La Gran Logia de España, GLE, parece empeñada en seguir brindándonos jocosos momentos a todas y todos las españolas, seamos masonas y masones o no.
El último, por ahora, es la apropiación de un hecho sucedido en Francia, el reconocimiento del Presidente de la República a la Institución Masónica en todas y cada una de sus Obediencias, como si en él estuviese incluída la regular, y de anglosajona obediencia, española.
La GLE, que un día amanece monárquica, al otro defensora de la fe (cristiana of course), y siempre detentadora de la patente de la auténtica y buena masonería, haría bien en mirarse en el espejo francés y no tratar de erigirse un día sí y otro también en la auténtica y única masonería española como si el resto de obediencias hispanas fuesen una suerte de hijos espúreos, y poco tratables, de tan digna institución.
La GLE, con todo el respeto personal para cada uno de los Hermanos que en ella trabajan, no es más que el vestigio de algo que nació hace 300 años y que ha sufrido evoluciones y mutaciones a las que ellos se muestran totalmente refractarios; asidos, si no encadenados, a viejas Constituciones y Landmarks ambos cubiertos del polvo que acumulan los objetos faltos de la sana aireación.
Esperamos que entre el "Brexit" y sus miradas a Francia acaben por enterarse de que la diversidad es saludable y que hay otro mundo fuera de su pequeño círculo


