Si bien la fiesta de navidad no es celebrada por todas las personas ni en todos los países, máxime si la fecha de nacimiento de Jesús, llamado El Cristo en términos griegos, no fue ciertamente el 25 de diciembre, ya que es conocido que se trataba de una fecha usada por otras creencias, las cuales, por supuesto, no eran cristianas, la conmemoración del citado hecho significa para una buena parte de la población mundial un momento lleno de simbología.
En la antigüedad, la fiesta se vinculó a la celebración del solsticio, de verano en el hemisferio sur, y de invierno en el hemisferio norte. Es decir, la observación empírica que el movimiento del sol parecía detenerse para brindar mayor tiempo de luz o mayor tiempo de noche, dependiendo del hemisferio, y si se trataba del solsticio de verano o de invierno, respectivamente.
Claro está, el desarrollo de las ciencias demostró lo que ocurría en dichas fechas, no siendo que el sol se detenía, sino que los hemisferios de la tierra se acercaban o alejaban de la influencia del sol según el mes del año, junio o diciembre, tratándose ya del llamado solsticio de verano o de invierno o a la inversa.
Aun así, la fiesta del solsticio, y con ello la navidad, ha simbolizado un momento de sosiego, en el que el ser humano puede tomar el tiempo necesario para reflexionar sobre su pasado, sobre su presente y sobre su futuro. Esta conciencia es típica del ser humano; no la poseen los animales, aunque algunos muestren signos de inteligencia, aunque algunos lleguen a aprender y poseer conocimientos. Es sorprendente, por ejemplo, la historia del gorila que aprendió a expresarse con el lenguaje de señas y contó a sus cuidadores que tenía un sueño en donde veía como mataban a su madre, al momento de capturarlo. Pero la memoria de por sí no es suficiente para identificar la humanidad de un ser, pues existen casos en donde la facultad de recordar a veces falta y el sujeto no deja de ser humano.
Son los momentos ejes, haciendo un parangón con un planteamiento de la teoría historiográfica, en el que el ser humano revela su humanidad, y deja de lado lo que le distrae de su nexo con la realidad, con la naturaleza, y se examina, aunque sea por breves instantes, para poder extraer de sí mismo las cosas que le han significado lastres y las que lo han ayudado a crecer. Se plantea a sí mismo en relación con su futuro, sin olvidar su pasado.
Es en estas fiestas en donde buscamos no solo recordar, quienes somos cristianos, la acción de Dios entre nosotros, haciéndose uno de nosotros, sino también buscamos reflexionar sobre nosotros mismos y sobre nuestra acción entre los seres humanos. Debemos recordar que somos parte de una realidad, a la que le llamamos comunidad, sociedad, familia, patria, etc., y que se manifiesta en las relaciones interpersonales y en la relación con la naturaleza que nos cobija.
Por ello, levanto mi esperanza hacia Dios y solicito no tanto para mí, pues considero que el Altísimo ya ha trazado mi destino desde antes que naciera, sino para todos ustedes la bendición de Dios y el anhelo que la felicidad y la paz lleguen a ser lo normal y no lo contrario, el próximo año.
¡FELIZ NAVIDAD!
¡FELIZ AÑO NUEVO!
R:.H:. José Luis Carrasco Barolo
F:.R:.L:.S..LUIS HEYSEN INCHAUSTEGUI N°3
GRAN ORIENTE DEL PERU


