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6 de feberro de 1866: nuevo aniversario de su fallecimiento Juan Gualberto Gregorio de Las Heras

Perfil de vida pública y masónica del Héroe Invicto de las Guerras de la Independencia
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Por el V.: H.: ANTONIO LAS HERAS
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Juan Gualberto Gregorio de Las Heras nació en Buenos Aires el 11 de julio de 1780. Fue su padre don Bernardo Gregorio de Las Heras, nacido en España. Nieto de don Francisco Plácido Gregorio y de doña Catalina García de Las Heras. Juan Gualberto unió – tal como lo había hecho su padre – el apellido de su abuelo con el segundo apellido de su abuela, conformado de este modo el apellido completo.
Estudió en el Real Colegio de San Carlos y se dedicó al comercio como su padre, quien, además de ser un comerciante de desahogada posición, ocupó importantes cargos en Buenos Aires: Receptor de Penas de Cámara, Defensor de Menores, Tesorero de Propios del Cabildo y obtuvo el grado de Capitán de las milicias urbanas.
Juan Gualberto combatió junto a su padre tanto en las invasiones inglesas de 1806 como de 1807, iniciando entonces una inigualable carrera militar.
Como comerciante viajaba con frecuencia. Por esto estaba en Córdoba cuando los acontecimientos de Mayo de 1810. Sin embargo en esa ciudad mediterránea, centro de la reacción realista encabezada por Santiago de Liniers, se unió a la causa revolucionaria recibiendo el mando del ejército patricio recién constituido. El 24 de octubre de 1810 la Primera Junta de Gobierno le otorga el cargo de Sargento Mayor, en reconocimiento a su actuación y debido a las recomendaciones del vocal Juan José Antonio Castelli, Masón que fuera Venerable Maestro (Presidente) de la Logia Independencia.
A comienzos de 1813, el titular del Virreinato del Perú envió, contra los patriotas, una expedición al mando del brigadier Antonio Pareja y ocupó las ciudades de Talcahuano y Concepción. Viendo Chile peligrar su campaña solicitó ayuda al gobierno de Buenos Aires. La Junta de Gobierno dispuso la creación de los Auxiliares Argentinos, grupo de soldados reclutados en Córdoba y Mendoza, comandados por Las Heras, que marchó en apoyo de los chilenos.
Este ejército se destacó en las campañas de 1813 y 1814. Las Heras tuvo un heroico desempeño en Quechereguas y en Membrillar – donde obtuvo su ascenso a teniente coronel – y en Cucha Cucha luchando bajo las órdenes del general Juan Mackenna; abuelo del el político e historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna. Sin embargo, cuando en Chile se produjeron los desacuerdos entre José Miguel Carrera y Bernardo O`Higgins – ambos masones y miembros de la logia lautarina que funcionaba en Santiago de Chile – que desembocó en una guerra civil, Las Heras, que se encontraba en Santiago con sus Auxiliares regresó a Mendoza. Allí se reunió por primera vez con el recién llegado gobernador de la provincia, José de San Martín, quien lo envió nuevamente a Chile.
San Martín era Masón iniciado en 1808 en la Logia Integridad N* 7, de Cádiz y, luego, se afilió a la Logia Caballeros Racionales N* 3, igualmente de Cádiz, donde alcanzó el grado de Maestro. Fue en éste taller donde conoció a varios de los futuros promotores de la independencia americana. San Martín ya llegado a Buenos Aires forma parte de los cofundadores de la Logia Lautaro. Su actividad masónica fue incesante y continúo hasta su muerte en Boulogne Sur Mer.
Las Heras llegó a tiempo para proteger la retirada de Rancagua hacia Mendoza (1814) donde fue puesto al mando del undécimo regimiento creado por el gobierno de Buenos Aires para defender la frontera occidental de Mendoza después de la caída de Chile a manos realistas. Su fuerza auxiliar quedó convertida en cuerpo del ejército de los Andes, organizado por San Martín.
Estando en Cuyo Las Heras forma parte de la Logia Lautaro de Mendoza – que al día de hoy continúa activa como taller simbólico – y la Logia Ejército de los Andes.
Las Heras se convirtió en uno de los mayores colaboradores de San Martín para la concreción de su Plan Continental de liberar a Chile y a Perú de la corona española. Proyecto consistente en cruzar los Andes, liberar Chile y, desde allí, emprender la campaña al Perú enviando tropas a través de las costas del Océano Pacífico.
San Martín encomienda – personalmente – a Las Heras la creación del Regimiento 11 de Infantería; el que actualmente – con el nombre de “Los Leones Invencibles de Las Heras” – tiene asiento en las proximidades del siempre nevado cerro Tupungato, en la provincia de Mendoza, Argentina.
En enero de 1817 la expedición libertadora inicia el cruce de los Andes. Las Heras tuvo a su cargo la travesía por el paso de Uspallata, escoltando toda la artillería y otros equipos que no pudieron acompañar al cuerpo principal del ejército que lo hizo por el paso de Los Patos. Los efectivos a su mando pelearon con éxito en los combates librados contra las fuerzas realistas que se encontraban en Los Potrerillos y Guardia Vieja, llegando al lado chileno hasta tomar posesión de Santa Rosa el 8 de febrero, como estaba previsto en los planes del Libertador.
El 12 de febrero, en la batalla de Chacabuco, Las Heras actúa como integrante de la división del general José Estanislao Soler. Luego de esa victoria le fue asignado el comando del ejército destinado a completar la liberación del sur de Chile. Triunfó en Curapaligue y Gavilán y ocupó Concepción. Posteriormente se unió a las tropas de O´Higgins en un malogrado intento por tomar la Plaza de Talcahuano, ahora reforzada por nuevas unidades realistas procedentes del Perú.
Finalmente, O´Higgins se retira a Santiago y acontecen los hechos de Cancha Rayada. Allí, la particular agudeza mental y destreza militar de Las Heras logra salvar del desastre y de manera casi intacta prácticamente a la totalidad de su unidad – alrededor de tres mil hombres, cañones, parque y pertrechos – lo que permitió que sólo tres semanas después San Martín venciera a los realistas en Maipú.
Es en Maipú – 5 de abril de 1818 – que Las Heras obtiene el grado de general, comandando el ala derecha del ejército y recibe la rendición de Ordóñez.
Durante los dos años siguientes, Las Heras colaboró con San Martín en la preparación del ejército libertador del Perú, asumiendo el cargo de Jefe de Estado Mayor. La expedición partió hacia Perú desde Valparaíso el 20 de agosto de 1820. Las Heras condujo las primeras fuerzas en territorio peruano, acampando en Pisco, cerca de la bahía de Paracas. Desde allí se continuó la tarea de liberar al Perú.
Recibe el rango de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas luego de que San Martín aceptara el cargo de Protector Supremo del Perú.
En 1822 Las Heras es cofundador de la Logia Orden y Libertad N* 2 de Lima; la que se mantiene trabajando aún en la actualidad, a casi dos siglos de su constitución.
En julio de ese mismo año San Martín partió del Perú como consecuencia de su entrevista, en Guayaquil. con el Masón – iniciado en París – Simón Bolívar. En diciembre, Las Heras presenta su renuncia al ejército y regresa a Buenos Aires. El 8 de agosto de 1823 es nombrado Ministro Plenipotenciario por el gobernador de Buenos Aires, el Masón Martín Rodríguez, para negociar con las autoridades españolas en el Alto Perú, hoy Bolivia. El alzamiento de Olañeta contra el virrey le impiden concretar esta misión.
El 2 de abril de 1824, Las Heras asume como gobernador de Buenos Aires, designado por la Cámara de Representantes de Buenos Aires, que lo invistió, además, de plena responsabilidad para ocuparse de los asuntos exteriores de todas las provincias.
Las Heras nombró a Manuel José García Ministro de Gobierno y al general Francisco Fernández de la Cruz, Ministro de Guerra y Marina.
Durante sus dos años de mandato, Juan Gregorio de Las Heras realizó importantes gestiones entre las que podemos mencionar la finalización de la Guerra de la Independencia en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824 y la convocatoria del Congreso Nacional Constituyente que celebró su primera reunión siete días después. Además, firmó el primer tratado con España y el 2 de febrero de 1825 suscribió junto con sus ministros un tratado de amistad, comercio y navegación con Inglaterra.
El 19 de abril de 1825, el Masón Juan Antonio Lavalleja comandó la expedición a Uruguay llamada los “Treinta y Tres Orientales”, en contra de la ocupación brasileña. Ese mismo año el Congreso declaró que la Banda Oriental del Uruguay formaba parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata, confirmación que trajo aparejada la declaración de guerra por parte de Pedro I, emperador de Brasil.
Antes de esto el Congreso había resuelto otorgar a Las Heras el gobierno nacional en carácter provisorio, e inmediatamente (el 11 de mayo) creó el Ejército de Observación sobre el Uruguay al mando del ya mencionado masón general Martín Rodríguez. Las Heras ejerció este cargo hasta que el Congreso dispuso la creación de un poder ejecutivo permanente mediante la Ley Presidencial promulgada el 6 de febrero de 1826. Al día siguiente fue elegido presidente de la república el Masón Bernardino Rivadavia, quien asumió sus funciones el día 8.
Rivadavia había sido iniciado en Europa y ya en nuestro territorio formó parte de las logias Aurora y Estrella Sureña, y propició la creación de la Logia Valeper.
Las Heras, al alejarse de la función pública, se retira a Chile en donde le confieren el grado de general en reconocimiento a su actuación durante la campaña libertadora. Allí entabla fraterna amistad con otro masón; Domingo Faustino Sarmiento Masón quien fuera iniciado el 27 de junio de 1854 en la Logia Unión Fraternal de Valparaíso y llegó – en 1882 – a ocupar el cargo de Gran Maestre de la Masonería Argentina.
En 1863, con 83 años de edad, pide su retiro del ejército chileno. El Presidente José Joaquín Pérez Mascayano rechaza de plano tal solicitud y concurre, en persona, a hablar con el anciano general para solicitarle que continuara ejerciendo sus funciones. Las Heras acepta a pesar de su edad.
Juan Gualberto Gregorio de Las Heras muere en Santiago de Chile el 6 de febrero de 1866. Tenía 86 años.
Recién en 1906 sus restos mortales fueron repatriados; siendo sepultados en la Catedral de la Ciudad de Buenos Aires junto a sus compañeros de combate y hermanos de la Orden José de San Martín y Tomás Guido.
Esta repatriación fue posible merced al trabajo de una comisión que tuvo en su conducción al primer marino al que el Congreso de la Nación otorgó el grado de almirante. Se trató del Masón Enrique Guillermo Howard, quien, precisamente, en 1906 era Gran Maestre del Gran Oriente Argentino del Rito Azul.

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