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Un saludo a la muerte de lo conocido o el renacer del individuo



























muerte


Este Universo es dinámico. Esta afirmación hay que comprenderla y asumirla con plena consciencia para avanzar en lo que sigue.

Cada día todo es absolutamente diferente a lo que ocurrió ayer, aunque parezca no ser así. No hay circunstancias que se repitan con las mismas y exactas situaciones de contexto.

A pesar de lo anterior, mucha gente, podemos decir muchísima, vive como si todo fuera igual día a día siempre demostrando que está en un estado de catalepsia perpetua a la espera de algo diferente, pero siempre cuidando que nada cambie en su entorno inmediato y en el contexto general de lo individual.

Va la primera reflexión: los seres humanos tenemos una abrumadora tendencia a repetir situaciones en cada momento. Se busca la eterna repetición de lo mismo, a pesar de que haya desagradables escenarios de vida, pero tienen la ventaja de que son conocidos. La reflexión consiste en decir que la vida no cambiará si seguimos haciendo lo mismo de siempre una y otra vez.

Nos explicamos.

Los esquemas mentales y emocionales se construyen desde las más tempranas edades, de tal forma que la construcción de las bases de un ser humano están hechas antes de los nueve  o diez años de edad. Y son macizas como el roble, muy difíciles de derribar sin que se venga abajo todo el individuo con ellas.

Un niño pequeño es una gran esponja que copia cada detalle de su entorno inmediato, sin que haya filtro alguno que permita evitar lo nocivo. El niño lo replicará todo en sus modelos mentales en detalle desde allí en adelante.

Un niño recién nacido es la Conciencia Pura, Dios, Ala, el Gran arquitecto del Universo o como le llamemos. Es la chispa divina encarnada conectada con el Universo más allá del tiempo y del espacio en la vivencia de un eterno presente. Explora cada cosa con absoluto asombro, así como sus posibilidades mediante lo que parecen ser juegos, pero en realidad, no hay nada más serio que este tiempo de niño sin consciencia individualizada porque de allí parte el futuro del ser humano.

El ego se empieza a formar desde antes de las primeras palabras del infante y cuando logra articular el idioma de sus padres, ya se habrá construido una buena parte de él. Desde allí, el ser humano recibe programaciones que van moldeando su comportamiento de manera aleatoria en relación con su entorno. Esto jamás se detiene porque el medio social tiene una supra programación que impele, con sus normas y costumbres, a ajustar la forma como el individuo ve cada espacio y tiempo de su vida en este plano.

Los temores del ser humano son invariablemente concebidos en la medida en que se sustituye a la Consciencia que anima al niño por formas de protección que recaen en los padres. Y cada cual con su cultura educará al niño en reducir ese contacto con la chispa divina en mayor o menor proporción.

Hay personas que cuando terminan su niñez están profundamente frustradas con una variedad de miedos y temores que pueden acompañarlos por el resto de la existencia en este mundo. Otros temores vendrán y la vida se convierte en la búsqueda de seguridades permanentes. Pero ya sabemos que eso no existe.

Lo importante aquí es comprender que el ego se basa en los temores y que sin ellos, difícilmente puede sobrevivir.

Y más allá de él, la vida se abre plena y llena de probabilidades de crecimiento para la persona que se atreve a vivir sin temores, o que trabaja en superarlos.

Una muerte y un renacer

En todas partes se dice que el ser humano debe morir a lo viejo para poder vivir lo nuevo. Aquí no vamos a decir nada distinto a ello, pero queremos llamar la atención sobre un aspecto importante de esta idea: la muerte de lo viejo en el ser humano tiene que ver con un proceso de reflexión y de observación que hemos mencionado en otro ensayo.

La única manera de derrotar al ego, a lo viejo, a los temores, es observar muy detalladamente a los ciclos mentales y emocionales que nos asaltan todo el tiempo. Hay gente con esquemas tremendamente complejos y otra en mejores condiciones. Pero como sea, la forma siempre es la misma porque el ego es el mismo para la familia real inglesa o española, como para el humilde obrero raso de la construcción.

Mucha gente se asusta creyendo que al abandonar su ego no quedará nada en su interior: bueno, esta gente es la que difícilmente dejará su ego.

Cuando el ego empieza a retroceder no existen vacíos mentales. El silencio de la mente es la vivencia de una nueva forma de experimentar el tiempo presente con menos cantidades de charla mental.

El momento presente es el objetivo de todo en las grandes escuelas de conocimiento.

La charla mental viciada es aquella que nos lleva a repetir una y otra vez circunstancias del pasado, ideas y sueños surgidos de circunstancias del pasado. También se compone esta charla mental de los sueños para el futuro en los cuales observamos que desde el pasado vienen proyecciones que presumiblemente se manifestarán en el futuro. Todo esto para producir la más rampante pérdida del presente. El instante "ahora" se pierde porque el pasado ocupa demasiado espacio mental y emocional, y el futuro con sus expectativas, ocupa el resto que quede.

Mencionábamos a los niños pequeños por su sumersión profunda en el ahora, en el momento presente, en la consciencia pura.

Hoy en día mucha gente habla del momento presente y su vivencia, pero es importante que lo diga una Logia Masónica de los Ritos Egipcios y que se comprenda que los masones también somos seres humanos y que la única magia real que poseemos es trabajar para hacernos conscientes y dejar de vivir en las glorias y desastres idos y de dejar de soñar con las glorias por venir.

La muerte es la del ego, el renacer es lo que viene después. Parace simple, pero es el trabajo de toda una vida, o de la vida en un segundo.

Los objetos de las mente

La mente es la guía de la emocionalidad, de tal forma que ella obedece a lo que la mente le ordena. Si la mente es muy poco cultivada, ignorante, las emociones serán de igual manera bastante irracionales.

La colección de objetos de la mente es algo increíble: cada objeto que mencionamos es una concepto y éste puede dirigir pocos sectores o grandes sectores de la mente. Hay conceptos que son vectores de muchos otros en ordenadas o caóticas estructuras. La mente demasiado racional tiene el hábito de colocar etiquetas a todo y describir o juzgar cada cosa.

Hay mentes muy poco cultivadas y ellas son capaces de las mayores atrocidades porque la emocionalidad de ellas son dirigidas de forma casi aleatoria, o sea, que son manipuladas por influencias externas. No es un misterio para nadie que las personas más ignorantes pueden cometer graves errores sin ninguna consciencia real de lo que hacen.

Cada cosa, cada circunstancia, tiene una elaboración conocida como concepto. En el mundo académico son felices coleccionándolos y los egos de estos personajes son increiblemente abultados al punto de que algunas de ellas son personas profundamente infelices que desprecian a quienes no portan una surtida colección de conceptos, y a quienes los tienen, los envidian. Entre más complejo el concepto y/o la red de conceptos, mucho mejor. No vamos en contra de la ciencia; solo vemos cómo la adquisición de conocimientos produce inevitablemente la colección de conceptos, y ellos terminan modificando a los individuos de manera impredecible.

La comprensión de que estamos llenos de estructuras moldeadas por conceptos adquiridos en tempranas edades o en cualquier época de la vida, es un gran paso para iniciar el proceso de desmonte de tales laberintos.

El laberinto del ser humano es justamente devolverse hacia la propia sensibilidad más profunda y desde ella tomar un camino desde adentro hacia afuera para revaluar todo aquello que no puede ser parte de una mentalidad sana. El paso por el laberinto es empezar a observar con detenimiento los procesos mentales y emotivos propios, aun en los momentos en donde el individuo es más custionado y hay compromiso de la emocionalidad.

Recordemos que la emocionalidad no hace nada sola: ella responde a las órdenes que le da la mente desde sus esquemas de conceptos. Los orientales suelen decir que la vida no puede ser puesta en la balanza de las emociones porque ellas no pueden albergar ningún tipo de realidad, son sólo espejos de la mente.

Quien logra la comprensión de los objetos de la mente, va camino a encontrar su liberación puesto que el ego retrocede en este proceso y por supuesto, asiste a la renovación de sus esquemas emocionales también, que como ya hemos dicho, funcionan inspirados por los esquemas de la mente.

La liberación del ego es comprenderlo. Hay que advertir que nadie puede ganarle, pero se le puede observar y comprender, y con ello, se va desvaneciendo. Ese es el verdadero trabajo, ese es el renacer.

¿Qué pasa después de esto? Hay que trabajar para verlo porque esa fase no se puede explicar. Al ciego no se le puede explicar qué es la luz y los colores. HAY QUE VIVIRLO.

























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