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LA LIBERTAD Y EL INDIVIDUO


Masonería Española desde Israel


por el Q.•.H.•. H. BECALEL RAFALOWSKY


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La libertad es una cualidad inherente a ser humano como tal y esta concepto se ha ahondado cada vez mas desde  que fui iniciado en la Masonería. Para nosotros, Masón es sinónimo de hombre libre. Ya en la Ceremonia de Iniciación pregunta el Ven.•. en que pudo basarse el candidato para concebir la esperanza de ser iniciado en los Misterios de la Masonería y recibe la respuesta "que es un hombre libre y de buenas costumbres que estando en las tinieblas desea ver la luz".   Luego, en los tres Viajes Simbólicos se repite esta afirmación, que concuerda con el nom­bre de los  Masones en otros idiomas..


Los ejemplos podrían sucederse en una lista casi ¡¡interminable. Nadie discute este hecho. La pregunta que quiero plantear es:


Ø  ¿qué se entiende por libertad? y


Ø  ¿quien es un hombre libre?


Para tratar de enfocar el problema, tenemos que comenzar por definir el término "libertad".


La "Enciclopedia de la Masonería" de A. Gallatin Hackev define la libertad como "el estado de exención del control o poder de otro". Agrega luego que es la doctrina que los Masones deberían gozar con li­bertad ir restringible, y la circunstancia de ser libre en todos sus pensamientos, consistente a tal grado en la Masonería, que la Gran Logia de Inglaterra no permitirá la iniciación del candidato que se encuentre privado temporalmente de su libertad, o en lugar de encierro.


En "The Royal Masonic Ciclopaedia" de Kenneth Mackenzie, se establece una clara diferencia entre las dos palabras inglesas "freedom" y "liberty".Mientras que esta última implica la facultad de actuar o efectuar cosas, '1freedom" trae implícita la condición de hacerlas de moto pro­pio, o sea, por la propia voluntad, de acuerdo a la conciencia del in­dividuo.  Concluimos pues, que para ser hombre libre no basta con no ser esclavo o      no estar encerrado en una prisión; tampoco es libre quien vive subyugado a un vicio o está mentalmente prisionero de pasiones o fanatizado por ideas políticas o religiosas que lo ciegan y le impiden ver la luz y discernir cuál es el camino de la verdad.


La Revolución Francesa se hizo al grito de "Libertad, Igualdad y Fraternidad", siendo "libertad" el lema principal, que impulsó el movimiento revolucionario y llevó a las masas a sublevarse y derrocar la monarquía que los oprimía.


Nosotros tuvimos el privilegio de nacer libres y la libertad nos pa­rece algo natural, pero no siempre fue así. La esclavitud existió con milenios y sin ir más lejos, en Estados Unidos fue necesaria una Guerra civil en el Siglo pasado para terminar con ella. Hoy en día está abolida -por lo menos oficialmente- en todo el mundo, pero en la práctica sigue existiendo en muchas partes. Hace un par de semanas, escuchamos por radio la noticia de la condena a muerte en China de un grupo de personas implicadas durante años en el tráfico de niños que eran vendidos como esclavos. En la India  sigue existiendo el sistema de Castas, que condena a aquellos infelices que nacen en las castas inferiores a una vida prácticamente en la esclavitud, y los intentos que se han hecho para abolir el sistema han sido violentamente resistidos.


La libertad nos ofrece hoy algo innato, inherente a la condición de ser humano, pero si mirarnos hacia el pasado vemos que hasta no hace mucho tiempo existían conceptos diferentes. Los filósofos de la antigüedad, con Aristóteles a la cabeza, consideraban que sólo ellos, gra­cias a sus estudios, eran poseedores do la verdad y en consecuencia con su obligación y su privilegio decidir el camino para el resto de los mortales que no habían alcanzado el grado de perfeccionamiento a que ellos habían llegado. Son muchas religiones que encontramos v sus sacerdotes, como representantes terrenales del Divino O¾á potente, no sólo regirían las relaciones del individuo con la Divinidad sus representantes, sino que también decidían en  todos los aspectos de la vida cotidiana y en la práctica regían los destinos de sus  fieles.


La libertad implica el  derecho de todo ser humano de vivir en el lugar que escoja, estudiar lo que desee de acuerdo a sus capacidades, trabajar donde quiera y llegar a ocupar la posición que merezca de acuerdo a sus logros, sin discriminación por raza, religión, color o ideas políticas.


Indudablemente, la libertad individual tiene sus limitaciones, pues de otro modo podría fácilmente transformarse en libertinaje y llevar al caos. Toda persona está obligada a acatar las leyes del país donde vive. En nuestras asambleas, no tenemos libertad de actuar cada uno como le parece, pues debemos someternos a los Estatutos de la Masonería. Como dice la Enciclopedia de la Francmasonería citada anteriormente:


"Somos libres del falso prestigio de que no necesitamos ser obedientes a las leyes". Ya Rousseau estableció' que existe la "volonté énéral" -voluntad pública- que obliga al individuo a someterse a la voluntad de la mayoría, entregando su libertad individual a la comunidad y sólo así es verdaderamente libre.


En la jurisprudencia de todos los países se acepta que el bien gene­ral prima sobre el interés del individuo y en aras de este principio se justifican las limitaciones de la libertad individual cuando así lo exige el interés público.          -


Yo quiero tomar aquí algunos ejemplos dentro de mi profesión.  Lo he discutido durante mucho tiempo si el cuidado de la salud debe ser dejando en manos de cada individuo (es decir, que él decida si se afilia o no a  alguna institución que le quiera hacerse cargo del cuidado de su salud o este servicio sea proporcionado por el Estado en forma automática, co­brando por ello en forma indirecta a través de los impuestos que pagan todos los ciudadanos; que pueda escoger su médico y lo consulte cuando lo estime necesario, reciba las inmunizaciones o vacunas de acuerdo a su criterio o lo aconsejado por su médico personal, que se hospitalice donde lo desee y sea operado en caso de necesidad por el cirujano que él escoja -todo ello de acuerdo al trato personal del paciente con el médico y pagando por ello el precio que se convenga); en el caso de que sea el Estado el que proporcione un servicio médico obligatorio a todos los ciudadanos, generalmente el individuo no puede determinar los cuida­dos que se le prestan o los funcionarios, lugares o fechas en que éstos se llevan a cabo. Los ejemplos extremos los tenemos en la medicina en­vasada tal como se practica en Estados Unidos, o en la medicina socializa­da que existe -o existía, por lo menos, hasta hace muy poco tiempo, en la Unión soviética, y cuyos horrores nos describe tan bien Solzhenístyn en su libro "Pabellón de Cancerosos".Países que intentaron combinar las ventajas de los dos sistemas, como Inglaterra o Suecia, por ejemplo, han tropezado con múltiples problemas, entre ellos el alto costo económico que ello implica y que ha llevado los servicios de salud prácticamente a la bancarrota.


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Comienza, el método  socialista, basado en el principio de un sistema igualitario para todos los asegurados, prestando los servicios de acuerdo a las necesidades y sin considerar la diferencia en los aportes económicos. Este sistema, indudablemente justo en su concepción, funcionó bastante bien durante la época idealis­ta del movimiento maltusiano y durante los primeros años de la creación del Estado, pero con el correr del tiempo, a medida que sufre las exigencias del público consumidor iban aumentando paralelamente a la mejoría de su estándar de vida y al mismo tiempo los costas de prestación de los servicios de salud crecían a una velocidad vertiginosa debido a los adelan­tos de la tecnológicos, también en nuestro país se hicieron evidentes las fallas del sistema y la gente comenzó a abandonar los Fondos de Salud que por razones ideológicas se aferraban al sistema antiguo. Ello obligó a aquellos que deciden la política en lo que a salud se refiere a introducir cambios y es así como vernos que hoy en día, aun en Kupat Cholin Clalit, existe la libre elección del médico tratante el paciente puede en consecuencia, si no está conforme con el trato o con el tratamiento de un determinado médico, elegir libremente ser tratado por otro. Indudablemente, hay acá un paso positivo hacia la libertad  El medico según el contrato que tiene fijado con su empleador, y su r el juramento Hipocrático que prestó al recibir su título, no puede negarse a tratar a un paciente, aunque este sea un tipo antihigiénico o hasta repelente, repetidamente desobedezca las instrucciones que recibe, no  continúe los tratamientos que le prescriben e incluso haga exactamente contrario de lo que se le aconseja para conservar su salud o tratar la enfermedad que lo aqueja (por ejemplo, dieta en el diabético, ci­garrillo en el enfermo cardíaco o pulmonar, etc. etc.). Yo, personalmen­te, siento que en estos casos mi libertad está coartada y se me niegan los mismos derechos que se le otorgan a mis pacientes.


Se da también en al ejercicio de mí profesión casos en los que siento que yo estoy coartando en cierta forma la libertad de otros. Cuando yo llegué al país hace 19 años como "olé", presenté mis diplomas -debidamen­te visados y autorizados por las autoridades chilenas y por la embajada de Israel en Chile- y al poco tiempo el Ministerio de Salud me autorizó a trabajar como médico en Israel. Desde hace casi dos años, se exige a los nuevos inmigrantes y a todos aquellos que estudiaron fuera de Israel, a cumplir con una serie de requisitos -entre otros, rendir un examen que, según todas las opiniones, no es fácil, sobre todo para un médico que ha finalizado sus estudios hace 10 o 15 años y desde entonces ha trabajado en campo específico de la Medicina, especialidad en la que no ha tenido contacto con las Ciencias Básicas que se preguntan en el examen. Si estas nuevas exigencias se han creado para mantener el alto nivel de la Medici­na en Israel e impedir que ejerzan médicos que no conocen los últimos adelantos y las nuevas técnicas, indudablemente ellas están justificadas; pero ¿no sería necesario, dentro de ese mismo espíritu, obligar a todos los médicos que ya están trabajando, a que por lo menos asistieran cada año a un determinado número de charlas, que los ponga al tanto de los avances dentro del campo de su trabajo diario, ya que es prácticamente imposible conocer los adelantos en todas las especialidades? Si no hacemos esto, ¿no es lógico pensar que las exigencias a los recién llegados se han hecho, por lo menos en parte, para defenderme a mí y a todos los colegas del t'stablishment" -que somos los que tenemos derecho a voto pa­ra elegir nuestra directiva- de la marca de colegas recién llegados, que amenazan nuestra estabilidad económica porque seguramente están dispuestos a trabajar por un sueldo menor y durante un mayor número de horas que las que nosotros estamos acostumbrados.  Teóricamente, el Solé jadasch" tiene el derecho de irse a vivir con su familia a una suite en el Hotel Hilton  para eso emigró a un país libre-  estudiar allí tranquilamente  de rendir éste satisfactoriamente, ser nombrado Médico Jefe de un Departa­mento o incluso Director de un Hospital.


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Pero en la práctica tanto él co­mo su familia tienen que subsistir y para ello tiene que trabajar en el intertanto, generalmente en trabajos físicos pesados y mal remunerados (limpieza de calles, construcción, etc.), estudiando por las noches para el examen que tiene que pasar, mientras su esposa sensiblemente se ocupe como "ozeret" por horas, trabaje como empleada encargada de la limpieza en algún restaurant o en algún otro trabajo similar si tiene la suerte de encontrar un trabajo estable o, en algunos casos,  llegue al extremo de ganar dinero por medios menos honorables en su desesperación por lle­var alimento y ropas de abrigo a su familia. Cabe preguntarse Si este "olé jadasch" pasó de la esclavitud a la libertad al  hacer. Me parece que la respuesta es afirmativa, pero a largo plazo, y el precio que paga por ello es elevado. Creo que es nuestra obligación, como Seres humanos y sobre todo como Masones, ayudar a este prójimo para que este proceso sea lo más corto posible, aunque en algunos momentos ello nos signifique sacrificar parte de nuestro tiempo, comodidad y bienestar económico mi traba ¿O como Médico Industrial implica examinar a todos los candida­tos a ser recibidos como trabajadores para decidir si son aptos para cum­plir sus funciones del punto de vista médico, como asimismo realizar exámenes médicos periódicos de todos aquellos que durante su trabajo están ex­puestos a la influencia de sustancias que pueden producir daños a su salud. Aunque últimamente el complejo industrial en que soy Médico Jefe atraviesa por graves problemas financieros -como se ha hecho público en la Prensa e incluso en la televisión- a mí y al grupo de médicos que trabaja conmigo no nos falta trabajo, porque la cantidad de productos que emolea la indus­tria y que pueden producir daños a la salud del trabajado es casi infini­ta y va desde ‘simples irritación de la piel o de los ojos hasta enfermeda­des irreversibles en los pulmones u otros órganos vitales o canceres que de no ser descubiertos a tiempo producirán irremisiblemente la muerte del individuo.  La parte patronal tiene la obligación -según Ley ha­ce más o menos  años- de informar a todo trabajador de los ie~i ros a que está expuesto, proporcionarle los medios de protección adecuados,  enseñarle su uso y hacer todo lo posible por reducir estos riesgos.


 

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