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“Vanidad, mi pecado favorito…”

Al más puro estilo dantesco he optado hoy por dar comienzo a este escrito referente a uno del peores reflejos de las miserias humanas y la pobreza espiritual que poseemos… la VANIDAD. Y es que en la “Divina Comedia” que es esta vida, podemos inyectar perfectamente esta frase, que coloco como título, en el guión que interpreta el “diablo” que ronda en rededor nuestro, para reproducir su parecer sobre los humanos y sus debilidad más terrible.

Nuestra institución reconoce tres grandes enemigos, la ambición la hipocresía y la ignorancia, pero estas son escondidas a menudo en la sutil y corrosiva fachada de la Vanidad, esa vanidad que junto a la prepotencia siempre son máscaras para esconder complejos. Porque jamás deben dudar que el vanidoso siempre es un ser lleno de complejos que intenta disimular la altura que a conciencia sabe que no posee. Por tanto hoy quiero desgastarme en navegar en este flagelo, no tan nuevo, de la masonería cubana… tanto dentro como fuera, recordando a su vez que todos sin excepción cometemos el mayor de los errores cuando optamos por abrirle la puerta y darle entrada a este vicio humano.

Tal vez, no sería nada genial (por obvio) afirmar que el descuido de este punto es en esencia pura ignorancia; así como que se llega a ella por meridiana ambición del que no teniendo nada que exhibir de su miserable vida espiritual intenta demostrar lo que no tiene o no es; o mejor aún, solo pretende engañar a todos e incluso a él mismo con forzada hipocresía que degenera en la destrucción de lo poco o mucho que hasta ese preciso momento haya construido en la vida. Los hombres que en algún momento han construido con sacrificio algo valioso, o al menos admirable, al permitir el desarrollo de este virus humano, terminan por ver como son devorados ellos y sus logros de una manera brutal sin huellas de su existencia.

En el caso específico cubano podemos citar un millón de ejemplos, incluso seguro estoy que cada uno de los que lea este artículo puede aportar los suyos propios. ¿Cuántas veces no hemos visto cuando el hermano que más ha sacrificado por la logia y por los hermanos, ve de repente destruida su reputación al equivocar el camino y creerse con derechos mayores a lo que ofrece el concepto de IGUALDAD de todos los masones? ¿Cuántos casos no existen de hermanos que creen merecer más respeto, ayuda económica, atención fraternal, o simplemente derechos a puestos o distinciones por encima del resto de hermanos? ¿Cuántos casos no hemos visto de hermanos que se consideran “intocables”? ¿Cuántos hermanos no vemos disgustarse cuando algún otro masón, con razón o no, diciente de lo que dice o piensa? En fin, cuantas veces no hemos visto o padecido el efecto incuestionable de la Vanidad en hombres que comenzaron un buen camino un día y terminan por equivocarse de objetivo. Los siguientes casos son ejemplos soberanos de lo que afirmo, e incluso de fácil comprobación del que me lea:

1. Arnaldo Gonzalez y Osmundo Cabrera: en un inicio masones esforzados, de elevada calidad humana, marcados por un profundo sentido fraternal que los llevó a representar para muchos, a esos masones que sin elevados conocimientos esotéricos, nos enseñan el otro aspecto importante de la Institución: la filantropía… que les sucedió cuando la vanidad llamó a su puerta y respondieron: se convirtieron en los ejemplos más próximos que pueden existir de todo lo que los Grandes Maestros de cualquier Gran Log:. del mundo no debe ser, autócratas, déspotas, totalitarios, ignorantes en grado sumo de los más elementales conceptos masónicos y soberbios manipuladores, y a su vez manipulados. Todo esto al punto de ser hoy simples desgastes totales de quienes debían convertirse en referencia de la institución para refugiarse en quedar de absolutos y terribles muestras del pasado.

2. Basilio Barreto: parecido comienzo masónico al de los anteriores, lo que en un nivel superior en dos aspectos principalmente: en el intelectual y en el conocimiento simbólico… que le sucedió una vez que la vanidad llegó a su puerta y atendió: se ha convertido en un vivo ejemplo del Masón Político y sin escrúpulos (una nueva raza en amplia proliferación), que por llegar al poder o alimentar su insaciable sed de gloria (muy pobre por cierto, porque esa es tan efímera como la vida misma) a apoyado y traicionado a tantos proyectos, que solo son contables con sus intercambios de posturas con los mismos y fracasos. Ejemplo vivo el de Collera, a quien apoyó primero y luego atacó, y al de Francisco Morales al que combatió, se alió y resignó en “apoyar”, en equilibradas maneras. Está tan empeñado en saciar su vanidad que ni siquiera su habilidad innata en la política le deja ver que se destruye por segundo, y que será recordado como el olvidado que mostró tantas caras y posturas como existieron en su época.

3. José Collera: indudablemente de lo más prometedor que ha surgido en un alto cargo en la Gran Log:. en mucho tiempo… claro con sus favores políticos pagos para ello (Basilio), pero con una aptitud (no actitud, esta nunca la demostró tener porque ya llegó contaminado al puesto) aceptable para enderezar un poco el rumbo traumático de la Masonería en Cuba en las cuatro décadas precedentes a su momento… lamentablemente se convirtió en la viva estampa de un hombre que sin lograr nada que no hubiera logrado otro vulgar hombre con las mismas “concesiones” que él tuvo, se elevó tanto en su ego que hoy está oficialmente expulsado, y digo oficialmente porque moralmente y empíricamente lo está desde hace mucho tiempo. Se ha destruido tanto en si mismo que para aliviarse el dolor ha tenido que recurrir hasta el cansancio a su sobredimensionado (por él mismo) pasado en cuanta idea sale de su cabeza, pues no recibe alimento desde hace mucho su naturaleza egocéntrica y Vanidosa. Hay que ver HH:. que la Vanidad nos disuelve peligrosamente.

4. Jesús Armada: hombre que se consagró en escalar al poder sin las grandes dotes de nada… o mejor dicho, de algo que no fuera específicamente mantenerse a flote en todas las “aguas”, como el caso de William Rojas, y que una vez llegada su oportunidad por “incondicional”, perpetuarse en el puesto que se le ofreciera poniendo en práctica lo aprendido en cabildeos y manipulaciones de sus “habilidosos” predecesores. Claro, en este caso también, la poderosa Vanidad ha hecho su trabajo y marcado infinitas y notorias huellas, que hoy degradan su anquilosada y paupérrima imagen institucional, así como a la institución que representa milagrosamente. Tal parece que la palabra soberano a calado tan profundo en su debilitada conciencia que verdaderamente se ha creído el juego y funciona hoy como un monarca medieval, claro sin reino, con todos sus atributos miserables: despotismo, irrespeto absoluto por sus semejantes, irrespeto a la ley porque terminan por considerar que la ley son ellos, miedo al libre pensamiento, en fin Vanidad en grado sumo. Pero como todos terminan por desconocer que el peor error de los hombres es cuando sus errores les hacen pensar que nunca se equivocan, la finalidad es que terminan perdiendo los sentidos, no oyen, no sienten, no ven.

En fin, si continúo este escrito crecerá a cuartillas insospechadas. Pero sin duda alguna siempre existe un denominador común: la Vanidad, el pecado favorito del vicio.

Pero es tan grave esta situación que ni siquiera nos percatamos que todos padecemos de ella en alguna medida, pero peor aún, estamos alimentándola constantemente con nuestra despreocupación de su existencia en nosotros mismos. No dude nadie que todos las tenemos, pero la diferencia está en el desarrollo que le hemos permitido hacer en nuestro carácter. A eso que llamamos “tener los pies en la tierra” es tal vez la manera en que llamamos mantenerla a raya. Cuenta la historia que el emperador Marco Aurelio tenía un ayudante cuya única misión era que cuando el emperador caminase por la plaza entre vítores y glorias, este le recordara diciéndole al oído la frase: “recuerda que solo eres un hombre…” Dios nos libre, hermanos míos, de la Vanidad, pues terminará adueñándose de nuestro destino. Que siempre mantengamos pulcro ese sentimiento que nos hizo entrar un día a un templo, y que esta institución majestuosa no sea como muchos piensan en la actualidad, solo una escuela de Vanidades. No debemos olvidar que el collarín, los mandiles, los guantes, los honores, las medallas, los diplomas, los cargos, los grados, los puestos, son solo trapos o papeles, que como elementos especulativos deben contribuir a que con nuestra formación espiritual y humana los honremos, nunca al revés, porque entonces nos detuvimos y comenzamos a involucionar en nuestra alquimia personal, convirtiendo el oro en plomo. Ayudemos todos a clausurar nuestra interna puerta a la vanidad, y ayudaremos a mostrar un ejemplo a todos de lo que queremos. Libertad, Igualdad y Fraternidad hermanos es un buen comienzo…

Al signo de orden, SFU:.

VH:. René R. Serrano
Ex M:. de Log:.
Gr:. 25

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