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Masones visitan la tumba del Gral. Vicente Guerrero en Cuilapan, Oax.

Foto de cuando visite el lugar donde fue fusilado el Gral, Vicente Guerrero.
Parte posterior del Convento de Cuilapan, Oax., la ventana pequeña donde se encuentra una placa alusiva donde el Gral. Vicente Guerrero estuvo prisionero, en este lugar fue fusilado la mañana del 14 de Febrero de 1831

Por Rodolfo Sámano García

Después del fusilamiento del Gral. Vicente Guerrero en el Convento de Cuilapan, Oax., la población aun no salía de su asombro de lo que había sucedido, una gran inconformidad se manifestaba en todos los sectores sociales y se preguntaban: ¿Cómo era posible que en ese lugar se hubiese cometido la culminación de una traición en contra de la Patria mexicana? ¿Cómo los oaxaqueños habían permitido que se hubiese fusilado al gran insurgente que desde 1815 estuvo al frente de los ejércitos que buscaban la independencia y que desde entonces no había descansado un momento en ver una Patria libre? ¿Por qué haber permitido la sociedad oaxaqueña en que su territorio se hubiese fusilado al Presidente de la República, el Gral. Vicente Guerrero?

El 30 de Enero de 1833 llegó a Cuilapan un grupo de masones para rendir un homenaje póstumo ante la tumba donde descansaban aun los restos del Gral. Vicente Guerrero, allá en el Convento de Cuilapan, una sencilla ceremonia fúnebre, tierna y conmovedora, entre ellos el Comandante General de Oaxaca, Don Isidro Reyes;

“…En el lugar de la ejecución el cura párroco Don Ramón Castellanos pronunció un breve, extraño y significativo discurso en elogio de los que así se rendían respetuoso culto a la víctima ilustre…”

“…Alocución del Sr. D. Ramón Castellanos, cura propio de la parroquia de Cuilapan, dirigida a sus feligreses en el acto de concluir el solemne responso que le cantó al Exmo. Sr. D. Vicente Guerrero el día en que el Sr. Comandante General del Estado de Oaxaca, en compañía de muchos patriotas, visitó el sepulcro del héroe..”

“… Feligreses y amigos míos: Las tiernas demostraciones de gratitud y reconocimiento que habéis visto practicar en este día a los distinguidos patriotas de Oaxaca, y en la que derramando copiosas lágrimas sobre el sepulcro del distinguido y benemérito Campeón de la patria, el excelentísimo señor general ciudadano Vicente Guerrero, para honrar sus veneradas cenizas con humildad, con respeto y religión, al mismo tiempo que han movido mi compasión y afecto, me han llenado de la más alta satisfacción y complacencia: En esta ocasión encuentro oportunidad para instruiros de una verdad que se palpa, y que muchos de vosotros habéis vivido ignorantes: quiero decir, que estos patriotas que hasta el día han llamado vinagres, titulándolos herejes, masones y libertinos, son en realidad cristianos, hombres de bien y acreedores a todo el aprecio y consideración de los hombres sensatos y liberales: ellos lo manifiestan a todas luces, y yo admiro más y más la mordacidad con que han sido deshonrados por el partido contrario: unos hombres que aborrecen el servilismo y la esclavitud; que defienden su patria, leyes y Constitución, y que detestan la perfidia y traición de los Borbones y de los adherentes a ellos, entiendo que por estos principios tan apreciables, no merecen quimeras ni apodos tan denigrantes; y si se fija la atención en sus sacrificios voluntarios, se confirma mucho más lo que os acabo de hablar, porque viniendo a visitar el sepulcro del Héroe del Sur, que injustamente sacrificaron como a un malhechor siendo el libertador de la opresión de los iberos, ellos han reconocido a un Dios, cuya misericordia es infinita, y de la que esperan el descanso eterno del alma de nuestro finado; arrodillados en la presencia del Señor, con humillaciones y lágrimas lo han pedido y suplicado: esta conducta manifiesta su fe, su piedad y su religión, y no menos su patriotismo y adhesión a las instituciones liberales; finalmente, en este día han manifestado delante de todo el pueblo que son cristianos y no herejes; libres y no serviles; no os dejéis seducir de falsas especiotas; uníos a sus votos, y rogad con ellos al Ser Supremo, para que, por su misericordia, el alma del señor Guerrero y de los demás fieles descansen en paz. Dije. Presbítero, Don Ramón Castellanos. Cuilapan a 30 de Enero de 1833…”

RIVA Palacio, Vicente.- México a través de los Siglos.- Tomo Cuarto: México Independiente 1821 – 1825; 11ª edición, Editorial Cumbre, S.A., México 1974, pág. 310.

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