¡VOLVIMOS!
Visitenos en nuestra nueva dirección web
FENIX-news Desde 1992

DOCENCIA MASONICA: LAICISMO EN LA FAMILIA






El aspecto de la Laicidad que abordaremos ahora, es la importancia de ésta en el núcleo familiar. Podemos entonces para simplificar el análisis, tomar un grupo familiar constituído por tres personas: un padre, una madre, un hijo. Cuando se plantea el tema "Laicidad en la Familia", rápidamente uno se situa en la perspectiva del padre (o madre) con respecto al hijo, pero no debemos olvidar también la relación entre ambos padres respecto al tópico que nos ocupa. Este punto de vista es muy importante, dado que forma uno de los lados de eses Triángulo dinámico formado por los tres integrantes de esa familia, y de la armoniosa interrelación entre esos tres estamentos o vértices va a surgir una familia con plena capacidad de desarrollo tanto individual como del conjunto. Podríamos considerar  a la relación de Laicidad padre-madre como la base de lo que va a suceder luego con los hijos, porque si ésta es sólida, podemos decir que posiblemente lo mismo sucederá en la relación entre padres e hijos.


 Dado que en ambas puntas de la relación padre-madre tenemos dos seres adultos, los principios de Laicidad son los mismos que existen o deberían existir entre dos personas cualquiera, basados en el respeto mutuo y la tolerancia en cuanto a Religión, posiciones filosóficas o políticas, etc.. Y debido a que estas dos personas tienen una estrecha relación por la causa de su vínculo de pareja, esa tolerancia debe ir más allá y llegar aún a cosas mucho más cotidianas. Como herramienta fundamental para alcanzar un verdadero Laicismo en la pareja tenemos el diálogo abierto y franco, que allana las diferencias y permite la comprensión, estrechando los vínculos ya existentes y construyendo (por qué no) nuevos lazos de unión, que siempre van a resultar beneficiosos para la pareja. Es necesario que los integrantes de la pareja comprendan y respeten sus propias opiniones y practiquen mutuamente la tolerancia como un aspecto más de su Amor, buscando no que los cónyuges lleguen a pensar igual, lo que sería demás de imposible, sumamente monótono y aburrido. Ante todo, de las discrepancias debe surgir la Armonía.


 Pasando ahora al otro aspecto del Triángulo, o sea la relación entre padres e hijo(s), el problema se torna más complejo. Primariamente podemos tener dos posiciones. A veces observamos que tratan los mayores de imponer sus creencias, gustos y opiniones sobre su hijo, a los que podríamos considerar padres dogmáticos, que intentan hacer de su hijo un modelo de persona según lo que ellos creen que es correcto, adoptando así una posición de poseedores de la Verdad, y olvidando que su hijo es un Ser Humano y como tal, con libertad de elección pese a su menor edad. Tener dicha actitud no implica que el progenitor lo haga con mala voluntad, sino que realmente se trata de una posición muy humana, ya que en general a los padres les agrada que sus hijos sigan su propios pasos, en un afán de prolongar a través de aquéllos su propia vida.


 Por otra parte tenemos a padres que adoptan (o por lo menos lo intentan) una posición laicista, tratando que sus opiniones e ideas no influyan en la dúctil mente de un ser aún en desarrollo. Una dificultad que se puede encontrar es que ese mismo desarrollo lleva implícito un proceso por el cual el niño toma imágenes y modelos paternales y los internaliza haciéndolos suyos, deseando él mismo transformarse total o parcialmente según el modelo que vio en su progenitor. Esto, unido a la necesidad que tienen los padres de transmitirle pautas educativas y culturales para que dicho hijo se desempeñe en la Vida, quizá lleva al cuestionamiento de la posibilidad de la existencia del Laicismo en la educación el hijo en el seno de la Familia, y más aún cuando esto implica transmitir en el hijo valores que son siempre subjetivos, salvo los valores que la Moral Universal considera fundamentales y que son comunes a todas las creencias, pero la carencia de ciertas pautas valorativas y educacionales sería perjudicial para la formación del hijo. Este mecanismo psicológico que describimos podría ser reelaborado y contrarrestado creando en el niño una conciencia crítica. Pero no crítica en el sentido destructivo de desconformidad continua y con todo, sino un espíritu crítico que aprenda a jerarquizar aspectos positivos y negativos de diferentes hechos o ideas, para conseguir así una Libertad de Pensamiento y de Criterio que no lo ate a nada ni a nadie sin antes reflexionarlo. Esto tal vez conduzca a que en algún momento llegue a cuestionar planteamientos de sus propios padres, y ahí es cuando justamente a través del diálogo y una actitud abierta puedan enriquecerse tanto el padre que aporta sin imponer sus ideas, como también sus experiencias recogidas a lo largo de los años, del mismo modo que el hijo por ser joven pueda aportar nuevas ideas y puntos de vista, estableciéndose así una relación basada en el respeto hacia el padre no por la autoridad impuesta por éste sino por su propio valor moral, y hacia el hijo cuando su padre lo considera un ser con sus propias ideas y dueño de su propio destino.


 A su vez, una posición laicista implica para el padre, sobre todo en las primeras etapas de la formación de su hijo, una actitud activa y de interés frente a las inqiuetudes de éste, tratando de que cuando se encuentre ante la posibilidad de elegir una carrera, una Religión, una posición política o filosófica, su padre se preocupe por darle todos los elementos de juicios posibles, sin interponer sus deseos o ideas, de tal forma que el hijo haga una elección libre y con clara conciencia e información del camino a seguir. La actitud laicista entraña así, por encima de todo, una paternidad responsable y una alto compromiso con la vida que ha generado.


LAICISMO EN LA EDUCACIÒN.


En cuanto a la Laicidad en la Educación, debemos anotar que la Mas.: ha luchado en forma incansable por este principio ideal que siempre le fue tan querido. Aparte de los antecedentes históricos que ya hemos mencionado, tengamos presente que de acuerdo al art. 15 lit. “e” de nuestra Constitución Masónica, nuestra Gr.: Log.: debe "auspiciar y fomentar la enseñanza laica y liberal-democrática".


 Y tan necesario es para la Mas.: la propagación de la Educación laica, que de acuerdo con la Carta de Montevideo, aprobada en la XIII Asamblea de la C.M.I. (1985), consideró que "resulta imprescindible la defensa del sistema de instrucción y educación laica como el más compatible con el libre desenvolvimiento de las actitudes naturales del hombre, pues toda dependencia... conlleva inevitablemente a la esclavitud". Esta preocupación ya existía en la I, III y V Conferencias que trataron el tema de la defensa del Laicismo y que reseñaremos más adelante.


Básicamente, una educación laicista propugna una formación libre de adoctrinamientos. Una concepción pobre del laicismo educacional lo ha concebido como un sistema de Enseñanza "neutra" u "objetiva". Para combatir esta falacia, digamos que en primer lugar no existe la pretendida "Enseñanza objetiva", ya que esto significaría la mera introducción en el educando de varias posiciones y teorías en un bloque que no tendría para él ningún sentido. Además, todo sistema educacional está orientado de acuerdo a valores y principios, que como dijera uno de los Jiménez de Aréchaga, nada tienen de objetivos, sino que son más especiales, apriorísticos y subjetivos. La neutralidad u objetividad es un método de trabajo, pero no un ideal pedagógico. Y de ahí surge una pregunta: ¿cuáles son los "valores laicos" o "laicistas" en materia de educación?


 En primer orden, el fin que persigue la educación laicista es fomentar el libre ejercicio de la discusión reflexiva y el desarrollo del espíritu crítico, que cuestiona todo y no acepta nada sin someterlo previamente al aplomado de lo que cada uno entiende por recto, justo y perfecto. No podemos tomar como ejemplo de una correcta educación laica a aquella que induzca a que un alumno aprenda con pretendida objetividad: "en X cuestión A piensa así, B opina diferente y C es ecléctico", porque ésto le sería totalmente estéril y antieducativo, aparte de una mera introducción de información. Una verdadera educación laicista debe pretender que el alumno procese debidamente esa información y reflexione así: "sobre X problema, y considerando las posiciones de A, B, y C, yo opino de acuerdo a mi criterio que A pueda tener razón por determinados fundamentos, no comparto la posición de B por determinado motivo, y aunque C en algunos aspectos se muestra más débil estoy más de acuerdo con su pensamiento; ahora bien, creo que si agregamos algunos elementos de razonamiento más podré llegar a esta conclusión personal Z". El Maestro laicista, respetando las libres convicciones de sus alumnos e intentando crear entre ellos un ambiente de tolerancia y respeto, los orientará a descubrir y usar su sentido crítico, permitiendo que cada uno construya sus propias ideas internas y personales, liberando e independizando el pensamiento de los ídolos del Dogma, la Ignorancia, la Mentira, el Fanatismo y los compromisos ideológicos o políticos que atentan contra la búsqueda racional de la Verdad. De ahí que una Enseñanza laicista debe suponer la ausencia de todo adoctrinamiento, lo que es diferente a que se carezca de principios educativos. La palabra "educar" proviene del latín "educere" o "ex ducere", esto es, "sacar hacia afuera", lo que recuerda al método de la Mayéutica socrática, que permite llegar a la Verdad a través del análisis personal del alumno debidamente orientado por el Maestro, buscando que aquél infiera y saque sus propias conclusiones, descubriéndolas mediante el uso de su capacidad reflexiva. Así la Educación laicista es ante todo Mayéutica, porque Maestro y alumnos discurren y se entrenan en el análisis y la búsqueda de la Verdad, haciendo aflorar y salir hacia afuera todas las propias ideas que va descubriendo por sus propios medios y razonamientos.


 En el proceso del Pensamiento, el H.: Ariel Estable distingue dos etapas. Una, que es la de creación de las ideas, de la formación del pensamiento, momento puramente interior de la Psiquis, etapa en la cual es menester lograr la Libertad de Pensamiento y donde la Laicidad cobra particular importancia, y para éllo debe estimularse al espíritu de iniciativa ofreciéndole a cada uno la oportunidad de optar por sí mismo y forjar su propio pensamiento. En dicha etapa, según un artículo publicado en el periódico de neto corte masónico "La Idea Liberal", Año II No. 22, del 5.3.1894, el educando prepara su corazón para sentir y gozarse en las buenas acciones encaminándose en el Laicismo además por una Moral práctica libre de preceptos, y a causa de distintas impresiones se determina libremente por unas ideas o rechaza otras que le desagradan, siente voluntad para decidirse por unas ideas u otras, y a esto se llama "querer". Emparentando las diferentes ideas forma juicios que combinándose unos con otros dan como producto el raciocinio. La Laicidad educacional debe respetar por lo tanto la armonía de las facultades cognoscitivas del alumno. En la segunda etapa, que es la de expresión del Pensamiento (momento de exteriorización del mismo), el educando debe encontrar espíritus tolerantes dispuestos a escucharlo y a discutir con él en pos de la obtención de una Verdad común, y si no fuera posible deberá respetarse la reafirmación e incluso la reformulación de las opiniones particulares.


 ¿Pero cómo lograr una verdadera Educación Laicista o laica? Compartimos el concepto del H.: Villemur Triay cuando dice que se debe estimular en el educando una actitud activa de estudio, de crítica y toma de posición en los diversos problemas. Pero ese estudio, esa toma de posición y esa crítica no la debe imponer el docente laico, sino que debe adoptarla el propio educando. Si no se trabaja así, el docente laicista está sustituyendo el ejercicio mental que debe el discípulo realizar por sí mismo, está frustrando su formación y convirtiéndolo en dogmático.


 Para despertar el espíritu crítico de los educandos no se les debe dar los elementos de razonamiento y las conclusiones ya elaborados por el educador. Se debe tener inclusive la valentía e hidalguía de contemplar cómo los alumnos puedan discernir y elaborar posiciones distintas y aun contrarias a las del Maestro. Si en algún caso un discípulo, en este proceso discursivo, llegara a abjurar y renegar de sus antiguas convicciones religiosas, filosóficas o políticas, lo hará siempre libremente y debido a que gracias al Laicismo descubrió elementos de razonamiento más satisfactorios que los que le ofrecía su antiguo modelo ideológico. En todo caso, muchas instituciones no deberían culpar al Laicismo de disolver el antiguo convencimiento que las personas tenían antes en sus creencias, cuando deberían culpar en realidad al bajo poder que tienen esas ideologías para llegar al corazón de los Hombres.


 No cabe olvidar que muchos grupos atacaron al Laicismo como instrumento para que por medio el Estado ciertos grupos (entre los que se acusa a nuestra Ob.:) impusieran la "ignorancia religiosa obligatoria". Varela contesta muy claramente a esta denuncia desde la Presidencia de Amigos de la Educación Popular a una Pastoral de Jacinto Vera, diciendo que "su objeto (el de la enseñanza laica) es puramente educacional; como no sirve a determinada idea política, no sirve tampoco a determinada idea religiosa". En su obra "La Educación del Pueblo" (1874), en el Capítulo "La Enseñanza Dogmática", decía Varela: "La escuela laica responde fielmente al principio de la separación de la Iglesia y del Estado. Desde que vamos a sostener la justicia y la conveniencia de no enseñar en las escuelas públicas, o mejor dicho, de no enseñar en la escuela, los dogmas de una religión positiva cualquiera, empecemos por rechazar el cargo injusto que nos dirigen los adversarios de esa doctrina diciendo que los que así piensan quieren el establecimiento de la escuela antirreligiosa. No: como dicen los americanos, es "unsectarian", pero no "godless": no pertenece exclusivamente a ninguna secta, y, por la misma razón, no es atea, ya que el ateísmo es también una doctrina religiosa, por más absurdo que pueda considerarse". "Es menester que el pueblo entienda (dice la Revista "Surcos", año I, Número 1 del 22.8.1942) que la enseñanza laica no es atea. Esta libera al niño de prejuicios religiosos (agregamos "e ideológicos") y le da amplitud de conciencia para seguir el camino que mejor le cuadre para llegar a su Dios", o a su principio fundamental como lo es el Gran Arquitecto del Universo para nosotros los MM.:. Creemos que si la Mas.: se comprometió en algún momento con cierta "imposición de la irreligiosidad", en el futuro debería ser más prudente al respecto. La Ord.: sí puede auspiciar y fomentar la Educación laicista, pero nunca deberá imponerla ni tampoco pretender que sea la única Enseñanza que se imparta, ya que debe respetar el principio democrático de Libertad de Enseñanza. El Estado no puede laicizar al individuo sino permitirle pensar y difundir sus ideas en un marco de tolerancia y respeto. Recordando a Reina Reyes, no debe perderse tiempo combatiendo la enseñanza religiosa, sino ampliar y superar la enseñanza laica que proporciona el Estado, institución política y no religiosa según mostrara Varela.


Cabría preguntarse si el problema del Laicismo queda en realidad solamente restringido al campo de las disciplinas humanísticas, que permiten por su naturaleza la especulación y la coexistencia de diferentes opiniones. No parece posible concebir un Laicismo en disciplinas como las Ciencias Naturales (salvo, claro está, cuando se remarca la libertad de investigación científica, pues las conclusiones científicas, en realidad, nunca son definitivas), y máxime cuando pensamos en las ciencias exactas, que poseen axiomas dogmáticos y donde por ejemplo 2 + 2 = 4 para el cristiano, el musulmán, el ateo, el capitalista y el comunista. Renunciaremos a dar una respuesta sobre el particular, y apelaremos a la opinión que cada uno tenga sobre el particular.


 En nuestro ordenamiento constitucional no existen normas expresas que consagren la Laicidad de la Enseñanza. Sin embargo, cabe inferir que la Educación estatal es laica al interpretar diversos artículos de la Constitución nacional. Al no tener el Estado uruguayo una filosofía religiosa o ideológica oficial (art. 5o. Const.), podemos apreciar que éste nunca podrá imponer en la Educación pública determinadas creencias religiosas. El art. 68 de la Constitución se limita a garantizar la Libertad de Enseñanza (esto es, el derecho de cada uno a enseñar lo que quiera, sea dogmático o no), así como el derecho de todo padre a elegir el sistema educacional que quiera para la instrucción de sus hijos (sea dogmático o no), pero al disponerse que "La ley reglamentará la intervención del Estado al sólo objeto de mantener la higiene, la moralidad, la seguridad y el orden públicos", se consagra indirectamente la Laicidad del Estado frente el campo educacional ya que éste no podrá intervenir para imponer, sea en la Enseñanza privada sea en la pública, ninguna orientación ideológica o dogmática. Resulta curioso, pero la Constitución consagra la obligatoriedad de la enseñanza primaria, media, agraria o industrial, como también la utilidad social de la gratuidad de la Educación oficial, pero nada habla sobre la Laicidad de la Enseñanza pública; sin embargo, las Leyes de los Entes estatales de Enseñanza y sus reglamentos son muy claros en cuanto a consagrar la laicidad de la Enseñanza estatal. En párrafos anteriores defendimos el "derecho a la Laicidad" como un derecho derivado de la forma democrático-republicana de gobierno (arts. 72 y 332 Const.), que beneficia al propio educando


 La autonomía máxima que tienen hoy nuestros Entes estatales de Enseñanza es todavía una garantía constitucional que cuida la intromisión de la influencia de concepciones ideológicas del Estado (o mejor dicho, del Gobierno de turno) en la Educación y formación de nuestros jóvenes. La autonomía de los Entes de Enseñanza es el signo institucional que preserva la Laicidad estatal frente a la Educación. Sin embargo, el abuso de la libertad de cátedra por parte de los docentes (otra garantía de la laicidad en la Enseñanza, pero que desgraciadamente se ha usado para adoctrinar), replantea la cuestión de la posible efectividad y vigencia del Laicismo cuando observamos el doloroso panorama de la lucha entre ciertos profesores, que quieren lograr que primen en la Educación Pública ciertas concepciones políticas, y el Gobierno, que se dice defensor del Laicismo como pretexto para tomar mayor ingerencia en la Enseñanza y ganar la batalla política. Tengamos los MM.: conciencia de ello y seamos muy cuidadosos al respecto, advirtiéndolo aun a costa de tener que reconocer nuestros posibles compromisos políticos con el tema.


No podemos soslayar en el tema del Laicismo la cuestión de la Enseñanza Privada. La Enseñanza en nuestro país, como sabemos, es enteramente libre, y además las instituciones privadas de Educación cumplen un papel muy importante en la formación de nuestros habitantes. El Laicismo no puede ir contra ella, mostrándose intolerante, sino que más debería dedicar y concentrar esfuerzos para mejorar el nivel de la Enseñanza laica pública, por desgracia cada vez más aquejada de carencias. Si la calidad de la Enseñanza Pública mejorara, los uruguayos no tendrían que recurrir a los institutos privados (especialmente los religiosos) para cubrir las deficiencias de los establecimientos públicos laicos. Recordemos que desde fines de los años sesenta, y en especial, durante la época del último Gobierno de facto, mientras nadie contenía la creciente decadencia de la Educación Pública, muchos establecimientos privados, y muchos de ellos religiosos, dieron incluso una Educación más laica y formativa que unos cuantos establecimientos públicos de la Dictadura, en los cuales estaba prohibida toda opinión discrepante con la del Gobierno y se debía soportar en silencio las imposiciones del llamado "Proceso cívico-militar". Actualmente, las polémicas frente el Gobierno y las gremiales de docentes no hacen nada bien al Laicismo cuando en el fondo se mueven intereses políticos. Si no solucionamos el problema y no revertimos la situación, la preciada conquista del Laicismo se perderá sin remedio.


A pesar de todo, quienes seguimos luchando insistimos en que el Laicismo en la Educación tiene como valores directrices el desarrollo del espíritu crítico, emancipar al Alma de la ignorancia y como decía Dewey, educar al individuo para la Libertad evitándole el adoctrinamiento y la imposición de ideas. Educar para la Libertad no es frustrar sino respetar la Mente y la formación del educando. Educando para la Libertad educamos en favor de la Igualdad de los Hombres, como era el deseo de Varela. "Los que alguna vez (expresaba el Reformador) se han encontrado juntos en los bancos de una escuela, en la que eran iguales, a la que concurrían usando un mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, a no reconocer más diferencias que las que resultan de las aptitudes y la virtudes de cada uno; y así la escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica de la igualdad democrática". Y esta educación en la Igualdad los educa también en la Fraternidad, porque aprenden a erradicar desde pequeños las injustas diferencias de sexo, raza, Religión, ideas y de posición económico social entre los Hombres. Laicidad en la Educación es, por fin, "fomentar los espíritus sin conformarlos, enriquecerlos sin adoctrinarlos, armarlos sin enrolarlos, comunicarles fuerza para que puedan ejercer su Fuerza, reducirlos a la Verdad para llevarlos a su propia Verdad, darles lo mejor de nosotros mismos sin esperar ese salario que es la reciprocidad", como decía el biólogo francés Jean Rostand.


 Basado en la Razón y no en la imposición o la emoción, el Laicismo crea el ambiente propicio para el desarrollo del espíritu científico (Reina Reyes); "científico" debería entenderse en sentido amplio, o sea referido a todo tipo de Conocimiento.


 Aunque no se hace mención a los términos "Laicismo" o "Laicidad" propiamente dichos, los textos internacionales aprobados por el Uruguay, entre los más recientes la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (Ley nacional por la No. 16.137), consagran el derecho del niño a que respete su libertad de expresión, su integridad de pensamiento, el derecho a formar su conciencia sin restricciones,  la facultad de que profese sus creencias de todo tipo y de que pueda educarse sin imposiciones.


  LAICIDAD EN EL MUNDO PROFANO.


La Laicidad no está reservada a Elegidos y se proyecta a través de los diversos ámbitos del quehacer humano, de los cuales la Ord.:, la Educación y la Familia son casos especiales. Filosofía de la tolerancia y del respeto, el Laicismo proporciona las bases y garantías para el armonioso ejercicio del pluralismo ideológico, elemento fundamental de un sistema de convivencia que nosotros llamamos "Democracia". Intentando levantar las barreras de la intolerancia, el dogmatismo, la incomprensión y la ambición que enfrenta a Hombres contra Hombres, a Hermanos contra Hermanos, la Laicidad se convierte en norma de conducta ordenadora de las acciones sociales, desbrozando y construyendo camino de Paz, Concordia, Libertad y absoluto respeto de los Derechos Humanos. El Laicismo es ese condimento que da a la Democracia su aptitud para aspirar a ser la verdadera custodia de los valores fundamentales del Hombre. Usando las palabras del H.: Alliaume: "La mutua tolerancia, el respeto de los derechos de cada uno, es la base para que todos los seres humanos puedan vivir sobre la Tierra, en armonía, y por tanto abrazar la causa del laicismo". En este sentido, ha sido positivo que el Laicismo hubiera propiciado (y en algunos casos obtenido) lograr en las Democracias separar a la Religión del Estado (en nuestro país, a través del Art. 5o. de la Constitución nacional), y también cuando se garantiza la Libertad de Pensamiento (art. 29 Const.). Sin embargo idéntico texto sería imposible y utópico en cuanto separar al Estado de lo político (partidista). En Uruguay, el art. 77 num. 4o. de la Constitución intentó desvincular a ciertos funcionarios estatales del poder político y de sus influencias, lo que no impide sus reiteradas contravenciones, así como las que se realizan al art. 77 num. 5o. , que establece previsiones en sentido semejante. No obstante, el Estado uruguayo ha proclamado constitucionalmente su neutralidad filosófica y renunció a todo adoctrinamiento o ingerencia en las opiniones ideológicas de sus habitantes.


Todos conocemos cuánto ha hecho nuestra Q.: Ord.: para difundir, convencida de estos ideales, el pensamiento y la acción laicista a lo largo y a lo ancho del Orbe. Hemos ya mencionado la iniciativa de 1891 del H.: Carini para ser más activos en la difusión del sistema de educación laicista. Mucho más detalladas son las conclusiones de las I, III, y V Conferencias Masónicas Interamericanas, que recomiendan iniciativas a nivel del sistema educacional, proponiendo acentuar la separación entre la Iglesia y el Estado, así como la creación y organización de sociedades influyentes de acción laicista en el ámbito social y gremial, y la mancomunidad de esfuerzos para frenar el avance del dogmatismo y conseguir se cumplan los anhelos económicos y sociales que permitan la realización de América Latina y de la Humanidad. En el Encuentro Masónico de Educadores del 27.9.86, la Comisión de Acción Laica propone difundir el Laicismo como nutriente de la promoción y la educación en la convivencia pacífica de los pueblos a través de Encuentro de Pedagogos y Filósofos americanos, ideando un Instituto Superior del Magisterio Americano y recomendando que el Uruguay defendiera a nivel de organismos internacionales la adopción de una conducta nutrida por la Laicidad como contribución y fundamento para la Paz entre los pueblos.


  A MODO DE CONCLUSIÓN.


Respeto y tolerancia, emancipación del dogmatismo y sectarismo de toda clase, educación para la Libertad y la Democracia. Tales son los postulados que el Laicismo y los laicistas aspiramos a ver transformados en realidad para obtener la Realización plena y la Liberación interior del Ser Humano. Sin embargo, la realidad no aparece tan auspiciosa para el Laicismo como quisiéramos,. Hasta ahora hemos dedicado largo tiempo a explicar qué debería ser el Laicismo, pero no hemos examinado qué está ocurriendo con el Laicismo. Deberíamos preguntarnos si realmente es hoy la cuestión religiosa un problema de entidad. Creemos sinceramente que por lo menos en nuestro país el tema del Laicismo contra el dogmatismo religioso ha quedado en la actualidad superado, ya que pese al enorme crucifijo que adorna un sector de Montevideo y a los avances que intenta el Catolicismo para ganar espacio en nuestra sociedad, nuestro pueblo no le permite mucha oportunidad a la Iglesia Católica ya que por lo general el uruguayo es indiferente en materia de Religión. Careciendo hoy la cuestión religiosa de verdadera entidad, deberíamos concentrar nuestra preocupación por el problema del Laicismo frente a los conflictos políticos y gremiales (nutridos estos últimos de una claro tinte político), pues son ellos los que actualmente socavan al Laicismo. La sociedad uruguaya está desgraciadamente minada por la conflictividad político-partidaria. Los grandes temas de interés nacional, los que cuestionan valores importantes y los problemas que enfrenta nuestra Democracia, se politizan con gran facilidad y se tornan piezas que se manejan en un Ajedrez donde se especula con posibles beneficios electorales. Los conceptos de "Estado", "Bien Común" e "Interés General" son menoscabados para ser reducidos a los intereses partidistas y de grupo. La información suele ser políticamente tendenciosa y manipulada, haciendo que la gente confíe menos en lo que le comunica la Prensa, lo que contribuye asimismo a lesionar la credibilidad en las instituciones. La Familia, la Educación y la propia Ord.: no resisten el embate y se transforman muchas veces en terrenos donde en aras de intereses políticos en disputa se corre el peligro de echar por la borda el rico tesoro de la Laicidad que tanto costó forjar. Cabría cuestionarse la actitud que toma a veces nuestra Ob.: frente a la gravedad del tema, porque da la impresión de que la forma en que tratamos el tema del laicismo en nuestra TTen.: deja a algunos HH.: insatisfechos. Ha resultado hasta el momento muy difícil desprender al Laicismo de lo estrictamente religioso o declamatorio, y no estamos poniendo esfuerzo en "aggiornar" el concepto, planteando, por lo contrario, el tema sin mayores originalidades en mucho tiempo, y en términos y cuestionamientos ya bastante pasados de moda. Sabemos que muchos de Uds. podrá discrepar con nuestra posición, pero sin duda esto nos debería motivar a la reflexión.


 Seamos conscientes de lo expuesto, mis HH.:; estrechemos aún más fuerte nuestra Cadena y seamos más vigorosos en golpear con nuestros instrumentos de trabajo. Recordemos las palabras del Encuentro de Educadores, ya citado: "Cada eslabón de nuestra Cadena debe ser un predicador del hacer laico, en una acción fecunda, levantando barreras, intensificando los ideales, desarrollando los valores, proyectando a la Ord.:, iluminando el pensamiento a través de la búsqueda constante de la verdad, desarrollando intensamente una conciencia total, viva y fraterna". Activemos los esfuerzos operativos de nuestra Ob.: a fin de que el Laicismo no pierda vigencia. Sin duda que en la defensa y la revitalización del Laicismo se juega buena porción de la vida de nuestra Ord.:, su proyección y su victoria en el porvenir. Salgamos, pues, a buscar y reencontrar los valores fundamentales del Laicismo, y esforcémonos para lograr que se consoliden (mas no mediante la imposición) como los rectores de toda sociedad libre y democrática. Hoy día los amigos del sectarismo y del fanatismo no sólo visten sotana y cuello clerical, sino también saco y corbata; algunos incluso ocupan cargos públicos, políticos y gremiales, y usan nuestro mismo lenguaje. Recordemos las palabras de viejos HH.:, que aún hoy resuenan con preocupante dramatismo: "Sino procedemos con entereza, sino tenemos corage para imitar á los antepasados que nos legaron conquistas preciadas, es el caso de preguntar, con desesperación y vergüenza: -¿Adónde vamos?". "¿De quién será la victoria? ¿Del más activo? ¡Masones del Uruguay: unión es fuerza; trabajo es premio futuro; inacción, es sombra y derrota!". No le demos, pues, ni un minuto de descanso al Dogma, a la imposición, a los prejuicios y a las supersticiones, colocando en sus trincheras banderas de Libertad, Razón y Democracia, esos tres importantes lábaros del Laicismo.


   QQ.: HH.:: meditemos en la Col.: del Sil.: estas reflexiones, para aunar luego con más entusiasmo nuestras herramientas y luchar para que un día los rayos del Laicismo iluminen a la Humanidad entera trayéndole respeto, Paz y Amor fraternal. Ese día quizá no sea más necesaria la Mas.:, y habiendo cumplido ya con nuestra misión liberadora del Espíritu, sellaremos con alegría las puertas de nuestros Templos una vez terminada nuestra Tarea y nuestra Obra; éste será sin duda el más hermoso regalo con que glorificaremos a ese principio tan amado por nosotros como es el G.: A.: D.: U.:.


REVISTA DE LA LIBERTAD-BESOMI




COMICs