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EL MAESTRO JUSTO Y PERFECTO

el aprendiz y el maestro
Muchas veces hemos reflexionado en la Institución sobre una “crisis de Maestría”. Sobre que nuestro sistema de instrucción, tradicional, cumplido en el “nicho” de nuestras Logias, adolece de carencias tales que el resultado final de la misma lleva a que los Maestros se orienten a delinear tres perfiles imperfectos:
Ø Maestros especulativos puros: Cultores de una línea esotérica filosófica, desprendida de la realidad y casi intemporal;
Ø Maestros operativos puros: Interesados sólo en la trascendencia de la Orden en el mundo profano; y
Ø Maestros ritualistas puros: Cumplidores a rajatabla de las normas, usos y costumbres, y exigentes fiscales.
Pero los tres perfiles son imperfectos, pues toda esta visión maniquea y reduccionista de la Orden es incompleta, y a nuestro entender, equivocada. No está mal que se enfatice en cualquiera de estos aspectos de la dimensión masónica de nuestro quehacer y formación, pero sí está mal cuando esa visión unidimensional de la Orden nos lleva a buscar y reclamar que la Masonería sea una secta filosófica, un partido político o una organización de servicio, o una religión, tan sólo.
Hay instituciones humanas y profanas muy dignas que cumplen con esos cometidos parciales, pero la Masonería tiene un cometido más amplio y pretende que sus miembros sean tan espirituales como hombres de acción, tan intelectuales y pragmáticos como observantes estrictos de nuestros sabios y trascendentes rituales. Por lo menos dos de estos Maestro Masón, pero no se puede omitir del perfil operativo, como eje de nuestra identidad.
En ese sentido, afirmamos con frecuencia que la Masonería es una escuela de virtudes, la más amplia y completa escuela de hombres libres y éticos que ha existido en la Humanidad en todas las épocas. Pero como bien lo afirma el Resp.·. H.·. Alfonso Mario Cataldi: “La Masonería no se aprende sino que se debe sentir: no interesa saber de memoria los rituales o conocer los resortes ceremoniales que rodean los trabajos dentro del Taller, si todo se agota en eso y no se tiene en el Templo, y fundamentalmente fuera, en el ámbito profano en que cada uno actúa, una conducta masónica, una orientación masónica, un proceder masónico aplicado en sentido constructivo, de progreso, de avance, de liberación”. Estas ideas nos aproximan mucho más al perfil del Maestro masón más perfecto.
El Resp.·. H.·. Horacio Oñate García del Or.·. de Chile, traza un perfil del Maestro masón. “El mismo”,- dice- , “debe ser capaz de:
Ø Discernir por sí mismo.
Ø Practicar el libre examen.
Ø Estar consciente de su propia dignidad.
Ø Ser amante de la libertad, de lo bello, lo bueno y lo verdadero.
Ø Ser amigo de la duda filosófica.
Ø Ser conocedor de las facultades de que está dotado y de los medios para utilizar esas facultades.
Ø Ser capaz de realizar trabajos sistemáticos, de cultivar la Verdad conocer los métodos para encontrarla y aplicar esos métodos al estudio de la vida y de la muerte.
Ø Enseñar a los más subyugados a conquistar la libertad.
Ø Proclamar que los hombres y los pueblos deben mancomunarse entre sí con vínculos de fraternidad.
Ø Cada Maestro masón ha de ser capaz –finalmente- de iluminar su vida y la de los demás con grandes ideales”.
Creemos sinceramente que cada Maestro masón posee suficientes fuentes en la Constitución, los Antiguos limites, los Rituales y los Manuales, abundantes fuentes, además de su propia experiencia y la de sus maestros, para elaborar el perfil del Maestro justo y perfecto de nuestros días.


CUATRO RASGOS INELUDIBLES
El Venerable Gran Maestro Resp.·. H.·.CarlosBolaña, ha manifestado su inquietud sobre cuatro rasgos ineludibles que deberían acentuarse en el perfil perfecto de un Maestro masón para una Masonería uruguaya renovada. Ellas son:
1º Haber ingresado a la Masonería poseyendo la capacidad de cumplir con los fines de la Orden establecidos por la Constitución, leyes y decretos de la misma.
2º Haber recibido una instrucción masónica eficaz, que lo lleve a entender, aceptar y practicar la filosofía de la Orden.
3º Poseer y ejercitar efectivamente una ética de comportamiento social, personal, laboral y familiar intachable.
4º Practicar una militancia activa y gravitante en el campo del mundo profano en que le toca actuar.
Vamos a desarrollar sintéticamente estas ideas con nuestras propias palabras y las de fuentes que citaremos oportunamente.


I. CAPACIDAD DE CUMPLIR LOS FINES DE LA MASONERIA
Como Orden selectiva, la Masonería debería estar integrada, en cada comunidad -ciudad, departamento, país, región, continente-, por los mejores hombres de la misma, en todos los campos imaginables. Y desde que proponemos a un profano para su ingreso, estamos depositando en él nuestra esperanza de que será un buen Maestro masón. Los dos primeros grados son preparatorios de la maestría. Tenemos que ser clarividentes en la selección adecuada y oportuna de los nuevos ingresos.
Sabemos que el criterio de proposición apunta a que ingresen los “masones sin mandil”, y no nuestros amigos, nuestros socios comerciales o jefes, en el peor de los casos, o nuestros familiares, por el sólo hecho de serlo. Pero si los masones nos movemos en un ámbito de acción limitado, mal podríamos conocer a los profanos capaces de liderar funcionalmente a la sociedad en que viven, poseedores de una ética intachable y con sentido trascendente de la vida. Esos profanos, una vez ingresados, serán los HH.·. que regirán los destinos de las Logias y de la Orden toda, en el futuro.
La Masonería no es un partido político de accionar colectivo, por lo que no está interesada prioritariamente en la cantidad de miembros, sino en la capacidad de cada Hermano para incidir, por su fuerza espiritual, equidad e inteligencia, en el mundo profano, así como en su capacidad de cumplir los fines de la Orden, de su Constitución y de su Filosofía.
La Masonería busca adeptos, desde luego, pero su fuerza radica en el rigor de la selección, no en la velocidad de su expansión. Si el crecimiento acelerado es riguroso, bienvenido sea. Esforcémonos por lograr que todos los que deban ingresar, estén con nosotros.
Pero también debemos esforzarnos con tanto vigor por lograr que nadie que no deba estar permanezca, pues estarían neutralizando la tarea de todos.


II. UNA INSTRUCCION MASONICA EFICAZ
La instrucción de Tercer Grado es muy variada y compleja, y cada Logia utiliza diversos recursos de docencia, con una riqueza formativa peculiar, más o menos directiva, más o menos espontánea. Sin pretender dar directivas, sino a simple titulo de reflexión, pensamos que la instrucción del Maestro masón no puede eludir las siguientes actividades.
Los Maestros deben estudiar, burilar trabajos de los tres grados, intervenir en las tenidas con verdaderas recreaciones.
Deben investigar determinados temas masónicos, por iniciativa propia o por indicación del Orador o el Venerable Maestro, y debe dar el “cuño masónico” que muchas veces necesitan los trabajos de los Hermanos del Taller. Constantemente, un tema debe estar bajo su interés.
Debe tener siempre un Libro o trabajo masónico en su mesa de trabajo diario, que estudiará con espíritu crítico de librepensador.
Por todo ello, debe ser capaz de aprender, conocer, entender, la Filosofía de la Orden, así como debe aceptarla efectivamente, asumirla como propia, por convicción, y debe practicarla en todos lados donde su vida transcurra.
La capacidad de enseñar que debe poseer cada Maestro debe ser cultivada a través de la palabra y el ejemplo. Cuidemos de no borrar con el codo del ejemplo inadecuado, lo escrito hace momentos por el Vigilante de Aprendices y Compañeros. Y cuando hablemos, hagámoslo con precisión y belleza. El silencio de los Maestros no siempre es humildad.


III.UNA ETICA IRREPROCHABLE
Los masones aspiramos a la perfección mediante el cultivo de todas las virtudes. Para ser éticos, debemos construir o estructurar, desde nuestra más tierna infancia, una conciencia moral. Esa conciencia no debe ser ni laxa ni rigorista, sino sólida e incorruptible, probada antes de su ingreso a la Orden, y mantenida e incrementada cualitativamente con el engarce masónico.
Por más mitos que se tejan en torno a la Masonería, en el mundo profano es sabido que los masones somos buenas personas, honestas, sin fisuras morales. O que debiéramos serlo. Cuántas veces nuestras cuñadas, que conocen nuestros principios, nos reclaman ser morales y buenos masones. No es esperable que el masón sea drogadicto, transgresor, advenedizo, desleal o traidor, venal, corrupto o agente de desunión. El maestro es fuente de unión, armonía y concordia en donde se mueva.
La moral del masón no se limita a la Masonería. No es admisible que sea observante de virtudes en nuestros templos, pero que a la vez sea infiel, castigador, violento, explotador, pérfido, resentido, mentiroso o desprolijo en el mundo profano: matrimonio, trabajo, familia, sociedad.
La Masonería no es un reformatorio, todos lo sabemos.
Las enseñanzas masónicas redimensionan las virtudes, pero no las generan. El amoral sigue siéndolo en la Masonería o donde esté. Digámoslo: no es ético quien quiere sino quien puede. El masón debe ser capaz de serlo o no puede ser masón, y menos un Maestro masón.
El Resp.·. H.·.Otto Medina Villegas, Ex Venerable Gran Maestro de la Gran Logia de Venezuela dice que la Masonería es un centro emanador de los ideales de los que el Mundo tiene una urgente necesidad. Y que la espiritualidad del masón, cultivador de valores por excelencia, debe ser la base de la “Revolución de Virtuosismo” que la sociedad reclama imperiosamente.
Pero agregamos que no es mediante cursos o lecturas sobre Moral, Ética, Axiología y Virtud, que los masones encontraremos la perfección, sino mediante su práctica, colocando nuestra voluntad al servicio del bien. Y todo ello se aprende en un hogar equilibrado, una niñez sana y una mente adulta que discierna y goce de buena salud.
Los masones no siempre conservamos la salud mental durante nuestros años de permanencia en la Orden, hacemos crisis y enfermamos, así como también morimos, como consecuencia de nuestra humana naturaleza. Darnos cuenta, tener conciencia, reconocer nuestros errores y agradecer a quien nos los señalan, son señales de las personas de bien que debemos ser, a toda costa, los masones. Y tener la responsabilidad de tratarnos cuando enfermamos, sin esperar a enfermar a la Logia y a la Orden toda.


IV. MILITANCIA ACTIVA EN EL MUNDO PROFANO
La participación protagónica del masón en el mundo que lo rodea, es un corolario natural, pero necesario e ineludible, sobre todo para el Maestro masón. No puede concebirse al mismo encerrado en los Templos o en una torre de marfil, entregado a baños de filosofía o a la contemplación ociosa “de quien huye del mundanal ruido”, como decía Fray Luis de León.
No somos una Orden de clausura. Tampoco una escuela de ciencia pura. Somos una escuela de virtudes, de estudios de la realidad a la luz de la filosofía masónica, pero con el fin de aplicar al mundo profano lo que sabemos y profetizamos, como Maestros.
No sólo debemos cultivar los valores y virtudes intemporales, sino sobre todo los valores actuales, en continua revisión y cambio por los nuevos paradigmas de la sociedad en que vivimos, para lo que debemos conocer profundamente la sociedad, sus progresos o fracasos, para poder intervenir como un deber ineludible, luchando a favor del progreso de un mundo mejor y en contra los antivalores y males que aquejan a la humanidad y frenan su avance hacia la libertad, la igualdad y la fraternidad universal.
Los masones que han cambiado el mundo, - que veneramos por igual masones y profanos – respondieron con hechos – a veces con sus vidas - a las exigencias de cada momento histórico. Los Maestros masones estamos llamados a ocupar esos lugares, como el Maestro Hiram, cumpliendo la misión profética o de realización; o en su defecto, apoyando a los que luchen por la felicidad colectiva.
Siempre nos queda esa alternativa cuando ya nuestras fuerzas flaquean o son insuficientes, aunque nunca inútiles.
Imbuidos por nuestros principios de fraternidad, igualdad, tolerancia, solidaridad, racionalismo, laicismo, humanismo, librepensamiento como fuente de utopías y siempre colocados en la sublime postura irreverente de los buscadores de la Verdad, dudando de los dogmas establecidos, imitando a la rebelión de los maestros que encontraron al Maestro Hiram Abí, habremos de transformar el mundo para el bien.
Si no lo logramos, hemos fracasado como Maestros masones. “El verdadero Maestro es el que ha acortado el espacio entre lo que dice y lo que hace”, dice el Resp.·. H.·.Oñate García, ya citado.
La necesidad de que el Maestro masón sea un líder funcional, carismático o técnico en el campo que actúa, no implica que debamos favorecer colectivamente la carrera de HH.·. que no lo merecen en la asignación de cargos, beneficios y honores en el mundo profano. Esto debe quedar claro. Pero el masón debe aceptar el desafío de no familia, trabajo, sociedad - su condición de hombre ecuánime, justo, mesurado, factor de unión y de concordia, tan ausente como valorada tal condición en todos los medios humanos.
El Maestro masón suele resplandecer por su virtud y atraer por su bondad. También por su sano raciocinio y su tolerante amplitud. No tenemos derecho los masones a guardar nuestra Luz. No valen la indiferencia, el individualismo, la comodidad y la abstención, en Masonería.


UNA MISION HISTORICA
La Masonería ha sido contemporánea del despotismo, la monarquía, la desigualdad, el colonialismo, la lucha por la independencia, las grandes revoluciones universales, el capitalismo, la revolución industrial, la guerra atómica y su control, el triunfo y el fracaso del comunismo, el triunfo y el ocaso del nazismo, la caída del muro de Berlín, las guerras mundiales y locales, los golpes de estado, los magnicidios, el liberalismo, el socialismo, el neoliberalismo, la conquista del espacio y su uso pacífico, el fundamentalismo, el postmodernismo, la crisis de la energía mundial, el riesgo ecológico, la revolución informática, la explosión y el control demográfico, la actual revolución del conocimiento y la tecnología, la aldea global, la globalización, las comunicaciones electrónicas: el fax, internet, la clonación, el Viagra, la decodificación del genoma humano, el megaterrorismo en los grandes centros mundiales, el colapso económico y moral, de países enteros en que la Orden posee Grandes Logias activas.
La Orden estuvo y está atenta a estos grandes hechos y situaciones, de variado signo, y sus miembros han participado como protagonistas, propulsores o antagonistas de los mismos procesos. Unas veces se han anticipado.
Otras, han recogido frutos o sufrido sus consecuencias.
Consecuencias en libertad, bienestar y vida. ¿Fue casualidad? El mundo nos necesita. Los profanos que saben –solo conocen- los fines de la masonería, se preguntan:
¿Dónde están los masones?
¿Porqué los masones estamos siempre en el ojo de la tormenta? Porque siempre han habido Maestros que cumplían con los fines y la filosofía de la Masonería, con ética incorruptible y valentía intelectual. Porque por nuestra condición de librepensadores, nos colocamos en el límite del conocimiento, y como progresistas, poseemos la irresistible vocación de ir más allá. Los Maestros masones nos atrevemos a ser humildes y poderosos guías hacia la Luz. La luz de la Verdad.
La Verdad gnoseológica o intelectual es una sola de las dimensiones de la Verdad. A los Maestros masones nos interesan todas las verdades: la lógica o formal, la verdad histórica o concreta, la verdad metafísica y la verdad epistemológica. Somos eternos buscadores de la Verdad en todas sus formas. En ese camino podremos perfilar el destino personal y colectivo y podremos lanzar luces de esperanza para un mundo por momentos caótico.
Pero la verdad hay que descubrirla. Allí comienza la gran obra de la Masonería. Del Maestro masón.


CONCLUSION
Todo perfil es un esbozo. Nuestra tarea estará cumplida si estas líneas buriladas puedan hacer que los Maestros masones presentes reflexionen sobre ellas, llenen los claros que los trazos gruesos han dejado y hagan sus propios descubrimientos. Y se interrogue en lo profundo de su corazón y su razón: ¿Qué nos falta a cada uno para ser un Maestro masón más perfecto?
Pues como decía el filósofo Heidegger “la Verdad no es verdadera en tanto no haya sido descubierta por cada uno”.[2]


Estos tres grados, son los grados tradicionales los conocidos por todo el mundo, también la llamadaMasonería Azul,esto no es el fin sino que queda todavía un camino del conocimiento de un hermano masón. Si bien el lograr el grado de Maestro posee todos los derechos; pero si lo desea puede continuar con la vía iniciática sin ninguna obligación, profundizando en la comprensión de los símbolos y de los temas que han tenido ocasión de tocar en los grados simbólicos, reflexionar e intercambiar ideas con sus hermanos.


“El ser Maestro masón asume el derecho de dar y obtener auxilio masónico, hacer vistas y recibir un entierro ritual.“El auxilio masónico puede ser brindado por cualquier maestro masón, ya a su propia logia, o a un maestre masón individual. En to­dos los casos, el individuo al que se lo solicita tiene el derecho de de­terminar el mérito del pedido y si tal ayuda puede brindarse sin perjuicio material para su familia. El auxilio es una función voluntaria tanto de la logia como del individuo. Si la situación económica de la logia no le permite ayudar, puede pedir ayuda a la gran logia. Con el fin de ser elegido para recibir auxilio masónico, el hermano no debe haber sido suspendido en los últimos cinco años y no puede haber cargos pendientes contra él al momento de la solicitud. La viuda y/o el huérfano de un maestre masón, miembro de la logia en el mo­mento de su muerte, tienen derecho a consideración si solicitan asistencia”.[3]


Conferencia del hermano Andrés Flores Colombino.
Tenida solemne de Gran Logia conmemorando el Día del Maestro Masón.
Oriente de Montevideo, 11 de Mayo de 2002 era vulgar


[1]Lavagnini, Aldo- Manual del Maestro. www.upasika.com





[2]Revista El Heraldo Masónico. Nº 33. Año VI. Octubre. 2003. EE.UU.
[3]Jeffers, H. Paul- La masonería. Historia de una sociedad secreta. Buenos Aires. 2007. p. 187.

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