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EL LIBRO DE LOS ESPLENDORES


Eliphas Lévi
EL LIBRO DE LOS ESPLENDORES
Historia del Caballero del León
Se ha dicho que cuando Salomón hubo perdonado a los oficiales que intentaban sublevarse haciéndoles volver a su deber uno de ellos, que no podía olvidar el castigo que se había infringido a sus camaradas, considerándolo injusto, resolvió atentar contra la vida de Salomón. Se dirigió a su palacio para apuñalarle, matando a uno de los oficiales que quiso prohibirle la entrada. Después luchó con Salomón, quien le obligó a emprender la fuga y ocultarse en las montañas. Los guardianes de Salomón le persiguieron durante doce días, sin encontrarle; cuando uno llamado La Bauce, divisó un león que arrastraba un hombre a su cubil, a quien combatió, matándole. Reconoció en aquel hombre, a quien el león había estrangulado, al que se buscaba. Entonces La Bauce le cortó la cabeza y se la llevó a Salomón, que le recompensó dándole una cinta, símbolo de la virtud, en cuyo extremo pendía un león de oro, representación del valor, que llevaba en la boca una maza con la que había sido muerto.
Una vez concluido el Templo, varios obreros se dedicaron, bajo dirección de un jefe, al trabajo de reformar las costumbres, levantar los edificios espirituales con lo cual se hicieron recomendables por su caridad, y se les llamó los Padres Kadosh, que quiere decir separados por la santidad de su vida.
No se sostuvieron largo tiempo porque olvidaron sus deberes, y la avaricia los volvió hipócritas. Los Ptolomeo Filadelfo, reyes de Egipto, príncipes de los astrólogos, eran los más célebres y constantes amigos de la caridad, y ordenaron a setenta hermanos la versión de las Sagradas Escrituras. Bien pronto se apartaron los Padres de Kadosch de sus deberes, traspasando los limites del bien obrar. Sin embargo, se conservó la orden, porque algunos de ellos, observadores celosos de la ley que se les había impuesto, se apartaron de ellos. Eligieron entonces un gran maestro vitalicio; parte de ellos quedaron en Siria y Sicilia, dedicándose a las buenas obras, y los restantes fueron habitar las posesiones que tenían en Libia y Tebaida; sus retiros fueron en seguida habitados por los solitarios conocidos bajo el nombre de Padres del Desierto; también se les denominaba Kadosch, que quiere decir santo o separado.
Tanto los judíos como los cristianos, no habían dicho nunca nada malo de ellos; el gran maestro se llamaba Manchemm. Esta orden ha persistido desde los judíos hasta los cristianos. Después de la destrucción del Templo, muchos abrazaron el cristianismo. Se reunieron, pues, constituyendo una sola familia. Todos sus bienes fueron comunes. Alejandro, patriarca de Alejandría, era su mayor ornamento. Pasaban la vida alabándole y bendiciendo a Dios, y ayudando a los pobres, a los que consideraban como sus propios hermanos. Así como esta venerable orden se sostuvo hasta los fines del siglo sexto y hoy todos los hermanos procuran sostener su pasado brillo.
La clave de las Palabras Masónicas Salomón, es la personificación de la ciencia y la sabiduría suprema.
El Templo, es la realización y la figura del reino jerárquico de la verdad y la razón sobre la tierra.
Hiram, es el hombre que ha alcanzado el poder por medio de la ciencia y la sabiduría. Gobierna por la razón y el orden, considerando a cada uno por sus obras. Cada grado de la orden posee una palabra que traduce su esencia. No hay más que una palabra para Hiram; pero ésta se pronuncia de tres maneras diferentes. Pronunciada por los aprendices quiere decir naturaleza y se explica mediante el trabajo. Pronunciada por los compañeros, quiere decir pensamiento, explicándose mediante el estudio. Pronunciada por los maestros, quiere decir verdad y se explica por la sabiduría.
Hay tres grados en la jerarquía de los seres. Hay tres puertas en el Templo. Hay tres rayos en la luz. Hay tres fuerzas en la naturaleza.
Estas fuerzas están figuradas por la regla que une, la palanca que levanta y el martillo que afirma. La rebelión de los instintos brutales contra la autocracia de la sabiduría se arma, sucesivamente, de tres fuerzas. Hay tres rebeldes: el rebelde a la naturaleza; el rebelde a la ciencia y el rebelde a la
verdad.
Estaban representados en el infierno de los antiguos por las tres cabezas del Cerbero.
En la Biblia, por Coré, Dathón y Abirón.
En la leyenda masónica se designan por símbolos, cuyas combinaciones cabalísticas, varían según las iniciaciones.
El primero, al que se denomina Abirón, y homicida de Hiram, golpea al maestro con la regla. Así es como tantos justos fueron inmolados en nombre de la ley.
El segundo, llamado Miphiboseth, del nombre de un pretendiente al reino de David, golpea a Hiram con la palanca. Así es como las reacciones populares contra la tiranía se convierten en otra tiranía y atenían, más fatalmente aún, al reinado de la sabiduría y de la virtud.
El tercero, en fin, remató a Hiram con el martillo, como hacen los restauradores brutales de una pretendida orden que creen asegurar su autoridad aplastando a la inteligencia.
La rama de acacia sobre la tumba de Hiram es como la cruz en los altares de Cristo. Es la figura de la ciencia, que sostenía a la ciencia misma, y que eleva su protesta contra los asesinos del pensamiento. Cuando los errores de los hombres han llegado a trastornar el orden, entonces la naturaleza interviene, al igual que Salomón en el Templo.
La muerte de Hiram debe ser vengada, los asesinos pueden quedar impunes un día, pero la noche ha de llegar para ellos. El que ha golpeado con la regla ha provocado el puñal.
El que ha triunfado con el martillo caerá víctima de la fuerza de que ha abusado y será estrangulado por el león.
El que asesinó con la regla se ha descubierto por la lámpara que encendió y el manantial en que bebía, es decir, que se le aplicarán la pena del Talión.
El que asesinó con la palanca será sorprendido cuando le falte su vigilancia como un perro dormido.
El león que devora al que asesinó con el martillo es una de las formas de la Esfinge de Edipo; merecerá suceder a Hiram en su dignidad, quien hubiera vencido al león.
El cadáver putrefacto de Hiram demuestra que no resucitan las formas muertas y usadas.
Hiram es el solo, verdadero y único, el rey legítimo del mundo; de él es de quien se dice siempre: ¡El rey ha muerto!. ¡Viva el rey!.
La masonería tiene por objeto reconstruir la monarquía de Hiram y de volver a erigir espiritualmente el Templo.
Entonces el dragón de las tres cabezas será encadenado. Entonces las sombras de los tres homicidas serán arrojadas a las tinieblas. Entonces, la piedra viva, la piedra cúbica, el cubo de oro, el cubo de doce puertas, la nueva Jerusalén, descenderá del cielo según la profecía cabalística de San Juan.
El manantial de agua que corre cerca del primer homicida indica que la rebelión de la primera edad ha sido sofocada con el diluvio. El zarzal ardiendo y el arco iris que permiten descubrir al segundo homicida, representan la Santa Cabala que protesta contra los dogmas farisaicos y la idolatría de la segunda edad.
El fin, el león vencido representa el triunfo del espíritu sobre la materia y la sumisión de la fuerza bruta a la inteligencia, que debe ser el signo de la consumación y el advenimiento del santum regnum.
Desde que se iniciaron los trabajos espirituales para edificar el Templo de la verdad, Hiram ha sido muerto muchas veces y siempre ha resucitado.
Hiram es Adonis, muerto por un jabalí. Es Pitágoras, proscrito. Es Osiris, asesinado por Tifón. Es Orfeo, despedazado por las Bacantes. Es Moisés, enterrado, acaso, vivo en las cavernas del Monte Nébo.
Es Jesús asesinado por tres traidores: Caifas, Judas Iscariote y Pilatos.
Es Santiago de Molay, condenado por un papa, denunciado por un falso hermano y quemado por orden de un rey. La obra del Templo es la del mesianismo, es decir, de la realización del simbolismo israelita y cristiano.
Es el restablecimiento de la verdad legitimada, de la inteligencia y de la virtud. Es el orden, mediante el equilibrio del deber y del derecho, bases inquebrantables del poder.
Es el restablecimiento de la iniciación jerárquica y del sacerdocio del pensamiento, regulando la monarquía de la inteligencia y de la fuerza. Todo cuanto se ha realizado en el mundo carecería de sentido y de alcance, si esta obra no se llevase a cabo algún día.








Eliphas Lévi<br /><br /><br/>EL LIBRO DE LOS ESPLENDORES<br /><br /><br/>Historia del Caballero del León<br /><br /><br/>Se ha dicho que cuando Salomón hubo perdonado a los oficiales que intentaban sublevarse haciéndoles volver a su deber uno de ellos, que no podía olvidar el castigo que se había infringido a sus camaradas, considerándolo injusto, resolvió atentar contra la vida de Salomón. Se dirigió a su palacio para apuñalarle, matando a uno de los oficiales que quiso prohibirle la entrada. Después luchó con Salomón, quien le obligó a emprender la fuga y ocultarse en las montañas. Los guardianes de Salomón le persiguieron durante doce días, sin encontrarle; cuando uno llamado La Bauce, divisó un león que arrastraba un hombre a su cubil, a quien combatió, matándole. Reconoció en aquel hombre, a quien el león había estrangulado, al que se buscaba. Entonces La Bauce le cortó la cabeza y se la llevó a Salomón, que le recompensó dándole una cinta, símbolo de la virtud, en cuyo extremo pendía un león de oro, representación del valor, que llevaba en la boca una maza con la que había sido muerto.<br /><br /><br/>Una vez concluido el Templo, varios obreros se dedicaron, bajo dirección de un jefe, al trabajo de reformar las costumbres, levantar los edificios espirituales con lo cual se hicieron recomendables por su caridad, y se les llamó los Padres Kadosh, que quiere decir separados por la santidad de su vida.<br /><br /><br/>No se sostuvieron largo tiempo porque olvidaron sus deberes, y la avaricia los volvió hipócritas. Los Ptolomeo Filadelfo, reyes de Egipto, príncipes de los astrólogos, eran los más célebres y constantes amigos de la caridad, y ordenaron a setenta hermanos la versión de las Sagradas Escrituras. Bien pronto se apartaron los Padres de Kadosch de sus deberes, traspasando los limites del bien obrar. Sin embargo, se conservó la orden, porque algunos de ellos, observadores celosos de la ley que se les había impuesto, se apartaron de ellos. Eligieron entonces un gran maestro vitalicio; parte de ellos quedaron en Siria y Sicilia, dedicándose a las buenas obras, y los restantes fueron habitar las posesiones que tenían en Libia y Tebaida; sus retiros fueron en seguida habitados por los solitarios conocidos bajo el nombre de Padres del Desierto; también se les denominaba Kadosch, que quiere decir santo o separado.<br /><br /><br/>Tanto los judíos como los cristianos, no habían dicho nunca nada malo de ellos; el gran maestro se llamaba Manchemm. Esta orden ha persistido desde los judíos hasta los cristianos. Después de la destrucción del Templo, muchos abrazaron el cristianismo. Se reunieron, pues, constituyendo una sola familia. Todos sus bienes fueron comunes. Alejandro, patriarca de Alejandría, era su mayor ornamento. Pasaban la vida alabándole y bendiciendo a Dios, y ayudando a los pobres, a los que consideraban como sus propios hermanos. Así como esta venerable orden se sostuvo hasta los fines del siglo sexto y hoy todos los hermanos procuran sostener su pasado brillo.<br /><br /><br/>La clave de las Palabras Masónicas<br /><br /><br/>Salomón, es la personificación de la ciencia y la sabiduría suprema.<br /><br /><br/>El Templo, es la realización y la figura del reino jerárquico de la verdad y la razón sobre la tierra.<br /><br /><br/>Hiram, es el hombre que ha alcanzado el poder por medio de la ciencia y la sabiduría. Gobierna por la razón y el orden, considerando a cada uno por sus obras. Cada grado de la orden posee una palabra que traduce su esencia. No hay más que una palabra para Hiram; pero ésta se pronuncia de tres maneras diferentes. Pronunciada por los aprendices quiere decir naturaleza y se explica mediante el trabajo. Pronunciada por los compañeros, quiere decir pensamiento, explicándose mediante el estudio. Pronunciada por los maestros, quiere decir verdad y se explica por la sabiduría.<br /><br /><br/>Hay tres grados en la jerarquía de los seres. Hay tres puertas en el Templo. Hay tres rayos en la luz. Hay tres fuerzas en la naturaleza.<br /><br /><br/>Estas fuerzas están figuradas por la regla que une, la palanca que levanta y el martillo que afirma. La rebelión de los instintos brutales contra la autocracia de la sabiduría se arma, sucesivamente, de tres fuerzas. Hay tres rebeldes: el rebelde a la naturaleza; el rebelde a la ciencia y el rebelde a la<br /><br /><br/>verdad.<br /><br /><br/>Estaban representados en el infierno de los antiguos por las tres cabezas del Cerbero.<br /><br /><br/>En la Biblia, por Coré, Dathón y Abirón.<br /><br /><br/>En la leyenda masónica se designan por símbolos, cuyas combinaciones cabalísticas, varían según las iniciaciones.<br /><br /><br/>El primero, al que se denomina Abirón, y homicida de Hiram, golpea al maestro con la regla. Así es como tantos justos fueron inmolados en nombre de la ley.<br /><br /><br/>El segundo, llamado Miphiboseth, del nombre de un pretendiente al reino de David, golpea a Hiram con la palanca. Así es como las reacciones populares contra la tiranía se convierten en otra tiranía y atenían, más fatalmente aún, al reinado de la sabiduría y de la virtud.<br /><br /><br/>El tercero, en fin, remató a Hiram con el martillo, como hacen los restauradores brutales de una pretendida orden que creen asegurar su autoridad aplastando a la inteligencia.<br /><br /><br/>La rama de acacia sobre la tumba de Hiram es como la cruz en los altares de Cristo. Es la figura de la ciencia, que sostenía a la ciencia misma, y que eleva su protesta contra los asesinos del pensamiento. Cuando los errores de los hombres han llegado a trastornar el orden, entonces la naturaleza interviene, al igual que Salomón en el Templo.<br /><br /><br/>La muerte de Hiram debe ser vengada, los asesinos pueden quedar impunes un día, pero la noche ha de llegar para ellos. El que ha golpeado con la regla ha provocado el puñal.<br /><br /><br/>El que ha triunfado con el martillo caerá víctima de la fuerza de que ha abusado y será estrangulado por el león.<br /><br /><br/>El que asesinó con la regla se ha descubierto por la lámpara que encendió y el manantial en que bebía, es decir, que se le aplicarán la pena del Talión.<br /><br /><br/>El que asesinó con la palanca será sorprendido cuando le falte su vigilancia como un perro dormido.<br /><br /><br/>El león que devora al que asesinó con el martillo es una de las formas de la Esfinge de Edipo; merecerá suceder a Hiram en su dignidad, quien hubiera vencido al león.<br /><br /><br/>El cadáver putrefacto de Hiram demuestra que no resucitan las formas muertas y usadas.<br /><br /><br/>Hiram es el solo, verdadero y único, el rey legítimo del mundo; de él es de quien se dice siempre: ¡El rey ha muerto!. ¡Viva el rey!.<br /><br /><br/>La masonería tiene por objeto reconstruir la monarquía de Hiram y de volver a erigir espiritualmente el Templo.<br /><br /><br/>Entonces el dragón de las tres cabezas será encadenado. Entonces las sombras de los tres homicidas serán arrojadas a las tinieblas. Entonces, la piedra viva, la piedra cúbica, el cubo de oro, el cubo de doce puertas, la nueva Jerusalén, descenderá del cielo según la profecía cabalística de San Juan.<br /><br /><br/>El manantial de agua que corre cerca del primer homicida indica que la rebelión de la primera edad ha sido sofocada con el diluvio. El zarzal ardiendo y el arco iris que permiten descubrir al segundo homicida, representan la Santa Cabala que protesta contra los dogmas farisaicos y la idolatría de la segunda edad.<br /><br /><br/>El fin, el león vencido representa el triunfo del espíritu sobre la materia y la sumisión de la fuerza bruta a la inteligencia, que debe ser el signo de la consumación y el advenimiento del santum regnum.<br /><br /><br/>Desde que se iniciaron los trabajos espirituales para edificar el Templo de la verdad, Hiram ha sido muerto muchas veces y siempre ha resucitado.<br /><br /><br/>Hiram es Adonis, muerto por un jabalí. Es Pitágoras, proscrito. Es Osiris, asesinado por Tifón. Es Orfeo, despedazado por las Bacantes. Es Moisés, enterrado, acaso, vivo en las cavernas del Monte Nébo.<br /><br /><br/>Es Jesús asesinado por tres traidores: Caifas, Judas Iscariote y Pilatos.<br /><br /><br/>Es Santiago de Molay, condenado por un papa, denunciado por un falso hermano y quemado por orden de un rey. La obra del Templo es la del mesianismo, es decir, de la realización del simbolismo israelita y cristiano.<br /><br /><br/>Es el restablecimiento de la verdad legitimada, de la inteligencia y de la virtud. Es el orden, mediante el equilibrio del deber y del derecho, bases inquebrantables del poder.<br /><br /><br/>Es el restablecimiento de la iniciación jerárquica y del sacerdocio del pensamiento, regulando la monarquía de la inteligencia y de la fuerza. Todo cuanto se ha realizado en el mundo carecería de sentido y de alcance, si esta obra no se llevase a cabo algún día.





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