Por Luis Guirín
Gran Maestro
GRAN ORIENTE LATINOAMERICANO
POTENCIA SIMBÓLICA SOBERANA
Libertad – Igualdad - Fraternidad
“Un hombre que da buenos consejos y es un buen ejemplo construye con las dos manos, pero un hombre que da un buen consejo y un mal ejemplo construye con una mano y destruye con la otra”.
F. Bacon.
Compartimos que existen claras evidencias para afirmar que la Francmasonería tiene un déficit de comunicación con la sociedad civil. También existen evidencias sobre las dificultades que la Francmasonería está encontrando para adaptarse a las nuevas realidades del siglo XXI, habilitar cambios en su plano conceptual y en su praxis institucional que posibiliten contribuir al desarrollo de las sociedades.
La Humanidad transita un cambio de civilización que esta afectando las condiciones de vida y los valores fundamentales de millones de individuos. Hoy mas que nunca son pertinentes y necesarias las tres preguntas claves de las escuelas iniciáticas: ¿de dónde venimos? ¿quiénes somos? ¿adónde vamos? Pero hoy, concientes y sensibles nos abrimos a otras preguntas más angustiantes. ¿Qué pasa con el Planeta Tierra? ¿Cuál es esta sociedad que estamos construyendo? ¿Cómo combatimos el hambre y las guerras? ¿Qué mundo le dejamos a nuestros hijos? ¿Cómo contribuimos en forma conciente y voluntaria a crear un mundo mejor? ¿Cómo le damos coherencia ética a nuestras acciones?
La realidad del mundo ha cambiado a un ritmo vertiginoso en el ultimo siglo y hoy vivimos en la sociedad del conocimiento, marcada por la revolución científico tecnológica, la globalidad y la interdependencia, constreñidos a aceptar y administrar las nuevas necesidades y desafíos. Las instituciones masónicas debemos adecuar teoría y práctica para responder a los nuevos paradigmas emergentes y a los inevitables cambios de civilización que transitamos. Nuestra concepción del ser humano, del cosmos, de la vida, conserva la impronta del siglo de las luces, de la era industrial. Es una buena base, aun es útil, pero hoy es insuficiente para dar cuenta de la complejidad que enfrentamos en la vida cotidiana y no condice con la evolución del pensamiento humano. Todo lo que acontece en nuestras sociedades nos interpela filosófica y éticamente.
La visión del cóndor
Necesitamos nuevas herramientas conceptuales para encontrar las respuestas a los desafíos del siglo XXI. Necesitamos el desarrollo de la investigación y del estudio científico de todos los fenómenos que acontecen en el planeta. Necesitamos de la capacidad de todos nuestros técnicos y profesionales, para
construir una teoría general de la sociedad. Necesitamos de la sabiduría de los ancestros, para que existan muchos puntos de encuentro y de creatividad.
Hoy sabemos más que hace 20 años sobre los diferentes problemas de la Humanidad. Pero si bien hay muchos datos y conocimientos dispersos, resultado de las múltiples especializaciones, no hay mirada globalizadora, no existe el vuelo del cóndor que mira desde las alturas. La consecuencia es que no existe una acción que transforme la realidad, en la dirección y la profundidad necesaria. Sólo las escuelas iniciáticas pueden lograr el vuelo del cóndor, sólo en este ámbito es posible construir una mirada global, filosófica, que abarque la evolución de la Humanidad y contribuya a construir su destino, al integrar la acción de muchos. “Solo entre todos sabemos todo”, dice el anciano Meterio de la comunidad wichol.
La tradición masónica es necesaria como un saber compartido por todos los iniciados, como memoria universal donde se apoyan nuestros cimientos. Pero los cimientos no son los textos de algunos autores, sino principios universales cuya vigencia y pertinencia es compartida por todas las potencias masónicas más allá de las diferencias y de las épocas. Memoria universal que con humildad y respeto consultamos para aprender sobre linderos o rituales, pero que ello no implique dependencia ni sometimiento alguno a potencias masónicas que no han podido superar el lastre cultural del colonialismo.
Desde hace mucho tiempo que grupos humanos han aceptado y hecho la guerra como una actividad necesaria, para conquistar tierras, riquezas, poder, imponer religiones o productos. También hoy se fabrica, se vende y se trafica con armas para el enriquecimiento de pocos y el sufrimiento y la muerte de muchos. Los hijos de la muerte promueven guerras, violencia y el hambre de millones, porque en eso encuentran ganancias y poder. ¿Hasta cuándo? ¿Que hacemos los masones, que trabajamos siempre por la vida? ¿Cuál es nuestra postura ética frente a la guerra?
¿Qué hacen nuestros Talleres?
Sentimos que hay incongruencia con nuestros principios cuando un taller masónico no se abre al estudio de ciertos temas complejos que hoy presentan nuestras sociedades y que conciernen la vida de millones de individuos. Toda Logia es soberana y lo que decida debe ser respetado, pero preferimos que en el corazón de los HH y HHnas:. repercuta el dolor y el sufrimiento de la Humanidad. Pero, ¿por qué hay Logias y Obediencias que persisten en limitar sus temas de estudio? Seguramente es el temor a que la logia se polarice excesivamente en la discusión y corra el riego de dividirse. El cuidado obsesivo y a veces autoritario de la unidad de la logia ha llevado a eludir temas religiosos, políticos o sociales que podrían polarizar opiniones entre Hermanos que piensan y sienten diferente. ¿Cómo se puede analizar la realidad del mundo sin incursionar en temas complejos y polémicos? ¿Es esto acertado? ¿Qué masonería se practica sino se analiza el mundo y sus problemas? ¿No estaremos perdiendo una oportunidad de alumbrar, con respeto, tolerancia y humildad los caminos que las sociedades deben transitar? ¿No deberían abrirse nuestros talleres a todos los problemas y desafíos que hoy tiene la Humanidad? Si una lámpara alumbra, es mejor que este sobre la mesa y no debajo.
Es decir, investigar, conocer y cuando sea posible tomar posición sobre problemáticas y temas complejos como el desarrollo económico, el manejo de los recursos naturales, el consumismo, la eutanasia, el aborto, la homosexualidad, la evolución de la familia, la inmigración, la producción y venta de armas, los conflictos armados, la producción y ventas de drogas, el uso de la violencia institucionalizada, la crisis de los sistemas educativos, la falta de trabajo, la pobreza creciente, enfermedades curables, la corrupción de las instituciones, la discriminación, la intolerancia religiosa, la violación de los derechos humanos, entre muchos temas pertinentes. ¿Por qué nos cuesta tanto abordar estos temas en CLIPSAS? ¿Será que estos temas son muy complejos? ¿Será que tampoco nada podemos hacer en la situación de crisis que vivieron nuestros Hermanos de Ecuador, Colombia y Venezuela? Es una pena que los masones reunidos en CLIPSAS no hayamos podido llamar a la paz, al dialogo, a la negociación, al respeto irrestricto de los derechos humanos.
La masonería es una institución que ofrece herramientas y métodos de trabajo para situar todos los temas imaginables por encima de lo individual y cotidiano, yendo más allá de la coyuntura, permitiendo el análisis racional que globaliza e integra lo diverso y complejo, acepta la existencia de los opuestos y construye colectivamente perspectivas integradoras, trabajando juntos, en el respeto y la tolerancia. Es el principio masónico de ser siempre centro de unión.
Con nuestros Hermanos y Hermanas reunidos en CLIPSAS compartimos la práctica de la libertad absoluta de conciencia y juntos, haciendo uso de estas herramientas y métodos masónicos, abordamos todos estos temas que son prioritarios para la Humanidad. Aunque tengamos en el conjunto una diversidad de posturas políticas, religiosas, sociales y culturales diversas, podemos dialogar y discutir en fraternidad, buscando construirnos como seres humanos, uniendo la teoría y la práctica en lo cotidiano.
Sin ética no hay masonería
¿Y qué cambios son necesarios para superar el déficit de comunicación? Los cambios que la Francmasonería necesita empiezan en cada uno de nosotros aplicando el “conócete a ti mismo”; luego el proceso sigue al interior de cada Logia, hasta abarcar cada Obediencia. Sin embargo, como no hemos sido educados para conocernos en profundidad, ni para asumir abiertamente nuestros errores o nuestra ignorancia sobre algún tema o ritual, necesitamos potenciar la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza que surgen de nuestros principios, para pulir nuestra piedra bruta. En ese sentido, recordamos que el método simbólico, utiliza el error, la pregunta y la duda para estimular el proceso de conocimiento, permanente búsqueda de nuevos descubrimientos.
¿Qué necesitamos para comunicar mejor hacia la sociedad civil? Como dijera nuestro Q::H:. Jefferson, necesitamos redescubrir el idealismo de la masonería, cultivar la humildad, despojarnos del orgullo que surge del uso de títulos de “serenísimos”, “ilustres” y “poderosos”. Necesitamos con humildad de aprendices resolver nuestras diferencias y aspirar a una vida masónica, llena de paz, de fraternidad y con absoluta libertad de conciencia. Necesitamos potenciar la coherencia entre nuestros discursos y nuestra práctica, teniendo como centro la ética masónica. La Masonería sin ética no es Masonería, es otra cosa.
“In la kech”, “yo soy otro tú” dice una antigua expresión indígena para enseñar el respeto al otro, siendo cada uno nuestro espejo, raíz profunda de nuestros ancestros mayas para comprender que la necesidad de la tolerancia y la valoración del ser en libertad viene de muy lejos en el tiempo. Como masones asumimos el derecho y la responsabilidad de la búsqueda de la verdad, concientes que otros están en la misma búsqueda y nos encontraremos en los mismos espacios de la vida, para re-conocernos, aceptarnos como somos, sentimos y pensamos, con nuestras certidumbres y dudas, para desde allí intentar construir juntos el futuro en cada momento presente.
Mejorar la comunicación
Las sociedades valoran las respuestas que muestran coherencia ética en la práctica institucional. Para mejorar las comunicaciones, debemos preguntarnos qué puede decir y hacer CLIPSAS sobre:
La conquista de la Paz en el mundo. Existen peligros de guerra amplificada, incluso con utilización de armas nucleares y bioquímicas de destrucción masiva. Como dijera John F. Kennedy, en 1963, no queremos una paz impuesta por las armas, ni la paz de los cementerios o la esclavitud, queremos la paz genuina, que dignifique la vida de todos los seres humanos y comunidades.
La superación de las situaciones de pobreza, hambre y miseria en el mundo. Millones de seres humanos, sufren desnutrición y enfermedades curables, y viven en situación de supervivencia con escasos recursos alimenticios.
Encontrar la armonía con la naturaleza y el planeta. Han aparecido signos de una posible catástrofe ecológica que afecte a todo el planeta.
La Humanidad transita un cambio de civilización que esta afectando las condiciones de vida y los valores fundamentales de millones de individuos. Hoy mas que nunca son pertinentes y necesarias las tres preguntas claves de las escuelas iniciáticas: ¿de dónde venimos? ¿quiénes somos? ¿adónde vamos? Pero hoy, concientes y sensibles nos abrimos a otras preguntas más angustiantes. ¿Qué pasa con el Planeta Tierra? ¿Cuál es esta sociedad que estamos construyendo? ¿Cómo combatimos el hambre y las guerras? ¿Qué mundo le dejamos a nuestros hijos? ¿Cómo contribuimos en forma conciente y voluntaria a crear un mundo mejor? ¿Cómo le damos coherencia ética a nuestras acciones?
La realidad del mundo ha cambiado a un ritmo vertiginoso en el ultimo siglo y hoy vivimos en la sociedad del conocimiento, marcada por la revolución científico tecnológica, la globalidad y la interdependencia, constreñidos a aceptar y administrar las nuevas necesidades y desafíos. Las instituciones masónicas debemos adecuar teoría y práctica para responder a los nuevos paradigmas emergentes y a los inevitables cambios de civilización que transitamos. Nuestra concepción del ser humano, del cosmos, de la vida, conserva la impronta del siglo de las luces, de la era industrial. Es una buena base, aun es útil, pero hoy es insuficiente para dar cuenta de la complejidad que enfrentamos en la vida cotidiana y no condice con la evolución del pensamiento humano. Todo lo que acontece en nuestras sociedades nos interpela filosófica y éticamente.
La visión del cóndor
Necesitamos nuevas herramientas conceptuales para encontrar las respuestas a los desafíos del siglo XXI. Necesitamos el desarrollo de la investigación y del estudio científico de todos los fenómenos que acontecen en el planeta. Necesitamos de la capacidad de todos nuestros técnicos y profesionales, para
construir una teoría general de la sociedad. Necesitamos de la sabiduría de los ancestros, para que existan muchos puntos de encuentro y de creatividad.
Hoy sabemos más que hace 20 años sobre los diferentes problemas de la Humanidad. Pero si bien hay muchos datos y conocimientos dispersos, resultado de las múltiples especializaciones, no hay mirada globalizadora, no existe el vuelo del cóndor que mira desde las alturas. La consecuencia es que no existe una acción que transforme la realidad, en la dirección y la profundidad necesaria. Sólo las escuelas iniciáticas pueden lograr el vuelo del cóndor, sólo en este ámbito es posible construir una mirada global, filosófica, que abarque la evolución de la Humanidad y contribuya a construir su destino, al integrar la acción de muchos. “Solo entre todos sabemos todo”, dice el anciano Meterio de la comunidad wichol.
La tradición masónica es necesaria como un saber compartido por todos los iniciados, como memoria universal donde se apoyan nuestros cimientos. Pero los cimientos no son los textos de algunos autores, sino principios universales cuya vigencia y pertinencia es compartida por todas las potencias masónicas más allá de las diferencias y de las épocas. Memoria universal que con humildad y respeto consultamos para aprender sobre linderos o rituales, pero que ello no implique dependencia ni sometimiento alguno a potencias masónicas que no han podido superar el lastre cultural del colonialismo.
Desde hace mucho tiempo que grupos humanos han aceptado y hecho la guerra como una actividad necesaria, para conquistar tierras, riquezas, poder, imponer religiones o productos. También hoy se fabrica, se vende y se trafica con armas para el enriquecimiento de pocos y el sufrimiento y la muerte de muchos. Los hijos de la muerte promueven guerras, violencia y el hambre de millones, porque en eso encuentran ganancias y poder. ¿Hasta cuándo? ¿Que hacemos los masones, que trabajamos siempre por la vida? ¿Cuál es nuestra postura ética frente a la guerra?
¿Qué hacen nuestros Talleres?
Sentimos que hay incongruencia con nuestros principios cuando un taller masónico no se abre al estudio de ciertos temas complejos que hoy presentan nuestras sociedades y que conciernen la vida de millones de individuos. Toda Logia es soberana y lo que decida debe ser respetado, pero preferimos que en el corazón de los HH y HHnas:. repercuta el dolor y el sufrimiento de la Humanidad. Pero, ¿por qué hay Logias y Obediencias que persisten en limitar sus temas de estudio? Seguramente es el temor a que la logia se polarice excesivamente en la discusión y corra el riego de dividirse. El cuidado obsesivo y a veces autoritario de la unidad de la logia ha llevado a eludir temas religiosos, políticos o sociales que podrían polarizar opiniones entre Hermanos que piensan y sienten diferente. ¿Cómo se puede analizar la realidad del mundo sin incursionar en temas complejos y polémicos? ¿Es esto acertado? ¿Qué masonería se practica sino se analiza el mundo y sus problemas? ¿No estaremos perdiendo una oportunidad de alumbrar, con respeto, tolerancia y humildad los caminos que las sociedades deben transitar? ¿No deberían abrirse nuestros talleres a todos los problemas y desafíos que hoy tiene la Humanidad? Si una lámpara alumbra, es mejor que este sobre la mesa y no debajo.
Es decir, investigar, conocer y cuando sea posible tomar posición sobre problemáticas y temas complejos como el desarrollo económico, el manejo de los recursos naturales, el consumismo, la eutanasia, el aborto, la homosexualidad, la evolución de la familia, la inmigración, la producción y venta de armas, los conflictos armados, la producción y ventas de drogas, el uso de la violencia institucionalizada, la crisis de los sistemas educativos, la falta de trabajo, la pobreza creciente, enfermedades curables, la corrupción de las instituciones, la discriminación, la intolerancia religiosa, la violación de los derechos humanos, entre muchos temas pertinentes. ¿Por qué nos cuesta tanto abordar estos temas en CLIPSAS? ¿Será que estos temas son muy complejos? ¿Será que tampoco nada podemos hacer en la situación de crisis que vivieron nuestros Hermanos de Ecuador, Colombia y Venezuela? Es una pena que los masones reunidos en CLIPSAS no hayamos podido llamar a la paz, al dialogo, a la negociación, al respeto irrestricto de los derechos humanos.
La masonería es una institución que ofrece herramientas y métodos de trabajo para situar todos los temas imaginables por encima de lo individual y cotidiano, yendo más allá de la coyuntura, permitiendo el análisis racional que globaliza e integra lo diverso y complejo, acepta la existencia de los opuestos y construye colectivamente perspectivas integradoras, trabajando juntos, en el respeto y la tolerancia. Es el principio masónico de ser siempre centro de unión.
Con nuestros Hermanos y Hermanas reunidos en CLIPSAS compartimos la práctica de la libertad absoluta de conciencia y juntos, haciendo uso de estas herramientas y métodos masónicos, abordamos todos estos temas que son prioritarios para la Humanidad. Aunque tengamos en el conjunto una diversidad de posturas políticas, religiosas, sociales y culturales diversas, podemos dialogar y discutir en fraternidad, buscando construirnos como seres humanos, uniendo la teoría y la práctica en lo cotidiano.
Sin ética no hay masonería
¿Y qué cambios son necesarios para superar el déficit de comunicación? Los cambios que la Francmasonería necesita empiezan en cada uno de nosotros aplicando el “conócete a ti mismo”; luego el proceso sigue al interior de cada Logia, hasta abarcar cada Obediencia. Sin embargo, como no hemos sido educados para conocernos en profundidad, ni para asumir abiertamente nuestros errores o nuestra ignorancia sobre algún tema o ritual, necesitamos potenciar la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza que surgen de nuestros principios, para pulir nuestra piedra bruta. En ese sentido, recordamos que el método simbólico, utiliza el error, la pregunta y la duda para estimular el proceso de conocimiento, permanente búsqueda de nuevos descubrimientos.
¿Qué necesitamos para comunicar mejor hacia la sociedad civil? Como dijera nuestro Q::H:. Jefferson, necesitamos redescubrir el idealismo de la masonería, cultivar la humildad, despojarnos del orgullo que surge del uso de títulos de “serenísimos”, “ilustres” y “poderosos”. Necesitamos con humildad de aprendices resolver nuestras diferencias y aspirar a una vida masónica, llena de paz, de fraternidad y con absoluta libertad de conciencia. Necesitamos potenciar la coherencia entre nuestros discursos y nuestra práctica, teniendo como centro la ética masónica. La Masonería sin ética no es Masonería, es otra cosa.
“In la kech”, “yo soy otro tú” dice una antigua expresión indígena para enseñar el respeto al otro, siendo cada uno nuestro espejo, raíz profunda de nuestros ancestros mayas para comprender que la necesidad de la tolerancia y la valoración del ser en libertad viene de muy lejos en el tiempo. Como masones asumimos el derecho y la responsabilidad de la búsqueda de la verdad, concientes que otros están en la misma búsqueda y nos encontraremos en los mismos espacios de la vida, para re-conocernos, aceptarnos como somos, sentimos y pensamos, con nuestras certidumbres y dudas, para desde allí intentar construir juntos el futuro en cada momento presente.
Mejorar la comunicación
Las sociedades valoran las respuestas que muestran coherencia ética en la práctica institucional. Para mejorar las comunicaciones, debemos preguntarnos qué puede decir y hacer CLIPSAS sobre:
La conquista de la Paz en el mundo. Existen peligros de guerra amplificada, incluso con utilización de armas nucleares y bioquímicas de destrucción masiva. Como dijera John F. Kennedy, en 1963, no queremos una paz impuesta por las armas, ni la paz de los cementerios o la esclavitud, queremos la paz genuina, que dignifique la vida de todos los seres humanos y comunidades.
La superación de las situaciones de pobreza, hambre y miseria en el mundo. Millones de seres humanos, sufren desnutrición y enfermedades curables, y viven en situación de supervivencia con escasos recursos alimenticios.
Encontrar la armonía con la naturaleza y el planeta. Han aparecido signos de una posible catástrofe ecológica que afecte a todo el planeta.
La creación de una ciudadanía humana, apoyada en el desarrollo de las Naciones Unidas como organismo supranacional donde germinan las posibilidades de un gobierno planetario.
Un desarrollo económico solidario, sostenido y sustentable, basado en los principios de justicia, cooperación y equidad.
Un desarrollo económico solidario, sostenido y sustentable, basado en los principios de justicia, cooperación y equidad.
Una laicidad para el siglo XXI que contribuya al desarrollo de estados laicos, que potencie el desarrollo del ser humano en libertad, en todos los planos de su existencia (físico, emocional, mental y espiritual).
Un nuevo contrato social para el siglo XXI, basado en principios universales y en la capacidad de integración de la diversidad de las realidades del mundo.
Barranquillas, Colombia, 23 de Mayo 2008.


