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Celebrando el Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos





Celebrando el Aniversario de la
Declaración Universal de Derechos Humanos

En 1879, en la localidad de Versalles, el Tercer Estado, así llamado
en Francia por la forma en la que habían repartido el poder, hacía
resonar tras su juramento unas palabras especiales, las mismas que
sonaban a manera de mantra protector de anhelos y deseos de mayor
independencia. Y si bien, no era la primera vez que muchos de los
miembros del grupo revolucionario ahí reunido escuchaban esas
palabras, sí era la primera vez que el pueblo las exigía no sólo a sus
gobernantes sino también a sus guías religiosos. Esas palabras habían
sido patrimonio histórico de un selecto grupo de seres humanos,
quienes ganados a la causa de la humanidad, tuvieron que salir fuera
de sus espacios de reunión –a los que denominaban Templos para
recalcar la importancia sagrada de sus trabajos- con el fin de gritar
al mundo que todos somos iguales pues nacemos libres y que entre todos
los hombres y mujeres debe existir una relación natural de
fraternidad, que supere las barreras económicas, sociales y hasta
culturales que habían dividido a toda la humanidad.
Si bien la mayoría de los que participaron en la Revolución Francesa
no eran Masones (algunos se incorporaron a la orden mucho tiempo
después) e incluso actos como la Toma de Las Bastillas fueron
consecuencia del desborde popular, en los documentos finales que
sustentaron la legalidad de ésta y especialmente en la ideología que
subyace en ellos, se encuentran firmemente establecidas las posturas
tradicionales de la Francmasonería y que hasta la fecha nos sirven de
inspiración: ¡Libertad!, ¡Igualdad! y ¡Fraternidad!.

Y fueron estas palabras las que resonaron en las cuatro paredes
igualmente sagradas levantadas por las naciones tras la Segunda guerra
mundial, transmitiendo como si fuera una carga genética, la búsqueda
de una Verdad universal, aquella que se sustenta en el hecho que todos
los seres humanos somos iguales y libres y tenemos la necesidad de
construir un mundo fraterno entre nosotros.

No es la igualdad que permite la indefinición e indeterminación de los
derechos de la gente, pues a cada individuo se le debe reconocer sus
propias particularidades como persona, sino la Igualdad que exige de
los demás el respeto y por sobre todo el apoyo en la lucha que éste
haga para construir su propio Templo, que no es otra cosa que su
propio destino, en armonía con el de los demás.

No es la libertad que permite la anarquía pues todos tendrían derecho
a hacer lo que se les viniere en gana, sino la Libertad que permite
unas relaciones basadas en las paz y que posibilite que cada ser
humano logre alcanzar sus anhelos y sanos deseos, basándose en el
apoyo mutuo y en el entendimiento de las necesidades de todos.

No es la fraternidad que permite la mezcla entre las personas, ya que
si bien entre los seres humanos deben existir lazos de hermandad,
estos no deben olvidar que más allá del grupo, el centro de la
sociedad es el individuo, que tiene una verdad que trasciende su
propio ser, debiendo recordar la expresión del Texto sagrado, cuando
nos enseña que todos somos chispa divina, debiendo tener en cuenta los
masones que especialmente nosotros somos antorchas llamadas a iluminar
al mundo; es decir, que estamos obligados a construir una sociedad
donde reine una real y verdadera Fraternidad.

El diez de diciembre se ha recordado no sólo la suscripción hace 63
años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, sino también –y
ahí el reto para todo hermano y hermana masón- se ha recordado que los
antiguos miembros de la Orden nos han legado el deber de luchar por la
Libertad, Igualdad y Fraternidad; pues como señala el propio texto de
la Declaración cuyo aniversario celebramos:

«Artículo 1°.- Todos los
seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados
como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los
unos con los otros»

¡Viva la Declaración Universal de Derechos Humanos!

¡Vivan los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad!


Q:.H:.Jose Luis Carrasco Barolo
F.•.C.•.R.•.L.•.S.•. «Luis Heysen Incháustegui» N° 3

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