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LOS VIAJES DEL MAESTRO SECRETO


Este reconocimiento preliminar es el principio de los viajes o etapas de experiencia y progreso que esperan al candidato.                                                                                                                               EL PRIMER VIAJE                                                                                                                               El primero de estos viajes está relacionado con la arquitectura de la Tumba de Hiram y de la Pirámide, y más precisamente con su base cuadriliteral, refiriéndose a la manifestación de la vida en el cuaternario o cruz que la realiza.                                                                                                       En este viaje se examinan especialmente los cuatro ángulos del Templo, en donde se encuentran cuatro columnas simbólicas, o cuatro grupos de cuatro columnas, sosteniendo las estatuas de las cuatro divinidades tutelares: Minerva y Apolo al Oriente, y Hércules y Venus al Occidente, símbolos de la Sabiduría o Inteligencia Creadora del Ideal o Impulso Evolutivo que es la razón profunda de toda aspiración, de la Fuerza o Actividad realizadora, de la Belleza o Armonía Generadora.


La primera ocupa el ángulo del Noreste, en donde constantemente se coloca la piedra fundamental, el primer término del Cuadrimonio de la Realización, y corresponde al Ángel entre los animales sagrados de Ezequiel, y a la cabeza humana de la Esfinge. Minerva no pudo salir de otra parte que de la misma cabeza humana de Júpiter, expresión de su inteligencia, así como los brahmanes salieron de la de Brahma.


El olivo de la Paz es la planta especialmente consagrada a esa diosa, que, por lo tanto, se identifica simbólicamente con el mismo Salomón, un rey universalmente conocido y renombrado por su sabiduría, y cuyo nombre significa literalmente paz. En cuanto a la égida con la cabeza de Medusa que lleva en su mano izquierda, es emblema del aspecto negativo de la misma Sabiduría, cuya incomprensión infunde al vulgo ignorante los temores más supersticiosos.


La estatua de Apolo que se eleva al Oriente, del lado Sur, muestra el Ideal Interior que acompaña la Sabiduría y eleva nuestras aspiraciones: es la Sabiduría luminosa y radiante, y por ende, fecunda, productora de todo lo que es bello, noble y hermoso. Por esta razón es conductor de las Musas – Musageta- porque las inspiraciones únicamente descienden y se manifiestan como respuesta a las aspiraciones.


La cítara y el arco con las flechas son atributos de este dios: la primera es un emblema del corazón cuyas cuerdas o fibras interiores vibran en nuestros deseos; y el segundo muestra los pensamientos y aspiraciones que se dirigen hacia objetos determinados. En cuanto al laurel, es el símbolo de la Victoria que acompaña al Hombre, según la elevación de sus aspiraciones. Corresponde con el águila de la Esfinge, al mismo corazón y a las manos de la Divinidad Creadora. Masónicamente puede identificarse con Adonhiram –el Señor de la Vida Elevada- indicando el querer, como segundo término del Cuaternario. Hércules, el héroe que conquistó su inmortalidad con el triunfo del Principio Divino sobre las debilidades humanas, ocupa el ángulo del Sudoeste. La piel de león que lleva como trofeo, en memoria del primero de sus trabajos zodiacales, indica los instintos animales dominados y sujetos a las aspiraciones e inspiraciones superiores, y la maza o clava que constituye su arma, análoga al cetro, es emblema del Poder de la Unidad que sólo puede asegurar el triunfo. Esta clava será, naturalmente, de encina, el árbol que le corresponde. El león lo representa entre los cuatro animales, constituyendo la parte inferior de la Esfinge que muestra el atrevimiento que hace efectivo el querer. Como emblema de la Fuerza y de la heroica virtud, masónicamente corresponde a Hiram, Rey de Tiro –la Vida Elevada que domina o rige la Fuerza- encontrándose con Minerva y Venus también en las Logias simbólicas.


Finalmente, en el ángulo noroeste del Santuario, encontramos a Venus, la diosa de la veneración y de la venuseidad, el venerable Principio de la Generación, que simboliza el Toro –animal consagrado a Venus- en la vida animal. El mito occidental de Venus Afrodita o Ciprogenia debería, pues, completarse y complementarse con el oriental de Ishtar o Astarté, que desciende a los infiernos –parte inferior de la naturaleza- para buscar y reclamar el objeto de sus aspiraciones, personificado en Adonis. Indica el silencio fecundo de la oración y de la acción que desciende a las profundidades para elevarse a las sublimidades, y, por lo tanto, corresponde con el toro entre los cuatro animales y partes de la Esfinge, y al saber callar para una acción fecunda, en el Cuadrimonio de la Realización. Igualmente corresponde con Hiram, el Arquitecto del Templo, cuyo descenso a la tumba –como el de todo M.•. M.•.- es preliminar y condición necesaria para su exaltación. El mirto consagrado a la diosa equivale a la acacia como emblema de Inocencia e Inmortalidad.
EL SEGUNDO VIAJE
Habiendo descendido a las profundidades de los elementos, podemos elevarnos a las sublimidades metafísicas de la Intuición, que el Segundo Viaje nos presenta, al Oriente, bajo la forma del Santasantórum, cuyo ingreso estaba prohibido a los tres grados simbólicos sin excepción. La cualidad del filósofo es conditio sine qua non para que su Puerta (simbolizada en el velamen multicolor de la Ilusión con el cual se manifiesta exteriormente la luz blanca o shekinah, el esplendor de la Realidad) pueda abrirse individualmente.
En este Santuario se ingresa, pues, con la comprensión y el discernimiento –los dos pilares que delimitan su puerta, con el valor numérico respectivo de 9 y 10, cuya suma 19 corresponde con el Arcano de la Luz deslumbrante del Sol –que nos franquean el camino para el Pentecostés de la realización espiritual o Bautismo del Espíritu, la segunda etapa de todo renacimiento.
La Luz Infinita que aparece ante nuestra consciencia, una vez se desgarre (o se penetre) el velamen multicolor de la ilusión, puede en un principio ofuscar el entendimiento, y nuestra razón se hace muda e impotente para describirla o expresarla convenientemente. A esta sensación interior hacen referencia el signo de adoración (que se encuentra en el quinto grado del Rito escocés) y el signo del silencio, que caracterizan los Maestros Secretos. También la palabra mystos –con la que se designaban antiguamente los neófitos- tiene relación con la condición de mudez o silencio que acompaña en su primera etapa la revelación de todo misterio.
Sin embargo, después del deslumbramiento momentáneo ocasionado por la repentina claridad, el
recipiendario empieza a distinguir al Oriente un Delta luminoso dentro de un Círculo Infinito, y en el Delta ve el reflejo de su propia Individualidad bajo el aspecto de una Estrella resplandeciente, en cuyo centro hállase un punto que es al mismo tiempo Luz y Tiniebla, por ser Origen y Esencia Infinita de una y otra.
Este centro se le aparece como un jeroglífico misterioso y mutable. En un principio es como un vórtice, que todo mana y todo devora y al mismo tiempo, cabeza y cola de la Serpiente de la Eternidad; después este torbellino aparece como una espiral o una serpiente de fuego, que, enroscada en el punto, abre sus espiras y toma la forma de la letra G, con sus múltiples interpretaciones.
La letra G, a su vez, se cierra formando el jeroglífico de la Sal, en cuyo medio aparece el centro vital de la Conciencia que constituye el Mercurio Filosófico, y entonces, en su lugar, resplandece, dentro de un nimbo azul, el Ojo Divino, que es “la Luz Verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo”.
Pero no se han terminado las metamorfosis de este punto radical que es Origen, Esencia, Sustancia y Realidad de todo; el nimbo azul y el Ojo se disuelven en una luz amarilla, y la pupila luminosa se manifiesta como la décima letra del alfabeto hebreo –la mano creadora o Principio del Universo, la Divinidad bajo el aspecto de Brahma, cuyo soplo manifiesta todo lo existente.
Desciende entonces una línea vertical y aparece la letra vau, símbolo de Vishnú, el Conservador, y esta línea curvándose, se convierte en una cola de una Serpiente que abarca todo el círculo de la Creación, para precipitarse desde el en el O de su propia cabeza; se forma así la letra thet, que indica a Shiva, el Destructor.
Aquí se termina la visión del Maestro Secreto en el Oriente de la Infinita Sabiduría: al precipitarse la cola en la cabeza de la Serpiente, que la traga ávidamente, el círculo que rodeaba el Delta luminoso se hace un círculo negro de Infinitas tinieblas, una inmensa boca voraz que todo lo traga, el azoth cabalístico que es el principio y fin de la manifestación. Desaparece el Delta, en el cual se disuelve la Estrella Flameante, y queda en el centro una blanca llave que descansa sobre la letra Z, y ésta, a su vez, se depara de los dos lados de la llave, como un alfa y un omega.
EL TERCER VIAJE
La segunda etapa del místico progreso ha terminado; hay que emprender un nuevo viaje, descendiendo del Oriente hacia la región del Sur, o sea, desde el conocimiento de los Principios a su aplicación más fecunda. Aquí aparece un nuevo símbolo del todo desconocido en los grados anteriores: el Arca de la Alianza o Arca Real de la Sabiduría, en que se encuentra o manifiesta la Ley de la Vida. La cándida llave, con la cual el Arca puede abrirse, representa el entendimiento espiritual, alcanzado por medio de la visión interior, con el cual se comprende la Ley de la Vida.
Y la nueva esperanza que ahora guía al Maestro Secreto es el contrario de la desesperación que lo
hizo ingresar y encerrarse en el Sepulcro de Hiram, en la desolación del Norte y del Invierno, cuando la naturaleza aparece muerta, habiendo desaparecido la vida de la tierra y de la mayoría de los vegetales. Pero la fe que brota del conocimiento de la Verdad hace renacer en el Oriente la esperanza perdida. Y, efectivamente, ésta renace con la Vida en la Primavera, en que la tierra se reviste de verde manto y toda planta rebrota y florece, preparándose para derramar sus aromas delicados en el Santuario de la Naturaleza. Y así como las flores con sus perfumes y brillantes colores constituyen el paso de la Primavera al Verano, así tiene que esparcir el Maestro Secreto el aroma de sus virtudes sobre la Columna de los Perfumes, acercándose al símbolo de la mística alianza con el Principio de la Vida Interior de su ser.


MANUAL DEL MAESTRO SECRETO
CON UN ESTUDIO PRELIMINAR SOBRE EL ORIGEN UNIVERSAL Y FUNDAMENTAL UNIDAD DE LOS GRADOS SUPERIORES DE TODOS LOS RITOS Y SISTEMAS
POR ALDO LAVAGNINI (MAGISTER)








LOS VIAJES DEL MAESTRO SECRETO<br /><br/>EL PRIMER VIAJE<br /><br/>Este reconocimiento preliminar es el principio de los viajes o etapas de experiencia y progreso que esperan al candidato. El primero de estos viajes está relacionado con la arquitectura de la Tumba de Hiram y de la Pirámide, y más precisamente con su base cuadrilateral, refiriéndose a la manifestación de la vida en el cuaternario o cruz que la realiza.<br /><br/>En este viaje se examinan especialmente los cuatro ángulos del Templo, en donde se encuentran cuatro columnas simbólicas, o cuatro grupos de cuatro columnas, sosteniendo las estatuas de las cuatro divinidades tutelares: Minerva y Apolo al Oriente, y Hércules y Venus al Occidente, símbolos de la Sabiduría o Inteligencia Creadora del Ideal o Impulso Evolutivo que es la razón profunda de toda aspiración, de la Fuerza o Actividad realizadora, de la Belleza o Armonía Generadora.<br /><br/>La primera ocupa el ángulo del Noreste, en donde constantemente se coloca la piedra fundamental, el primer término del Cuadrimonio de la Realización, y corresponde al Ángel entre los animales sagrados de Ezequiel, y a la cabeza humana de la Esfinge. Minerva no pudo salir de otra parte que de la misma cabeza humana de Júpiter, expresión de su inteligencia, así como los brahmanes salieron de la de Brahma.<br /><br/>El olivo de la Paz es la planta especialmente consagrada a esa diosa, que, por lo tanto, se identifica simbólicamente con el mismo Salomón, un rey universalmente conocido y renombrado por su sabiduría, y cuyo nombre significa literalmente paz. En cuanto a la égida con la cabeza de Medusa que lleva en su mano izquierda, es emblema del aspecto negativo de la misma Sabiduría, cuya incomprensión infunde al vulgo ignorante los temores más supersticiosos.<br /><br/>La estatua de Apolo que se eleva al Oriente, del lado Sur, muestra el Ideal Interior que acompaña la Sabiduría y eleva nuestras aspiraciones: es la Sabiduría luminosa y radiante, y por ende, fecunda, productora de todo lo que es bello, noble y hermoso. Por esta razón es conductor de las Musas – Musageta- porque las inspiraciones únicamente descienden y se manifiestan como respuesta a las aspiraciones.<br /><br/>La cítara y el arco con las flechas son atributos de este dios: la primera es un emblema del corazón cuyas cuerdas o fibras interiores vibran en nuestros deseos; y el segundo muestra los pensamientos y aspiraciones que se dirigen hacia objetos determinados. En cuanto al laurel, es el símbolo de la Victoria que acompaña al Hombre, según la elevación de sus aspiraciones.<br /><br/>Corresponde con el águila de la Esfinge, al mismo corazón y a las manos de la Divinidad Creadora. Masónicamente puede identificarse con Adonhiram –el Señor de la Vida Elevada- indicando el querer, como segundo término del Cuaternario.<br /><br/>Hércules, el héroe que conquistó su inmortalidad con el triunfo del Principio Divino sobre las debilidades humanas, ocupa el ángulo del Sudoeste. La piel de león que lleva como trofeo, en memoria del primero de sus trabajos zodiacales, indica los instintos animales dominados y sujetos a las aspiraciones e inspiraciones superiores, y la maza o clava que constituye su arma, análoga al<br /><br/>cetro, es emblema del Poder de la Unidad que sólo puede asegurar el triunfo. Esta clava será, naturalmente, de encina, el árbol que le corresponde.<br /><br/>El león lo representa entre los cuatro animales, constituyendo la parte inferior de la Esfinge que muestra el atrevimiento que hace efectivo el querer. Como emblema de la Fuerza y de la heroica virtud, masónicamente corresponde a Hiram, Rey de Tiro –la Vida Elevada que domina o rige la Fuerza- encontrándose con Minerva y Venus también en las Logias simbólicas.<br /><br/>Finalmente, en el ángulo noroeste del Santuario, encontramos a Venus, la diosa de la veneración y de la venuseidad, el venerable Principio de la Generación, que simboliza el Toro –animal consagrado a Venus- en la vida animal. El mito occidental de Venus Afrodita o Ciprogenia debería, pues, completarse y complementarse con el oriental de Ishtar o Astarté, que desciende a los infiernos –parte inferior de la naturaleza- para buscar y reclamar el objeto de sus aspiraciones, personificado en Adonis.<br /><br/>Indica el silencio fecundo de la oración y de la acción que desciende a las profundidades para elevarse a las sublimidades, y, por lo tanto, corresponde con el toro entre los cuatro animales y partes de la Esfinge, y al saber callar para una acción fecunda, en el Cuadrimonio de la Realización. Igualmente corresponde con Hiram, el Arquitecto del Templo, cuyo descenso a la tumba –como el de todo M.•. M.•.- es preliminar y condición necesaria para su exaltación. El mirto consagrado a la diosa equivale a la acacia como emblema de Inocencia e Inmortalidad.<br /><br/>EL SEGUNDO VIAJE<br /><br/>Habiendo descendido a las profundidades de los elementos, podemos elevarnos a las sublimidades metafísicas de la Intuición, que el Segundo Viaje nos presenta, al Oriente, bajo la forma del Santasantórum, cuyo ingreso estaba prohibido a los tres grados simbólicos sin excepción. La cualidad del filósofo es conditio sine qua non para que su Puerta (simbolizada en el velamen multicolor de la Ilusión con el cual se manifiesta exteriormente la luz blanca o shekinah, el esplendor de la Realidad) pueda abrirse individualmente.<br /><br/>En este Santuario se ingresa, pues, con la comprensión y el discernimiento –los dos pilares que delimitan su puerta, con el valor numérico respectivo de 9 y 10, cuya suma 19 corresponde con el Arcano de la Luz deslumbrante del Sol –que nos franquean el camino para el Pentecostés de la realización espiritual o Bautismo del Espíritu, la segunda etapa de todo renacimiento.<br /><br/>La Luz Infinita que aparece ante nuestra consciencia, una vez se desgarre (o se penetre) el velamen multicolor de la ilusión, puede en un principio ofuscar el entendimiento, y nuestra razón se hace muda e impotente para describirla o expresarla convenientemente. A esta sensación interior hacen referencia el signo de adoración (que se encuentra en el quinto grado del Rito escocés) y el signo del silencio, que caracterizan los Maestros Secretos. También la palabra mystos –con la que se designaban antiguamente los neófitos- tiene relación con la condición de mudez o silencio que acompaña en su primera etapa la revelación de todo misterio.<br /><br/>Sin embargo, después del deslumbramiento momentáneo ocasionado por la repentina claridad, el<br /><br/>recipiendario empieza a distinguir al Oriente un Delta luminoso dentro de un Círculo Infinito, y en el Delta ve el reflejo de su propia Individualidad bajo el aspecto de una Estrella resplandeciente, en cuyo centro hállase un punto que es al mismo tiempo Luz y Tiniebla, por ser Origen y Esencia Infinita de una y otra.<br /><br/>Este centro se le aparece como un jeroglífico misterioso y mutable. En un principio es como un vórtice, que todo mana y todo devora y al mismo tiempo, cabeza y cola de la Serpiente de la Eternidad; después este torbellino aparece como una espiral o una serpiente de fuego, que, enroscada en el punto, abre sus espiras y toma la forma de la letra G, con sus múltiples interpretaciones.<br /><br/>La letra G, a su vez, se cierra formando el jeroglífico de la Sal, en cuyo medio aparece el centro vital de la Conciencia que constituye el Mercurio Filosófico, y entonces, en su lugar, resplandece, dentro de un nimbo azul, el Ojo Divino, que es “la Luz Verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo”.<br /><br/>Pero no se han terminado las metamorfosis de este punto radical que es Origen, Esencia, Sustancia y Realidad de todo; el nimbo azul y el Ojo se disuelven en una luz amarilla, y la pupila luminosa se manifiesta como la décima letra del alfabeto hebreo –la mano creadora o Principio del Universo, la Divinidad bajo el aspecto de Brahma, cuyo soplo manifiesta todo lo existente.<br /><br/>Desciende entonces una línea vertical y aparece la letra vau, símbolo de Vishnú, el Conservador, y esta línea curvándose, se convierte en una cola de una Serpiente que abarca todo el círculo de la Creación, para precipitarse desde el en el O de su propia cabeza; se forma así la letra thet, que indica a Shiva, el Destructor.<br /><br/>Aquí se termina la visión del Maestro Secreto en el Oriente de la Infinita Sabiduría: al precipitarse la cola en la cabeza de la Serpiente, que la traga ávidamente, el círculo que rodeaba el Delta luminoso se hace un círculo negro de Infinitas tinieblas, una inmensa boca voraz que todo lo traga, el azoth cabalístico que es el principio y fin de la manifestación. Desaparece el Delta, en el cual se disuelve la Estrella Flameante, y queda en el centro una blanca llave que descansa sobre la letra Z, y ésta, a su vez, se depara de los dos lados de la llave, como un alfa y un omega.<br /><br/>EL TERCER VIAJE<br /><br/>La segunda etapa del místico progreso ha terminado; hay que emprender un nuevo viaje, descendiendo del Oriente hacia la región del Sur, o sea, desde el conocimiento de los Principios a su aplicación más fecunda.<br /><br/>Aquí aparece un nuevo símbolo del todo desconocido en los grados anteriores: el Arca de la Alianza o Arca Real de la Sabiduría, en que se encuentra o manifiesta la Ley de la Vida. La cándida llave, con la cual el Arca puede abrirse, representa el entendimiento espiritual, alcanzado por medio de la visión interior, con el cual se comprende la Ley de la Vida.<br /><br/>Y la nueva esperanza que ahora guía al Maestro Secreto es el contrario de la desesperación que lo<br /><br/>hizo ingresar y encerrarse en el Sepulcro de Hiram, en la desolación del Norte y del Invierno, cuando la naturaleza aparece muerta, habiendo desaparecido la vida de la tierra y de la mayoría de los vegetales.<br /><br/>Pero la fe que brota del conocimiento de la Verdad hace renacer en el Oriente la esperanza perdida. Y, efectivamente, ésta renace con la Vida en la Primavera, en que la tierra se reviste de verde manto y toda planta rebrota y florece, preparándose para derramar sus aromas delicados en el Santuario de la Naturaleza. Y así como las flores con sus perfumes y brillantes colores constituyen el paso de la Primavera al Verano, así tiene que esparcir el Maestro Secreto el aroma de sus virtudes sobre la Columna de los Perfumes, acercándose al símbolo de la mística alianza con el Principio de la Vida Interior de su ser.<br /><br/>MANUAL DEL MAESTRO SECRETO<br /><br/>CON UN ESTUDIO PRELIMINAR SOBRE EL ORIGEN UNIVERSAL Y FUNDAMENTAL UNIDAD DE LOS GRADOS SUPERIORES DE TODOS LOS RITOS Y SISTEMAS<br /><br/>POR ALDO LAVAGNINI (MAGISTER)





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