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"Predicar con el ejemplo...o de cómo encontrar el origen del desorden generalizado de nuestra sociedad actual..."




I.P.H. ROGELIO AMARAL.

Apenas anoche, conversabas con el núcleo de buenos amigos que forman la tripulación del navío del Libre Pensamiento, el moderno Argos, el número uno y pudiste escuchar el severo dictamen que de boca de uno de ellos se volcó -con gran desconsuelo- sobre el actual estado de cosas (corrupción en las esferas gubernamentales, delincuencia organizada y desorganizada, inseguridad general en todo el país, impunidad rampante, devaluación incontenible de la moneda, inflación al alza, impuestos exorbitantes en la frontera norte, etc.) no pudiste remediar que tus pensamientos se agolparan en el fondo de la sesera -o lo que a tus años queda de ella- y al "¿por qué?" del moderno argonauta le respondiste de la siguiente manera:
Porque al reclamo de la airada madre frente a una hija insolente por su desacato a las órdenes ésta le responde: "¡Qué me viene a decir a mí si usted, madre, llega a la casa a las cinco de la mañana!".
Y no te detienes aquí, y agregas:
Porque el hijo del señor comerciante, un adolescente irrefrenable, es detenido como parte de una banda de ladrones domiciliarios y tras pagar la suma requerida para librarlo de los barrotes de la inminente cárcel, le propina una reprimenda, pero este levantisco muchacho le espeta al indignado progenitor un: "¡Pero qué me viene a decir a mí, padre, si a usted lo he sorprendido una y mil veces alterando los productos que vende y falseando por medio de la publicidad sus maravillosas virtudes! ¿Acaso eso no es robar?"
Y así, hasta el infinito.
Y concluyes, diciéndole:
En el ámbito político, los gobiernos son -para la población en general- la imagen de la autoridad, digamos que el símil de la figura paterna. Si los gobiernos caen presas de la corrupción rampante, el accionar de los criminales crecerá exponencialmente por razón natural. Para evitar la catástrofe se requiere de un gobierno firme, lo más probo posible, que dé ejemplo de honestidad, para que tenga la autoridad moral para corregir los yerros o transgresiones de los ciudadanos. Pero si ocurre lo contrario, si la impunidad es la tarjeta de presentación de uso común en las esferas oficiales, los "malosos" se sentirán alentados a hacer lo propio, puesto que ven el mal ejemplo y la forma impune -o casi- en la que realizan aquéllos sus muy cuestionables acciones. Nada se podrá corregir mientras no haya una profunda reforma del Estado, sobretodo de orden moral.
Y te despides de tu interlocutor, subes a tu auto y sigues a la espera de las señales de cambio que hagan virar el rumbo que, a tumbos, parece llevar tu país. Vale.
Con vuestra venia..





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