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OTORGAMIENTO DEL DON DE LA LUZ EN LA CER.: DE INIC.:

A:.L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.
R:.L:.S:. “FRATERNIDAD Y CONCORDIA LAMBAYECANA Nº 09
R:.E:.A:.A:.

Q:.H:. MM:. JOSE TEODORO REUPO PERICHE

Lambayeque Lunes 14 de Setiembre del 2009

La Logia es esencialmente EL LUGAR DONDE SE ENSEÑA POR LA PALABRA y donde se busca la Luz, como el Evangelio de la Iniciación de Juan que identifica El Verbo (logos) con la Luz "Aquel que era Luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo".

La luz en la Masonería es un término que se refiere al conocimiento iniciático, "Conocer la luz" es conocer la verdad, adquirir la conciencia de un centro (de Luz), y en consecuencia, de fuerza espiritual, la luz representa la perfección en la tarea personal a la que debe aspirar cualquier masón, la luz va ligada al concepto de viaje, de aproximación, de búsqueda; El proceso de iniciación es el paso de la noche a la luz, de la muerte a la vida.

La iniciación masónica expresa una experiencia humana, del mismo modo que la poesía, la literatura, el arte, la filosofía traducen una experiencia humana, son numerosas las obras del genio humano que nos enseñan al hombre prisionero de una situación, intentando liberarse, librarse para ir hacia la verdad, hacia la luz".

Un masón solo podrá llegar a la verdad, hacia la luz a través de todo un recorrido que le toca caminar en su propia compañía, y este camino hacia la luz de la verdad de las cosas, es difícil y sombrío, un camino de sombras veladas, de brillos, de penumbra y sus matices.

Sumergido en el camino de las sombras iniciadas para llegar a aprehender la verdad de la luz se pasa por la experiencia de la Cámara de reflexión, del mundo profano, una vez quitada la venda de los ojos uno percibe una luz débil que débilmente oscurece los objetos que nos rodean y recuerdan el paso de la muerte a la vida, y débilmente se ilumina de manera parcial inscripciones que nos alertan del compromiso que estamos apunto de acometer; Luz y color son valores que comportan la belleza de los espacios, de los objetos iluminados, más valioso es un metal cuando más goza del brillo (calidad misma de la luz), el oro es la máximo representante del brillo de la luz, y la luz otorga el grado de belleza en la percepción medieval del valor estético, los metales iluminados en su grado y calidad traducen rápidamente su valor en términos lumínicos.

En el despojo de los metales perdemos el valor de lo material, el brillo de tus riquezas es retirado por el hermano Terrible hallándote no sólo entre tus sombras, sino sin el brillo de la luz del valor de tus bienes.

Solo y desprovisto de recursos se encuentra el profano ante la mirada atenta de su sombra, de la sombra de su pasado, de la sombra de lo que uno es y a lo que uno aspira, las voces de las personas sin rostro que llegan desde el exterior de la cámara como voces de las sombras que uno se imagina.

El proceso de formación de un masón pasa por el análisis mismo de su sombra del origen de su persona, desprovisto de brillos innecesarios que perturben la inmersión en un profundo análisis de sus deberes para con los demás y de la realización de su testamento filosófico que no es más que una declaración critica de sus intenciones todavía recogidas de manera somera y atrapadas bajo la sombra que produce una vela. En la cámara de reflexión también de alguna forma debemos, despojándonos de nuestra superficie y sus valores descubrir el origen mismo de nuestras miserias, perfilar del modo más puro nuestra andadura en la masonería para así comenzar en un mundo nuevo.

Es necesario recordar la petición que el iniciado hace bajo el arco de la puerta cuando se le pregunta que, que es lo que busca, y él humildemente responde: “ la luz, venerable maestro“.

Y que es la luz, sino un tesoro de conocimientos, concentrados en lecciones de Fuerza, Belleza, Candor, en su perenne lucha contra la ignorancia, el combate a los vicios para triunfar sobre si mismo, enriqueciéndose con las virtudes capitales contra la pereza, el egoísmo, la avaricia, la ira, la gula, la lujuria, la idolatría, la prepotencia, el narcisismo, la egolatría, el fanatismo, el deseo ansioso de los bienes materiales.

Si nuestro espíritu se somete a si mismo, se somete a una autolibertad obligada de allegarse la luz, para conocerse a si mismo. Develar nuestros augustos misterios, es prepararse para erigir un pedestal a la cultura que venza a la ignorancia, al error, a los vicios y al engañoso triunfo de la indolencia que rinde culto a la deslealtad hacia nuestros ideales, para suplantarle con el oropel de una masonería raída y debilitada por quienes no trabajan, y abrumados por la falta de vocación para ser mejores, en su pereza diluyen su lamentable ocio, en un insulso e injusto fracazo, y para evitarlo, construyámonos con las magistrales columnas levantadas como arcos triunfales que guíen al neófito hacia el trono luminoso del oriente, y es que muchas veces, algunos olvidamos nuestra naturales habilidades para cincelarnos a si mismos.

Para demostrar al mundo que los masones nos amamos unos a otros, se requiere de una convicción profunda, expresada con serenidad, y con templanza, inspirada siempre en el respeto por nuestros ideales, porque la única verdad que la vida nos enseña, es que el hombre nunca llega a tener sus propias convicciones si no creé primero en la verdad de su conciencia, que son la parte esencial del ser en si mismo y que en nuestra experiencia lo podemos lograr gracias a la luz que brinda la masonería.

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