Leonardo Padura en este instante, en su renombre creciente, y en la suerte de tener intelectuales comprometidos, ante todo, con la causa de su honestidad creativa. No puedo dejar de evocar algunos fragmentos de aquella conversación celosamente grabada donde además de su obra de ficción, también la realidad que la condicionaba fue tema central entre nosotros:

- Siempre me ha dado la impresión de que Leonardo Padura vive en una especie de diáspora dentro de su propio país. En eso que algunos llaman el insilio. Jamás lo he visto como jurado de concursos nacionales, jamás como invitado especial a Ferias del Libro en Cuba, jamás impartiendo conferencias o incluso con presencia en los medios de comunicación. ¿A qué se debe esto?
Mira, yo he tratado de establecer un perímetro de privacidad y de espacio para mi trabajo. Pero además he sido especialmente selectivo con la vida literaria cubana porque primero no me complacen muchas formas en que esta se desenvuelve, y sobre todo, porque creo que no me aporta nada, como escritor, participar en ella. Aunque pueda sonar demasiado duro.


Pero con las Ferias del Libro, lo mismo en Cuba que en el exterior, me pasa que las veo como espectáculos bien comerciales, incluso bien políticos, de los que no me interesa formar parte.

De hecho, si frecuentemente concedo entrevistas es porque no me gusta decirles que no a los periodistas. Yo también he sido periodista y he jodido a muchísima gente haciéndoles entrevistas como para negarme a concederlas ahora…

- Excelente punto acaba de tocar. Leonardo Padura antes de dedicarse por entero a la literatura fue periodista. Me resulta doblemente seductor preguntarle su criterio sobre la prensa que tenemos desde hace décadas en Cuba.

Mira, yo me gradué de Filología, especialista en Literatura Hispanoamericana en el año 1980. Ese mismo año empecé a trabajar en el Caimán Barbudo. A partir de ahí, hasta la actualidad, he pasado lo mismo por el periódico Juventud Rebelde, que por la jefatura de Redacción de la Gaceta de Cuba, y a partir del año ´95 he hecho un periodismo freelance porque sin pertenecer a ninguno en específico he tenido muchos vínculos con distintos medios internacionales.

Es decir, que no he dejado de hacer periodismo en estos ´30 años. Por lo tanto tengo una visión bastante participativa del oficio.

Y siempre me ha parecido que este país tiene buenos periodistas pero ni de lejos un buen periodismo. Hay muy buenos profesionales en Cuba, pero al no existir una plataforma en la cual ellos puedan desarrollar su trabajo plenamente, esto no consigue traducirse en un periodismo de talento.

El periodismo en Cuba tiene el gravísimo problema de que hay una sola orientación. Hay una sola visión política, ideológica, hay un solo dueño de los medios de difusión, y esto crea que haya solamente una única política informativa. Por lo tanto el periodismo cubano responde más bien a campañas dictadas desde la propiedad de esos medios de prensa, que a intereses de grupos, sectores, incluso de los individuos que hacen el periodismo.

Este no es un caso único de Cuba, pero en el caso cubano es muy acentuado porque aquí es más que evidente esa unilateralidad.

El periodismo de este país debería tener un mayor sentido de indagación en las problemáticas de la realidad cubana. De pronto aparece un trabajo determinado con esa posición, con ese objetivo, pero es más bien un caso aislado que consecuente con una posición común.

Pero en general sí creo que el periodismo cubano debería ser mucho más participativo en esta suerte de revalorización del contexto nacional que se está produciendo hoy mismo, y del cual lamentablemente la prensa sigue estando bastante distante.


- Hablemos de censura y de política literaria cubana, Padura. Desde su experiencia como escritor con amplios vínculos con editoriales extranjeras, al que hoy ni siquiera le sería un problema la censura cubana, ¿cómo valora los criterios de publicación vigentes en el país?

El primer problema que tiene la publicación de libros en Cuba, el problema esencial, es que no existe un mercado del libro.
El mercado ha sido satanizado en este país con y sin razón. Con intereses políticos y con intereses intelectuales. Porque muchas veces se habla del mercado del libro a nivel internacional, dígase Estados Unidos o Europa, no solo desde la política sino desde una postura intelectual de las personas que no han tenido acceso a ese mercado, y quieren ofrecer de él una imagen muy distorsionada.

Como Cuba no tiene un mercado del libro, como aquí se publican los libros únicamente con un criterio cultural y político, esa valoración que se hace para publicar los libros es muy coyuntural, muy a conveniencia, y eso es grave como política cultural.

Por ejemplo: hace unos diez o doce años tal parecía que el único autor que había en Cuba era Enrique Núñez Rodríguez. Esa importancia desmedida que tuvo la figura de Núñez Rodríguez, creo que es uno de los ejemplos de cómo se puede manipular una promoción y una publicación con determinados intereses políticos.

Y creo que eso ha afectado muchísimo a la literatura cubana. La ha afectado al punto de que el acceso de los escritores cubanos al mercado internacional se ha hecho muy complicado porque no existe un mercado interno que cree valoraciones, que permita a los editores internacionales orientarse en este panorama.

- Luego de leer varias novelas suyas, haciendo una especie de recuento, descubro que la mayoría de sus personajes son seres frustrados, carentes de energía positiva, muchos de ellos discapacitados. Y son descritos como marcadamente cubanos. ¿Hay una visión intencionadamente pesimista de la sociedad cubana en su obra?

Esos personajes son el reflejo de circunstancias, de maneras de pensar. Son la resultante de una evolución de la vida social cubana en los últimos 50 años.

Muchos de esos personajes de los que me hablas forman parte de nuestro contexto, del que hemos vivido todos. Son una expresión de lo que se ha dado en llamar la “narrativa del desencanto”, y tiene mucho que ver con el desencanto que mi generación sufre especialmente en los años ´90 y arrastra hasta hoy ese sentimiento de fracaso, de pérdida, de frustración.

Que en lo particular yo haya tenido la fortuna de lograr una realización profesional a través de la literatura es algo singular, casi excepcional, en el contexto de una generación que fundamentalmente se ha dispersado.

Hay incluso resentimientos que se han creado a lo largo de estos años precisamente por las distancias geográficas, políticas, ideológicas y sociales, y hay sobre todo entre los que se han quedado acá, un sentimiento de que les ha pasado ya su momento sin que nunca tuvieran la oportunidad de aprovecharse como habrían querido.

Quizás sin yo proponérmelo muchos de mis personajes podrían conformar una especie de collage del desencanto que tanto ha golpeado a mi generación.

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