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Discurso en Homenaje al Insigne Masón Don Eugenio Espejo -CIMAS 2011 QUITO-ECUADOR

CONFEDERACIÓN INTERAMERICANA DE MASONERÍA SIMBOLICA
Libertad – Igualdad - Fraternidad




Homenaje al Insigne Masón Don Eugenio Espejo


Hermanos y Hermanas, amigos y amigas

Hoy reunidos aquí masones de tres continentes, rendimos homenaje a un Americano Universal, a un hombre del Siglo de las Luces, en nuestro continente. Fue un Precursor, para muchos, de la independencia ecuatoriana. Sin dudas tienen razón los ecuatorianos. Pero, yo voy a hacer otra lectura, y voy a hablar en este homenaje, de Eugenio Espejo como unos de los momentos importantes de la conformación del ser americano, de la idea americana, de esa idea que nos une a lo universal, desde lo particular, desde nuestra esencia, tantas veces fragmentada, destruida, desculturizada, colonizada, también replegada, incluso muchas veces sectarizada, pero que resurge siempre desde una visión, una perspectiva abierta, nueva, histórica, para ayudarnos a descubrir, reafirmar nuestra identidad americana, como plural, diversa, pero con una impronta común en la cual nos reflejamos, nos comparamos y nos sentimos como seres americanos, pero dentro de un contexto universal.

Esa fue la idea que muchos otros americanos, muchos de los cuales fueron nuestros Hermanos masones aportaron y dieron continuidad de época en época.

Hubo una corriente que fue rescatando a lo largo de los siglos esa esencia, nuestra particularidad, o enmarcándonos en un proceso de identificación, a partir del descubrimiento de nuestros propios procesos históricos, que nos hacen únicos. Tal vez haya que arrancar con Fray Bartolomé de Las Casas, en su “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” en 1552, donde empieza la toma de conciencia de que de la destrucción, y del injerto europeo, está naciendo en una larga, difícil y azarosa historia, un sujeto nuevo.

Habría que hablar del limeño Antonio de León Pinelo, en su novela “El paraíso en el Nuevo Mundo” de 1650, donde se atreve a dar vuelta a la historia, y presenta la llegada de Colón como el cierre de un proceso de descubrimiento del paraíso terrenal, que está aquí, y no donde las fuentes cristianas lo ubicaban primigeniamente.

Están las “Primicias de la Cultura de Quito” de Eugenio Espejo de 1792, donde se construye un humanismo ilustrado adaptado a las particulares circunstancias americanas.

Están las “Cartas de Jamaica” de Simón Bolívar, de 1815, donde se presentan las ideas de progreso de Bolívar para nuestro continente, partiendo de su realidad, que conocía perfectamente.

Está “Las Sociedades Americanas de 1826” del maestro Simón Rodríguez.

O, las “Ideas para presidir a la confección del curso de filosofía contemporánea” de Juan Bautista Alberdi, realizada en 1840 en el Montevideo sitiado y en guerra.

Tenemos a Francisco Bilbao, en su vibrante “Evangelio Americano” de 1864.

Y “Nuestra América” de 1891 de José Martí.

Masones, buena parte de ellos, hijos de la Ilustración, conscientes de la necesidad de la emergencia de ese ser americano emancipado. Por ello no puse nacionalidades en ellos, porque ellos mismos en su pensamiento trascendían sus nacionalidades para ser hombres americanos. A los que habría que agregar sin dudas, a otros ilustres ciudadanos de este continente, como José Ingenieros, Alejandro Korn, José Gaos, Arturo Ardao, Leopoldo Zea, y otros.

Eugenio Espejo fue un hombre preclaro, con conciencia de su época, paridor de una época nueva que sabía que se venía y que ayudaba a construir. Consciente de que si las circunstancias nos hacen, nosotros también hacemos a las circunstancias, es decir, teniendo la conciencia acabada de ser un sujeto histórico, que tiene una herencia (no en vano era de descendencia indígena) pero que estaba en una época, y que era intermediador hacia otra época. Como dice Arturo Andrés Roig, es “un sujeto que se reencuentra consigo mismo como ente histórico. Es decir, como ente que, frente a su propia sociedad, parte del presupuesto de que es posible la resistencia, la emergencia y la transformación, por lo mismo que se trata de cosas humanas”. Es decir, y tomando nuevamente a Roig: “No hay sujeto dado, previo a una realidad, sino un sujeto que surge, se construye y se auto-reconoce como parte de una misma realidad”.

Ese es el espíritu de las “Primicias de la Cultura de Quito”, el periódico editado por Eugenio Espejo. No en vano, “primicia” quiere decir “fruto nuevo”, o “primeros frutos”; en donde enunciaba que “El conocimiento propio es el origen de nuestra felicidad”. Se nota, en estas expresiones su neta vinculación con la Ilustración, con la definición que el siglo de las luces dio al ser humano, y de cómo el conocimiento, esos primeros frutos, son los que trabajarían para darle adultez al ser americano en gestación. Conocimiento, justamente, que es lo que permitía la toma de posesión de nosotros mismos y del mundo, a través del conocimiento de ese nosotros y de ese mundo.

Por ello, Espejo señalaba en las Primicias: “El hombre público que sin duda lo es el que sacrifica sus luces y su pluma al servicio de su Patria, debe observar qué género de voz, de gesto, de acción, de habla, de interés, de asunto, conviene y se adapta al niño, al joven, al varón, y al anciano”. No se trata de que alguien reciba sin más, conocimientos de las más variadas cosas; se trata de con los conocimientos ayudar a construir un ser humano más lúcido, más consciente, más libre en su subjetividad; es decir, ayudar a despertar las conciencias, construir el sujeto que comprenda el mundo, que se posicione respecto al mismo, y que pueda volverse un agente de su propia transformación.

Sintetizando, mis Hermanos y Hermanas, el pensamiento de Eugenio Espejo configura una exitosa adaptación de las ideas de la Ilustración al entorno colonial americano. Afirmaba la necesidad de una emancipación de España, promovía la igualdad de todos los ciudadanos y la nacionalización de las propiedades eclesiásticas. En su ideario aparecía por primera vez la igualdad de los indígenas con los criollos y también, por primera vez, planteaba los derechos de la mujer. En su corta vida, de apenas 48 años, fue investigador científico, médico, escritor, abogado, periodista, pensador, y político. Por sus ideas, estuvo varias veces en prisión, en donde finalmente murió.

Al celebrarle, la Confederación Interamericana de Masonería Simbólica, reunida en Quito en su 6º Encuentro, le rinde homenaje a todos nuestros Hermanos y Hermanas que a lo largo y ancho de nuestro continente, dieron en el pasado, y dan en el presente lo mejor de si por la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, y el progreso de sus sociedades y países, siguiendo la vocación constructiva de la Franc-Masonería Universal.

Muchas gracias

Quito, 23 de setiembre de 2011.


Elbio Laxalte Terra
Presidente de CIMAS

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