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EL MAZO


EL MAZO


Por Iván Herrera Michel

El Mazo es una herramienta manual que se usa en la construcción para golpear directamente, o por intermedio de otro instrumento, un material con el fin de producir un determinado efecto en él.

En la Masonería, se usa la figura del mazo que golpea un cincel para simbolizar la voluntad y la fuerza material aplicadas a la desbastación de las asperezas de la propia Piedra Bruta en el afán de convertirla en Pulida y apta para la construcción de nuestra mejor forma de ser.

Es una acción que se sugiere que no se ejerza por reflejo o hábito, sino que, por el contrario, comprometa la capacidad libre del Masón de autodeterminarse y pasar a la gestión elegida. Una acción, que en términos aristotélicos, conlleva opción, decisión, transformación de la realidad y creación.

Es decir, que el mazo le simboliza al Masón su potencial para estimular su conducta, impulsándola hacia un destino previamente autodecretado, de acuerdo con su moral personal y su ética social.

Esta voluntad, independiente de cualquier imposición externa, presupone la existencia de dos o más opciones viables, y el tomar un camino con base en una decisión pensada o deliberada que no sea mecánica ni automática. En este contexto, Nietzsche afirmó que la voluntad supone una competencia y una lucha entre una parte de nosotros mismos contra otra.

La voluntad conciente precede a la acción, y por eso podemos detenerla desde las ideas antes de ponerla en movimiento. Es la fuerza deliberada de nuestros pensamientos, con pleno y responsable conocimiento de las causas y sus efectos, y con control absoluto sobre sí mismo.


La volunta conciente del Masón, requiere renuncias y expiaciones, así como el obligarse desde un principio a hacer cosas que le cuestan, a organizar un plan de vida, a aplazar el placer, a administrar sus pasiones y a jerarquizar sus valores. Y por último, a entrar en acción en la dirección resuelta.

La destreza de un Masón para el uso del mazo requiere concentración, disposición, consistencia y tenacidad en el seguimiento de un ideal hasta alcanzar el resultado propuesto. También demanda medida y certeza en el golpe, en una tarea que exige cuidado, ya que el real fin de la voluntad Masónica es obtener una victoria sobre nosotros mismos, para, a partir de allí, construir una vida que nos agrade.

Mucha fuerza en el golpe con el mazo puede estropear la obra, y muy poca, hacer ineficaz el trabajo. De igual manera, un golpe errado puede malograr el resultado deseado.

De allí, la necesidad del Masón de dominar los impulsos de su voluntad, en el afán de ser responsable de su desarrollo personal y dueño de su devenir, en una tarea que exige mucho cuidado y no poca destreza.

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