Llega un nuevo solsticio y en estos días nos invaden celebraciones y consumos varios. Los seres humanos celebramos este acontecimiento desde que observamos los ciclos de la naturaleza hace milenios, e inspirados en el misterio hemos hecho coincidir en esta fecha el nacimiento de muchos guías espirituales.
Así es la historia, un espiral en movimiento. Una vez más, intento sumarme al ritmo del entorno social y cultural en donde vivo, con tolerancia y comprensión hacia los que pretenden imponer su verdad, sus gustos, sus creencias religiosas. Convivimos. Me enfrento al espejo del alma y celebro seguir en el camino, me interrogo si todavía queda algo de rebeldía en mi corazón.
La cultura dominante y la ley del mercado nos pautan lo que somos, lo que hacemos y consumimos, y nos convencen que la felicidad también se puede comprar envuelta en papel de regalo. La felicidad está de oferta –nos dicen-, viene importada del norte, con lucecitas de colores, fuegos artificiales, tecnología digital, arbolito de plástico y muchos regalos. “Consumo, luego existo” es el mandato.
Es la época donde se impone el intercambio y degustación de emociones de supermercado, comida y cultura prefabricada, enlatada y pronta para servir. Todo es mercancía y velocidad, y se imponen como valores lo efímero y lo superfluo, la apariencia y el glamour, el inmediatismo y el todo vale, la indiferencia y el egoísmo, el fanatismo y la ignorancia.
Todos soñamos con la libertad, pero estamos cargados de cadenas invisibles, aceptamos con gusto la vida programada por el sistema, las tarjetas de crédito, las nuevas pantallas digitales, el fanatismo y el consumo compulsivo, ‘made in china’. Algunos intentamos resistir con un poco de new age, redes sociales, ecología y solidaridad con los pobres. Claramente insuficiente e intermediado por el mercado, es cierto, pero aun así son semillas de rebeldía. Fogones al anochecer.
Por mi parte intento vivir y celebrar el solsticio convocando la sencillez y la autenticidad, compartir el encuentro y la comunicación con mi familia y mis amigos, en el respeto y la aceptación de las leyes de la naturaleza y de la diversidad que somos. Alimento mi sueño y me esfuerzo para construir cada día una sociedad más justa y solidaria, con derechos, oportunidades y recursos para todos, para compartir y vivenciar la libertad, la paz y la alegría.
Brindo por la humanidad, para que todos podamos considerarnos como hermanos y hermanas en todo tiempo y lugar y sobre todo, para celebrar el aquí y ahora de la vida. Una vida digna y saludable.


