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ROSARIO DE ACUÑA UNA MUJER MASONA


Por Ricardo Fernández
V:. M:. de la Logia Rosario Acuña
Oriente de Gijón

Cuando una serie de francmasones nos reunimos para fundar el proyecto masónico en los Valles de Asturias, bajo los auspicios del GOdF, se propuso como título distintivo el de una mujer: Rosario de Acuña, acción que marca una serie diferencias: en primer lugar porque definíamos que el lugar de trabajo ideal para nosotros es la ciudad de Gijón, segundo porque tomábamos como título distintivo el nombre de una librepensadora y referente social y político de la ciudad en la que estamos instalados y, tercero que siendo un taller masculino optamos por imponer a nuestro taller un título referido a una mujer, con la intención de recuperar sino a la mujer dentro de nuestros trabajos, lo cual no nos es permitido por nuestras Constituciones, si al menos tener ese espíritu y casi utopía como meta.

¿Pero quien era Rosario de Acuña?

Rosario de Acuña y Villanueva nació en las tierras madrileñas en 1851, en cuna nobley emparentada con el viejo Obispo Acuña, aquel que encabezó el movimiento comunero castellano.

Rosario de Acuña tiene en Madrid una activa vida literaria y pública, no carente de polémica, pues sus obras teatrales, como El padre Juan, le traerían más de un problema. Finalmente deja la capital de España y a su marido, y se enzarza en una vida activa como colaboradora de Las Dominicales del librepensamiento, siendo uno de sus artículos el que cause todo un furo de las fuerzas reaccionarias " La jarca de la Universidad".

Durante tosa su vida va a mantener la idea de la igualdad que pasa a estar presente en toda su obra, al igual que sus afanes librepensadores a través de los cuales expresa su peculiar idea sobre Dios como algo que está presente en toda la naturaleza, y pro supuesto fuera de las manos de las Iglesias.

Rosario de Acuña, se inicia como masona en 1885 en la Respetable Logia Constante Alona de Alicante, -hoy bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia-; como masona utilizaba el simbólico de Hepatía, llegando a ostentar el grado 32 de la masonería escocesa.

Durante su estancia en Gijón no participa en los trabajos masónicos asturianos, lo que no quita para que ayude a sus hermanos masones en las tareas de proyección social, como pudiera ser la Escuela Neutra en cuya inauguración lee el discurso: El ateismo en las Escuelas Neutras.

Finalmente sus amigos del Ateneo Obrero de Gijón, entre los que se encontraban algunos masones, le ofrecen la Casa del Cervigón, donde pasará el resto de sus días en compañía de su compañero el francmasón Carlos Lamo Jiménez, abogado que participa en la logia Jovellanos de Gijón.

La ilustre librepensadora fallece en la jovellanista ciudad de Gijón, el 5 de mayo de 1923, y sus restos descansan el Cementerio Civil del Sucu (Ceares) junto a sus hermanos librepensadores.

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