Llámalos una vez y diles que eres -por esa única vez- la voz de su conciencia masónica. Que los llamas al trabajo y que deseas desperezarlos con los tres toques correspondientes. Que tomen sus herramientas y vuelvan a la labor. Diles que en tres días los llamarás de nuevo para conocer su respuesta que – supones-, les dará el tiempo suficiente para que sea bien meditada.
Llama entonces y escucha con calma la respuesta.
Si fuese favorable, dile que las puertas de la Logia están abiertas para él o ella.
Si fuese desfavorable, dile que respetas su decisión y que, a nombre de todos sus Hermanos o Hermanas, le deseas buenos vientos. No volverás a llamar para tocar ese asunto. Otro gallo cantará si el Hermano o la Hermana vuelven, por su propia voluntad, a llamar a las puertas del Templo. Habrá que actuar entonces como nos marcan nuestros cánones fraternales o nuestros reglamentos.
Recuerda: El humilde carpintero de Galilea -si hemos de guiarnos por la leyenda- despertó a uno con el mandato de "¡Levántate y anda!", sin embargo, de ser eso cierto, pudo haber levantado un ejército, que no lo hizo y ¿qué quiere esto decir? ¡Que es mil veces mejor -y más provechoso- hacer niños que levantar muertos! Avanza y no desesperes, calma y nos amanecemos...
¡Todos libres! - ¡Todos iguales! - ¡Todos hermanos!


