Confederación de Grandes Logias Unidas de América- GLUA
¡MASONES DEL MUNDO, UNÍOS!
Cuando mis Queridos y Muy Respetables Hermanos, Grandes Maestros americanos, decidieron elegirme para conducir los destinos de la Confederación de Grandes Logias Unidas de América, supe que semejante responsabilidad debía ser asumida con tanta seriedad, como las circunstancias lo ameritaban, y como la Masonería que nosotros representamos, lo estaba necesitando.
Y es que esta confederación, fundada en Bolivia el 22 de mayo del año 2004, y que luego de un tiempo de silencio, volvió a hacer oír su voz, ha hecho grandes avances durante la presidencia del M:.R:.H:. Julio Franco, y es menester edificar sobre los logros ya realizados, para abrir nuevos rumbos y fortalecer nuestras estructuras, desde las bases de la construcción, hasta llegar a los cielos mismos de nuestro sueño de fraternidad.
Las divisiones entre los Hijos de la Viuda, siguen siendo moneda demasiado corriente, a pesar de que vivimos pregonando la Igualdad y la Fraternidad, siempre y cuando el otro piense igual que nosotros o afirme las mismas cosas con pelos y señales.
A la hora de hablar de reconocer a los Hermanos como iguales, empezamos con el trillado argumento de los regulares e irregulares, cuando en realidad somos nosotros mismos quienes miramos de soslayo a un Hermano o a otra Potencia masónica, solo porque “no estamos en la misma confederación”, o porque tal o cual Potencia masónica poderosa “me sugirió que no trabe amistad”, o porque a tal o cual peso pesado dentro de la Orden, no le gustaría que hagamos un mutuo reconocimiento fraterno.
¿Y a donde se fue entonces el lema de la Libertad? ¿Y dónde queda la Fraternidad entonces, y la libertad absoluta de conciencia, si no somos siquiera libres de elegir nuestros propios amigos?
No es malo que se creen Potencias masónicas nuevas, y seguramente seguirán apareciendo cada vez más, mientras no nos avengamos a tratarnos realmente como Hermanos, para que esas intenciones dejen de ser palabras huecas y sin un sentido justo y perfecto.
Debemos reconocernos como Hermanos. Tratarnos como Hermanos. Vernos como Hermanos, y sentirnos como Hermanos.
Es hora de que maduremos, y debemos hacerlo ya. Es hora de que dejemos de lado la pueril idea de que quienes piensan distinto son nuestros enemigos, y quienes repiten nuestros mismos argumentos, son nuestros amigos. Esa no solo es una idea infantil, sino que además carece de toda lógica, y solo sirvió en la historia de la Humanidad, para justificar las peores tiranías y las dictaduras más infames.
“El que no está conmigo, está contra mí”. Pues no, señores. El que no está conmigo, es libre de elegir su camino y yo no debo tomarlo como una ofensa. Es más… quizá mañana sea mi amigo.
Han pasado 300 años de aquella fecha en que cuatro logias se confederaron en Londres, y todavía nos seguimos fijando que si eran masones, que si no eran masones, que si eran reformadores, que si eran modernos, que si eran aceptados, que si sabían usar una escuadra… y seguimos viendo el vaso medio vacío.
Entre las cosas que Aristóteles enseñó a Alejandro Magno, hace casi dos mil quinientos años, una de las más pragmáticas es aquello de que: La única verdad, es la realidad.
Y aquí la verdad únívoca y absoluta es que somos masones, aquí y ahora. Sin importar lo que fueron o hicieron otros, los masones de hoy somos nosotros, y será de nosotros y de nuestros aciertos y errores, que se estará hablando dentro de otros trescientos años de historia de la Orden.
Queridos Hermanos, es hora de ponernos los pantalones largos, y de afrontar con hidalguía los compromisos que hemos asumido en el Ara del Templo, porque si no lo hacemos así, las divisiones van a continuar cada vez más, hasta que terminemos todos solos haciendo Masonería de juguete, encerrados en el ático de nuestra propia incomprensión y aislamiento.
Somos masones, en cuanto nuestros Hermanos nos reconocen como tales. Y si cuando un Hermano extiende su brazo solicitando ayuda, miramos para otro lado, o le pedimos una batería de antecedentes, o una certificación firmado por James Anderson, no estamos siendo precisamente fraternos, sino otra cosa.
Reagrupemos nuestras filas, recojamos los jirones de experiencia que hemos ido dejando tirados en el camino de la historia; hagamos lugar con humildad, a los que más saben y nos han marcado un camino; ayudemos a los Maestros jóvenes a encontrar una senda de ejemplos, y mostremos al mundo que la Masonería es lo que dice ser, y vale mucho más que una película de conspiraciones, o el recuerdo de lo que una vez fue y ya no es.
Uníos Hermanos míos, para que cuando vengan por algunos, seamos todos los que pongamos el pecho y hagamos fuerte nuestra posición, de una vez y para siempre.
Uníos Hermanos míos, porque mañana pueden venir por mí, y si no nos protegemos mutuamente como familia que somos, mañana quizá ya no haya nadie que grite y proteste.
Uníos Hermanos míos, porque ser Hermanos significa ser familia, y dentro de las familias habrá veces que nos llevaremos bien, y habrá veces que nos llevaremos mal, pero familia nunca dejaremos de ser.
¡Masones del mundo, uníos! Y que “los Hermanos sea unidos, porque esa es la Ley Primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera”.
Mis respetos, mis bendiciones, y mi más cálido T:.A:.F:.
Máximo E. Calderón
Presidente de GLUA
Confederación Grandes Logias Unidas de América
¡MASONES DEL MUNDO, UNÍOS!
Cuando mis Queridos y Muy Respetables Hermanos, Grandes Maestros americanos, decidieron elegirme para conducir los destinos de la Confederación de Grandes Logias Unidas de América, supe que semejante responsabilidad debía ser asumida con tanta seriedad, como las circunstancias lo ameritaban, y como la Masonería que nosotros representamos, lo estaba necesitando.
Y es que esta confederación, fundada en Bolivia el 22 de mayo del año 2004, y que luego de un tiempo de silencio, volvió a hacer oír su voz, ha hecho grandes avances durante la presidencia del M:.R:.H:. Julio Franco, y es menester edificar sobre los logros ya realizados, para abrir nuevos rumbos y fortalecer nuestras estructuras, desde las bases de la construcción, hasta llegar a los cielos mismos de nuestro sueño de fraternidad.
Las divisiones entre los Hijos de la Viuda, siguen siendo moneda demasiado corriente, a pesar de que vivimos pregonando la Igualdad y la Fraternidad, siempre y cuando el otro piense igual que nosotros o afirme las mismas cosas con pelos y señales.
A la hora de hablar de reconocer a los Hermanos como iguales, empezamos con el trillado argumento de los regulares e irregulares, cuando en realidad somos nosotros mismos quienes miramos de soslayo a un Hermano o a otra Potencia masónica, solo porque “no estamos en la misma confederación”, o porque tal o cual Potencia masónica poderosa “me sugirió que no trabe amistad”, o porque a tal o cual peso pesado dentro de la Orden, no le gustaría que hagamos un mutuo reconocimiento fraterno.
¿Y a donde se fue entonces el lema de la Libertad? ¿Y dónde queda la Fraternidad entonces, y la libertad absoluta de conciencia, si no somos siquiera libres de elegir nuestros propios amigos?
No es malo que se creen Potencias masónicas nuevas, y seguramente seguirán apareciendo cada vez más, mientras no nos avengamos a tratarnos realmente como Hermanos, para que esas intenciones dejen de ser palabras huecas y sin un sentido justo y perfecto.
Debemos reconocernos como Hermanos. Tratarnos como Hermanos. Vernos como Hermanos, y sentirnos como Hermanos.
Es hora de que maduremos, y debemos hacerlo ya. Es hora de que dejemos de lado la pueril idea de que quienes piensan distinto son nuestros enemigos, y quienes repiten nuestros mismos argumentos, son nuestros amigos. Esa no solo es una idea infantil, sino que además carece de toda lógica, y solo sirvió en la historia de la Humanidad, para justificar las peores tiranías y las dictaduras más infames.
“El que no está conmigo, está contra mí”. Pues no, señores. El que no está conmigo, es libre de elegir su camino y yo no debo tomarlo como una ofensa. Es más… quizá mañana sea mi amigo.
Han pasado 300 años de aquella fecha en que cuatro logias se confederaron en Londres, y todavía nos seguimos fijando que si eran masones, que si no eran masones, que si eran reformadores, que si eran modernos, que si eran aceptados, que si sabían usar una escuadra… y seguimos viendo el vaso medio vacío.
Entre las cosas que Aristóteles enseñó a Alejandro Magno, hace casi dos mil quinientos años, una de las más pragmáticas es aquello de que: La única verdad, es la realidad.
Y aquí la verdad únívoca y absoluta es que somos masones, aquí y ahora. Sin importar lo que fueron o hicieron otros, los masones de hoy somos nosotros, y será de nosotros y de nuestros aciertos y errores, que se estará hablando dentro de otros trescientos años de historia de la Orden.
Queridos Hermanos, es hora de ponernos los pantalones largos, y de afrontar con hidalguía los compromisos que hemos asumido en el Ara del Templo, porque si no lo hacemos así, las divisiones van a continuar cada vez más, hasta que terminemos todos solos haciendo Masonería de juguete, encerrados en el ático de nuestra propia incomprensión y aislamiento.
Somos masones, en cuanto nuestros Hermanos nos reconocen como tales. Y si cuando un Hermano extiende su brazo solicitando ayuda, miramos para otro lado, o le pedimos una batería de antecedentes, o una certificación firmado por James Anderson, no estamos siendo precisamente fraternos, sino otra cosa.
Reagrupemos nuestras filas, recojamos los jirones de experiencia que hemos ido dejando tirados en el camino de la historia; hagamos lugar con humildad, a los que más saben y nos han marcado un camino; ayudemos a los Maestros jóvenes a encontrar una senda de ejemplos, y mostremos al mundo que la Masonería es lo que dice ser, y vale mucho más que una película de conspiraciones, o el recuerdo de lo que una vez fue y ya no es.
Uníos Hermanos míos, para que cuando vengan por algunos, seamos todos los que pongamos el pecho y hagamos fuerte nuestra posición, de una vez y para siempre.
Uníos Hermanos míos, porque mañana pueden venir por mí, y si no nos protegemos mutuamente como familia que somos, mañana quizá ya no haya nadie que grite y proteste.
Uníos Hermanos míos, porque ser Hermanos significa ser familia, y dentro de las familias habrá veces que nos llevaremos bien, y habrá veces que nos llevaremos mal, pero familia nunca dejaremos de ser.
¡Masones del mundo, uníos! Y que “los Hermanos sea unidos, porque esa es la Ley Primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera”.
Mis respetos, mis bendiciones, y mi más cálido T:.A:.F:.
Máximo E. CalderónPresidente de GLUA
Confederación Grandes Logias Unidas de América


