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Mentir, ocultar y tergiversar

V.•. de Santa Cruz, 12 de noviembre de 2010 e.•.v.•., 6010 A.•.L.•.

P.•.V.•.M.•. Julio Cesar Koehler

Habitualmente se considera a la mentira como “una proposición (o dicho) contrario a una verdad”, y no está tan mal. Ésta definición inicial conserva el aspecto “positivo” (fonéticamente hablando) de la mentira: es “algo que se dice”, pero esto no agota sus posibilidades, pues parece que hay otras “formas de mentir”, tal como enseguida veremos.

Es curioso, pero uno puede ser un mentiroso y no tener conciencia plena de serlo –de hecho hay muchísimas personas que “viven mintiendo”, y convierten a la mentira en el camino hacia su propia alienación existencial, sin darse cuenta, pues aprenden a mentir de modo reflejo, natural, espontáneo, inicialmente por temor o por conveniencia, es decir, para no obtener un resultado negativo o para obtener uno positivo, y todo, cuando no está acorde con el merecimiento ni uno ni el otro si se conociese “la verdad” de los acontecimientos.

La mentira es, desde los antiguos códigos legales, considerada una trasgresión social, pues va corrompiendo los lazos que tanto cuestan construir en una comunidad. “Mentir”, es una “acción” penada por la ley. Más tarde, también las religiones la considerarán una falta o “pecado” grave. Por eso, la mentira estuvo en el origen del “Derecho” y de la “moral”, constituyendo uno de sus pilares.

Mucha culpa en el origen de la mentira y los mentirosos tiene la religión, ya sea por la distinción que impuso entre los pecados “leves” y “mortales”, según su “materia” u objeto. O por la utilización de la expresión “mentiras piadosas” y “mentiras impías” según su ridícula “intención” o fin de la acción, como si fuese posible que exista la piedad (que es, según dicen un bien), en alguna de sus formas, cuando se realiza alguna mentira (que es, según dicen un mal). Estas contradicciones y distinciones no han ayudado a las religiones, ni tampoco a las culturas que han asumido estas ideas, sino que han contribuido a la mediocridad de las conciencias.

La “mentira” es plurimorfa; tiene varios rostros. Si bien es conocida y, por la mayoría aceptada, la distinción entre el “ocultar” y el “mentir”, hay “ocultamientos” que constituyen auténticas “mentiras”. En efecto, si la verdad es manifestación espontánea de una cosa, el acto de “ocultar” es el opuesto por antonomasia de la verdad, y la mentira sería, en este sentido, otra cosa.

Pero hagamos una aclaración fundamental. “Ocultar” no es pronunciar contenidos innecesarios o abundar en detalles que no agregan nada a un hecho relatado –pues hay omisiones que entran en el marco del dinamismo de la cotidianeidad, pues uno no puede andar diciendo “todo” por una cuestión de practicidad. Pero, no nos confundamos, lo que llamamos aquí “ocultar” es el acto de omisión voluntario, haya sido motivado por la causa que sea, que está en flagrante oposición con el dinamismo de manifestación propio del ser, y de la “verdad”. Es el “no mostrar”, es lo impropio de la verdad; o de una relación sustentada en la “verdad”. Es un rasgo de no autenticidad, de falsedad.

El “ocultar” suele constituirse en una de las formas de la mentira solapada, gravísima, y muy común tanto en el ámbito de la filosofía como en el de la teología y las ciencias, pero no es la única. Hay otra forma de “mentira” y es la “tergiversación”.

“Tergiversar”, ya sea a sabiendas o no, implica “dar vueltas algo” y “convertirlo” en algo diferente. Sabemos que la “mentira vulgar” se hace, se comete, es una construcción –y vaya creación! La “tergiversación” conlleva la elaboración de un sustituto de la realidad, de la autenticidad de lo real, “algo que es de un modo” se dice “de un modo diferente”, hay una mayor sutileza pero igual mecanismo.

¿Qué es lo que se hace cuando se “tergiversa” algo? Examinemos la etimología. La palabra “tergiversar” procede del verbo latino “tergiversor” y éste del verbo “tergeo”, que puede significar tres cosas, separadas, o juntas a la vez: “frotar, pulir, corregir”. Imaginémoslas juntas con este ejemplo en el que un escritor se equivoca al realizar su obra. Ante el hecho de haber escrito algo incorrecto, “frota” con algún objeto el material (una goma, por ejemplo) para tratar de borrar lo “fijado”. Luego, “pule” lo que haya servido de papel o soporte de la escritura, a fin de emparejar u homogeneizar la superficie y que no difiera demasiado de un escrito compuesto de una sola vez, y finalmente, “corrige”, es decir, pone lo que se quiso poner, pero, ahora, “correctamente”, y que por razones desconocidas no se ha podido hacer en un primer momento.

Quien “tergiversa” realiza una acción que modifica una realidad anteriormente expresada, no necesariamente “miente”, pero generalmente sí; es una habitual mentira “de hecho”. Podemos quedarnos conformes, pero no. El caso del escriba es el de muchos hombres. Hay “tergiversadores de oficio”, que responden a muy extraños y diversos intereses, y que van “retocando” realidades con fines no “superadores” y muy poco “nobles” (muchos lo van haciendo sobre la marcha, cuando se sienten amenazados o ven complicados en un diálogo o situación). En efecto, un escritor “tergiversa” cuando se equivoca y lo hace como remedio a una acción indeseada, pero hay una especie muy singular de mentirosos que “tergiversan” cuando desean usar el habla como medio “expresar o manifestar una cosa contraria a la realidad”.

En filosofía es preciso aprender a sospechar… a contemplar la realidad, tener íntima experiencia de las cosas, y sospechar… Pues hay muchos mentirosos, ocultadores y tergiversadores… Sabemos que ningún título habilita a transmitir “verdades”, sino que es la mismísima experiencia cotidiana y conquistada personalmente el título habilitante de la “verdad”.

También llamamos “verdad” a la expresión en lenguaje hablado de una existencia que “se ha desnudado (o que se está desnudando)” ante nosotros en un acto íntimo de contemplación frecuente. De ahí que también se pueda ser un “mentiroso, ocultador y tergiversador” en el intento de expresar “una verdad”, por más mínima que sea, si se intenta transmitir un hecho del que no se ha tenido experiencia. Es por eso que los “maestros” deben cuidarse de convertirse en mentirosos, ocultadores y tergiversadores, pues cuentan con las herramientas para transmitir o construir una verdad, una mentira o una tergiversación, y además, lo que es peor, disponen de su libre albedrío…

Eso es todo V.•.M.•.
  • Bibliografía: Prof. Pablo H. Bonafina
  • Fuente: Resp.•. Log.•. Simb.•. Gabriel René Moreno N°27

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