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Uruguay: El poder de los masones

FELIPE LLAMBÍAS

Fernando Amado, de 29 años, 

a escrito su segundo libro sobre el tema. 
La masonería uruguaya
Con apenas 29 años, Fernando Amado ya escribió cinco libros, vendió 38.000, algo más que los votos que precisó en 2009 para ser diputado. En una nueva investigación sobre la masonería habla de los miembros ilustres, la influencia de Tabaré Vázquez y la relación con la salud, la Justicia y los militares uruguayos.

Como todo asunto secreto, la masonería despierta curiosidad en todo el mundo. Pero en Uruguay, con una de las hermandades más grandes e influyentes del globo, el atractivo es mayor. Eso fue lo que impulsó a Fernando Amado, de 29 años, a escribir su segundo libro sobre el tema. La masonería uruguaya. El fin de la discreción, que está en las librerías desde el viernes ($ 430), se mete en la relación que tiene la institución con la medicina y la Justicia, la influencia de Tabaré Vázquez sobre estas logias y el boom masónico que generó el expresidente. "Hay un antes y un después desde que tomó estado público la condición de masón de Vázquez. Era novedoso que el primer presidente de izquierda del país además fuera masón, en una izquierda que se había alejado bastante de la institución porque la veía como un lugar de conservación del statu quo. Sin querer puso a la masonería de moda y pasaron de ser los malos de la película a ser los hermanos de Tabaré".

-¿Cuándo entró Vázquez a la masonería?

-En 1987. Se inició, hizo todos los pasos y para ello participó de la masonería semanalmente cuando ingresó, hasta alcanzar el grado 3, de Maestro masón. Pero no ha sido un masón dedicado, militante. No le interesó continuar creciendo en la escala, aunque nunca dejó de participar en ocasiones especiales.

-¿Por qué ingresó?

- Es complicado de desentrañar. Gente muy cercana a Vázquez y altos grados de la masonería coinciden en que fue llevado por un gran amigo socialista que integra una logia en Florida. Empapado de los principios masónicos de igualdad, libertad y fraternidad, y al ver referentes socialistas que habían sido masones como Ernesto Guerrini, uno de los fundadores del Frente Amplio, o Salvador Allende, ingresó. Luego, dentro de la masonería cultivó otras amistades, como el caso de Óscar Magurno. Además de la relación patrón-empleado que existía desde antes, luego está esto más que los une.

-¿Por qué los masones eran los malos?

-Ha habido una prédica negativa y difamatoria desde la Iglesia Católica hacia la masonería. La discreción especial que linda con el secreto hace que la gente que no la integra elucubre cualquier tipo de fantasía respecto a lo que se hace dentro de esos templos y también ese poder en las sombras y la incidencia en el mundo civil. Otra razón para que fueran vistos como los malos es haber podido sobrevivir a las dictaduras militares. Eso estigmatizó a la institución como una que se acomodaba para tratar de seguir más allá de las circunstancias políticas que se vivieran, que algunas figuras muy cuestionadas integren la hermandad y sin querer, o queriendo, no lo sé, se fue derechizando. La masonería en general ha sido muy colorada y de muchos militares, más allá de que hay de todos los pelos.

-¿Sigue siendo colorada?

-Está cambiando. Después del cimbronazo de Tabaré Vázquez, mucha gente que sentía que aquello era un refugio del statu quo y un lugar que no coincidía con su pensamiento rompió el hechizo negativo y hoy en ese boom masónico hay muchos ingresos de gente que vota de todo.

-¿Qué profesiones están más ligadas a la institución?

-Es notorio que dentro de las Fuerzas Armadas (FFAA) históricamente ha habido una presencia de masones importantes y por tanto es más fácil que un militar invite a otro para ingresar. Y la medicina no escapa, sobre todo algunas instituciones como La Española. Los médicos masones le llaman jocosamente "la casa de atrás", por la sede de Cassinoni. El otro punto fuerte es el de los jueces. De la política diría que en el pasado sí, era una cantera muy atractiva, pero ahora no tanto.

-¿Existe interés por tener aliados y mantener un círculo de poder?

-Ese es el gran debate de la masonería hoy. Por un lado está el auge. Es gratificante para ellos sentir que los templos están llenos y que hay más interés por ingresar. Son más potentes porque pasaron de 3.100 a 6.000 hermanos. Hay un estado de ánimo muy optimista por eso. Pero hay una contracara. ¿Por qué ingresan? ¿Cuál es su causa para integrar la hermandad? Hay quienes se interesaron para utilizarlo como vehículo de acomodo, de forma de trepar en el poder o de pertenecer a un grupo donde uno puede ir a hacer lobby. Hay gente que entró por razones románticas y otros que lo hicieron para descubrir esa película que todos nos hacemos con lo que es oculto.

-De los 3.000 que entraron en los últimos seis años, ¿qué grupo de los que mencionó prima?

-Lamentablemente, ha habido mucha gente que ha percibido esa visión, que a mi juicio es exagerada y algo fantasiosa, de que la masonería puede ser un vehículo para ascender en su profesión o conseguir beneficios. Ese es uno de los grandes problemas con los que tendrán que lidiar. Estoy convencido de que no es eso, pero en determinados hechos la presencia de masones ha sido muy importante y en ciertos casos, algunos han distorsionado la fraternidad y utilizado como una pantalla para la ayuda mutua. Desvirtuaron la esencia de la masonería. Acá hay una realidad en la que me incluyo: el uruguayo es un tanto hipócrita, tiene varios cánceres como la viveza criolla o el doble discurso. La gauchada ajena es condenable, pero "si es para mí no". Eso influyó para que muchos piensen equivocadamente que ingresar es una especie de seguro.

-¿Vázquez distorsionó esto al poner masones en cargos de poder en su gobierno?

-Vázquez fue culpable de lo bueno y lo malo. Así como se desexorcizó la masonería para el ciudadano común, notoriamente apeló a colocar en puestos clave de las cúpulas militares a quienes también eran masones. ¿Por qué? Mi interpretación es que Vázquez llegó al gobierno desde una fuerza política enemistada desde su nacimiento con los militares. Ese desencuentro histórico del Frente Amplio con las FFAA hizo que necesitara una llegada lo más amortiguadora posible. En el primer año mantuvo a quienes estaban en su puesto y nombró a quienes eran los primeros en orden de antigüedad. Pero ya en el segundo año tomó decisiones diferentes y se da el hecho inédito de que los tres comandantes en Jefe, Enrique Bonelli (Fuerza Aérea), Juan Fernández Magio (Armada) y Carlos Díaz (Ejército) eran masones. Lo mismo pasa con los ascensos a General. Ya que no tenía afinidad político-partidaria y ya que no tenía un relacionamiento fluido, apeló a la única cercanía que podía tener para lugares tan delicados en la trama del poder.

-¿No está justificando algo que si fueran parientes en otros ámbitos se reprueba?

-No es fácil para mí hacer aseveraciones en este sentido porque puede interpretarse que estoy haciendo política con el tema. Tengo la alegría que quienes leen mis libros destacan el intento de lograr un grado de objetividad muy importante. De alguna manera, nombrar a militares por su condición de masones no fue ético. Como se empezó a decir dentro de las FFAA cuando Vázquez era presidente, parecía que había que ser masón para aspirar a un cargo, cuando en realidad para ser el primero en cualquier profesión lo importante es que se sea un buen profesional. Es poco transparente y no contribuye a que en las FFAA estén los mejores. Debo decirlo, porque me consta, que algunos de los que fueron designados, además son excelentes profesionales.

-¿Hubo una remasonización de las FFAA tras esos hechos?

-Increíblemente sucedió eso. Hubo una gran preocupación desde la masonería e incluso desde las FFAA. Muchos se enojaron y otros decidieron ingresar. Una gran cantidad de esos 3.000 nuevos masones son militares. Eso genera al final el resultado inverso, porque habrá tantos integrantes de la masonería que eso no va a ser un diferencial.

-¿Los nuevos masones se han beneficiado, con dinero o poder?

-Creo que no y quienes ingresaron con esa expectativa probablemente hayan abandonado o la abandonen, salvo que los haya conquistado el lado romántico y principista. Que haya quienes la utilizan mal es una cosa, pero la verdadera esencia es tratar de perfeccionarse como personas.

-¿Qué tan grande es la masonería uruguaya?

-Es enorme. Antes del boom masónico ya era, proporcionalmente, muy fuerte. Es la más numerosa y discreta del mundo.

-¿Cuánto paga un masón por pertenecer?

-Hay logias de tres tipos: las austeras, donde la mensualidad puede ser entre 300 y 400 pesos; las medianas, donde puede estar en el orden de los mil pesos; y después hay algunas, sobre todo la logia Fe que concentra gran poder empresarial, donde la mensualidad está en el entorno de los 150 dólares.

-¿A mayor cuota, mayor poder?

-A mayor cuota, más selectividad respecto al núcleo social y económico del que proviene. Pero hay logias austeras integradas por connotados políticos o destacados miembros de la sociedad.

-¿Hay masones pobres?

-No. Para ingresar a la masonería uno tiene que pagar. Por eso los masones no tienen prurito en decir que la masonería es selectiva y no es para cualquiera. Esa es una discusión que tienen que darse, porque si es un camino iniciático para hombres que tengan solo como condición ser libres, de buenas costumbres y que profesen los mismos ideales, importaría poco de dónde vienen y en dónde están. Pero la realidad hace casi una misión imposible que a un masón se le pase por la cabeza invitar a un ciudadano que no está cerca de determinados círculos.

Chediak y una "Justicia paralela"
En la masonería existe una "Justicia paralela" a la ordinaria, afirma Fernando Amado, autor de La masonería uruguaya. Un Tribunal Masónico debe resolver los diferendos entre los integrantes y, ante todo, tratar de que se pueda resolver internamente y no llevarlo al mundo real. El ministro y expresidente de la Suprema Corte Jorge Chediak, que además preside el Tribunal Masónico, denunció ante la Justicia un robo dentro de una logia. "Chediak podía hacer caso omiso al tema y no nombrarlo en la Justicia porque ya se había purgado a ese mal masón, pero la Constitución de la República mandata y nos obliga a los funcionarios públicos a denunciar cualquier delito del que tengamos conocimiento", señala. Una circular interna le aclaró luego a los integrantes la situación de Chediak y en el cuarto punto dijo: "La Gran Maestría entiende que antes de proceder a formular una denuncia penal debe siempre sopesarse el impacto en la opinión pública y especialmente las consecuencias que el impacto en la opinión pública puede acarrear en los hermanos denunciantes y en todos los que intervienen en el proceso disciplinario masónico". Amado lo interpreta como un tirón de orejas a Chediak. "Como ciudadano apegado al estado de derecho esto me hace ruido".

Preocupación entre masones por Amado
-¿Le preocupa a la masonería que publique este libro?

-Sí, me consta que le preocupa. El fin de semana pasado, como es habitual todos los años, se hizo un encuentro donde van las máximas autoridades de la masonería. Una de las conclusiones de la mesa de relacionamiento con el mundo profano fue: "Se entiende que lo que no comuniquemos nosotros de alguna manera lo pueden estar diciendo otros, como por ejemplo Amado (libro En penumbras), que nos ubica exactamente del lado opuesto al de la luz que pretendemos irradiar". Un libro escrito por un profano que desnuda cosas positivas y negativas hace que ellos piensen si no es mejor que lo hagan ellos mismos.

-¿Van a nombrar un portavoz o alguien que les escriba la historia oficial?

-Están sugiriendo eso porque quieren tener bajo control lo que se dice de la masonería. Prefieren tener un portavoz o alguien encargado de la comunicación para minimizar las fugas de información. Es evidente que nunca voy a poder escribir como masón porque no lo soy. Para ellos debe ser muy difícil escribir sobre aspectos negativos que han tenido algunos integrantes.

Fuente: Diario EL PAIS / Cortesia  Daniel Laurens

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