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EL LAICISMO COMO VIA PARA PROMOVER LA LIBERTAD DE CONCIENCIA

    
 

CIMAS 6tº ENCUENTRO   QUITO  -  ECUADOR

                    GRAN   LOGIA   ORIENTAL  DEL  PERÚ

 EL LAICISMO COMO VIA PARA PROMOVER LA LIBERTAD DE CONCIENCIA

Ilustre Presidente de CIMAS, QH.: Elbio Laxalte Terra
II.:GG.:MM.: y GG.:MMa.: de las diferentes Obediencias y QQ.:HH.: todos; mis saludos fraternos a vosotros.

 Como dijera el periodista ecuatoriano Jeamil Burneo, iniciaré citando el tema, del acopio de frases ajenas: “que el laicismo no es otra cosa que un marco de relación en el que los ciudadanos podemos entendernos, sin entrar en temas a los que cada individuo aplicamos nuestras íntimas convicciones personales. Laicismo es levantar puentes que permitan comunicarnos desde la desigualdad, pero en convivencia, porque se trata de unir lo diferente."

 Como todos conocemos, el laicismo nació como una barrera que debe proteger la libertad de pensamiento frente a la superstición, al fundamentalismo, al totalitarismo; por ello considero, que es el faro que debería irradiar tolerancia sobre la sociedad; el laicismo hoy mas que nunca, hace honor  a su definición contra cualquier tipo de dogmatismo, sea político, social, económico o religioso.

 El Laicismo  ha reclamado siempre por el derecho a creer en cualquier deidad o principio religioso como derecho a la discrepancia, entregando al estado la obligación de garantizar este principio de contenido político y filosófico. Bajo el principio de que la soberanía reside en el pueblo y  que este delega sus facultades en el Estado, como pacto social, surge para el Estado la obligación superior de garantizar, entre otras materias, la tolerancia religiosa y no confesional, precisamente el Estado por ser democrático, es fundamentalmente laico, en el doble sentido de ser neutro y prescindente en materia de creencias y garantizador de la libre práctica y adhesión religiosa de los miembros de la sociedad, así como el respeto hacia quienes no profesan religión alguna.

 La naturaleza de esta prescindencia obliga al Estado a no privilegiar a ninguna organización religiosa, no destinando recursos y menos permitiendo la influencia estatal, en desmedro de los demás para la práctica y desarrollo  de sus creencias, como expresión de libertad, igualdad y tolerancia.

 En situación similar, pero en sentido inverso, se sitúa el  laicismo político, es la exclusión de la injerencia de las iglesias religiosas en las decisiones políticas del Estado, ello implica el real respeto por los derechos humanos, por la libertad del hombre en las decisiones de gobierno, por la neutralidad de los poderes del Estado y sus órganos en materia religiosa, fijando las políticas públicas de modo de permitir libremente las posibilidades para que cada uno decida, conforme a su mas recto y leal entender, en materias de tipo moral; esas políticas públicas deben también considerar a las inmensas masas de población que por carecer de recursos no tienen acceso a la educación de calidad por lo que es pasto fácil de influencias de iglesias y sectas religiosas fanáticas y dogmáticas, que tienen como trasfondo el premio o castigo divino.

El principio laicista postula, en cuanto señal y cifra de la modernidad como hito histórico irreversible del autoconocimiento y la auto liberación del ser humano, la protección de su conciencia libre y su privacidad, desalojando radicalmente en el Estado toda pretensión de instaurar en  ella un régimen normativo privilegiado a favor de cualquier fe religiosa que aspira a "Institucionalizarse" en formas de ente público al servicio de una supuesta revelación sagrada o mandato divino.

En el caso de mi patria, el Perú; de acuerdo a la constitución peruana, se declara como un estado laico, es decir, dónde las personas pueden optar por profesar una libre religión (de acuerdo a la tradición o convicción). Además existe un mutuo respeto entre la Iglesia y el Estado, fundamentado en la autonomía de cada parte. Los problemas surgen  cuando los políticos y funcionarios basan su actuar en dogmas religiosos y cuando miembros del clero se inmiscuyen en temas políticos, económicos y administrativos. 

Si bien es probable que la religión (por el mismo hecho de ser una guía de valores morales) influya de manera directa en la vida de cualquier funcionario, debe primar su racionalidad y objetividad en cualquier trabajo en el que se desempeñe. Además, se deben desdeñar prácticas arcaicas, tales como utilizar la Biblia para argumentar a favor de algún tipo de legislatura o propuesta electoral. Esta práctica, se da especialmente en temas referentes al aborto, matrimonio homosexual, etc.

Caso contrario, es el de autoridades eclesiásticas que influyen directamente en la política nacional, cuyo caso más representativo es del cardenal. Si bien el cargo de cardenal de Lima lo hace una autoridad eclesiástica católica y de aceptación para los fieles de dicha iglesia, es tremendamente notoria la influencia que ejerce en los miembros del gobierno. Tal es así, que muchos le consideran un aliado valioso y posee injerencia principalmente en temas referentes a la libertad política.
Por último, existen políticos que aprovechando la mayoría de la población que profesa la religión católica (alrededor del 85%) buscan endosarse votos manteniendo cordiales relaciones con los altos cargos de la Iglesia Católica. Resulta así, en una actitud paupérrima por parte de estos políticos, que sin ser practicantes de la religión (salvo por el simple hecho de haber participado de algunos ritos y sacramentos) quieren hacer gala de su “amor por Jesucristo”. Y claro, no puede faltar la cruz o el rosario en las manos, todo el teatro por mostrarse más cercanos a la mayoría católica, y así más cercanos a sus votos.
El principio de laicidad, es el ejercicio pleno de la libertad del sujeto, el Estado laico es la reivindicación de cada uno de nosotros por escoger, libre y racionalmente, una manera de ser felices, y que esta decisión sea respetada y protegida por el Estado peruano. Lo cual implica que todo rezago de paternalismo, por el cual la persona debe ser tutelado para la toma de decisiones, debe ser abolida. Esta premisa cobra especial relevancia para las mujeres peruanas, cuando se les entiende como seres indefensos, en riesgo o vulnerables, o cuando se les asemeja a los niños y a los ancianos por una supuesta incapacidad para valerse por sí mismas.

El Estado laico peruano, es necesario para que a través de la familia y la escuela se consolide la construcción del sujeto, porque son las instancias que permiten (o impiden) la instauración de una identidad individual moderna. Pero no hay que dejar de lado tampoco la importancia de una revolución simbólica que acompañe la construcción de esta nueva individualidad, aquella en la cual se acepta las consecuencias de cada acto individual y en la que prime el principio supremo de la libertad. Una libertad que para que sea real,  debe contemplar también las diferencias de género que hoy limitan a más de la mitad de nuestra población peruana; es por ello que grupos feministas reconocen la necesidad urgente de un verdadero estado laico en nuestro país.

Como Masón, estoy plenamente convencido, que el laicismo es una forma de vida; de observar al mundo, de comprender nuestro entorno con tolerancia, aceptando al resto, siendo demócratas, humanistas, buscando que todas las personas se desarrollen con las mismas oportunidades para así, constituir una sociedad mejor sin exclusiones religiosas, raciales, de origen, políticas, de sexo; en conclusión, de ningún tipo.

Es innegable el hecho de que la masonería constituye la representación máxima del laicismo; prueba de ello, son los muchos personajes protagónicos de la historia que han pasado por nuestros Templos y han luchado por un mundo mejor  con libertad material y de conciencia y por la existencia de un mundo laico, vale decir, donde el Estado sea independiente de cualquier influencia religiosa al momento de tomar medidas que contribuyan al bien de todos sus miembros, ya sean religiosos o no.

Por lo antes dicho, puedo concluir, que la masonería y el laicismo no persiguen la negación de las religiones, sino el respeto por la LIBERTAD DE CONCIENCIA, en razón a ello, es posible alcanzar la libertad para el hombre y para el sistema social democrático y  por lo tanto, es la laicidad el camino de su construcción y su conquista.

Gracias
Walter Vargas Potocarrero              
Past Gran Maestro -GLOPERÚ            
Quito Ecuador, 23 de Setiembre del 2011

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