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LOS LIBROS HERMÉTICOS


Autor: Federico González
LOS LIBROS HERMÉTICOS


Al nombre de Pico de la Mirándola pueden agregarse los de numerosos hermetistas con una profusa obra sea propia, sean comentarios y traducciones. Puede mencionarse a los más destacados, algunos de los cuales llevaron una vida difícil, plena de incomprensiones y persecuciones. F. Giorgi, veneciano, cuya obra principal fue De Harmonia Mundi. Guillaume Postel. Además de ser autor de numerosas obras sobre filosofía, teología, etc. llevó la cábala y el hermetismo a Francia. Traductor del Zohar, el Bahir y el Protoevangelio de Santiago. Lefévre d’Étaples, amigo del anterior, tradujo el Poimandres. Cornelio Agrippa, nacido en Alemania. Reconocido por ser el autor de Oculta Philosophia, primer tratado sistemático sobre el hermetismo que, a la vez, liga la filosofía hermética contenida en los textos del Corpus con el hermetismo popular (magia natural, astrología, talismanes e invocaciones, simpatías y correspondencias) y con la Cábala. Es un tratado claro y bien estructurado, con amplia erudición sobre filosofía y teosofía, en el que se incluyen recetarios astrológicos y mágicos que un espíritu instruido pudiera tomar hoy como vulgarización o superstición.


Teofrasto Bombasto de Hohenheim, Paracelso. Médico y filósofo que recorrió Europa exponiendo sus ideas sobre el arte de curar, la farmacopea (antecesor de la homeopatía) y la alquimia. Respecto de esta última se lo considera como uno de sus pilares.
Breve síntesis de los principios alquímicos: De Serge Hutin, La Alquimia, 1973. Los alquimistas distinguen dos principios opuestos: el Azufre y la Sal, a los cuales asocian un término medio: la Sal. A ellos se agregan los cuatro elementos: Fuego, Aire, Agua, Tierra y los siete planetas, que, con el título de regentes juegan su papel en la cosmogonía hermética De Serge Hutin, Historia de La Alquimia.
Los tres colores principales de la Obra (negro de la putrefacción y las tinieblas, blanco del cisne y rojo del éxito glorioso) figuran en las etapas del desarrollo de las operaciones de laboratorio y en los estados psíquicos que jalonan el ascenso interior, gracias a los cuales el alquimista progresa hacia su iluminación. Los alquimistas buscaban a través de su ciencia y arte una trasmutación espiritual que involucraba una regeneración psíquica, conducente a que el ser, libre de prejuicios e identificaciones se encuentre a sí mismo en sí mismo. Paso a paso, color a color, grado a grado, el alma se va purgando por medio del sacrificio (del fuego), de sus más gruesas cortezas a través de una serie de muertes-renacimientos, donde su densidad va poco a poco sutilizándose, refinándose la percepción y “aprendiendo el oficio”, como sería el caso del aprendiz masón cuya labor es desbastar la piedra bruta.
En la alquimia, se busca la Piedra Filosofal, equiparada a un brillante. Previamente hay que llegar al oro, equiparado al sol o Jardín del Paraíso.
Se advierte en algunos tratados alquímicos la presencia de “sopladores”, es decir, falsos alquimistas que sólo veían un concepto literal de las operaciones, en una gama que va desde simples estafadores o buscadores del oro material hasta simples imitadores deslumbrados por la posibilidad de algo que les excedía y que traducían en ilusiones infantiles puestas fuera de sí mismos. Los alquimistas se identificaron expresamente con Hermes, poniéndose bajo su patronazgo o invocándolo o nombrándolo de una u otra manera.
LOS LIBROS HERMÉTICOS. PARTE VI.
Entre los que precedieron a Paracelso se cita Petrus Bonus, quien escribió Pretiosa Margarita Novella en el s. XIV, pero que no fue impresa sino hasta el s. XVI. Además, a Nicolás Flamel, autor del Libro de las Figuras Jeroglíficas. Se destaca que en los siglos XVI y XVII el listado de autores y obras es inmenso.
Se señala que en forma contemporánea hay una corriente de estudiosos que se preocupan de reproducir, comentar y elaborar textos alquímicos. El trabajo de estos autores es posible encontrarlo en INTERNET. Es mencionado Michel Maier (s. XVI-XVII) como autor de la Fuga de Atlanta, obra curiosa que contiene un texto, un grabado y una partitura musical en cada página. Al parecer Maier sería uno de los fundadores de la Hermandad Secreta de los Rosacruces. Igualmente se cita a John Dee, el famoso esoterista amigo de Isabel I de Inglaterra autor de La Mónada Jeroglífica y alguno de sus discípulos.
Giordano Bruno (s. XVI). Hermetista autor de diversas obras, muchas no publicadas hasta el s. XIX, católico, pero perseguido y quemado por la Iglesia de Roma. Cultivador del Arte de la Memoria (disciplina mnemotécnica que permite trabajar con los símbolos y así despertar o conectar con otros planos de la psiquis. Este tema ha sido investigado y presentado por Frances Yates.
Elías Ashmole (s. XVII). Anticuario, arqueólogo y antropólogo inglés, fundador de un museo de ciencias naturales base del posterior Ashmolean Museam de Oxford. Fue masón en una época algo anterior que Anderson. Finalmente, se destacan algunas conclusiones: La importancia de la masonería, como transmisora de la Iniciación y de las ideas de la Tradición Hermética ha sido fundamental tanto en forma contemporánea como en el pasado. El Hermetismo se prolonga en la masonería tanto en grupos como en individualidades. La transmisión mediante el libro juega un papel fundamental en a tradición hermética.
La Revelación (realización) Hermética se da en lo individual, en cada uno de los Adeptos en los que se revela el Noûs. Dicho de otra forma, se trata del influjo espiritual de Hermes o del pensamiento Hermético. Las enseñanzas no tienen que ser necesariamente orales, como en la tradición oriental, no hay ashrams. No se trata de una religión, no hay normas, ni dogmas, ni compromisos especiales, salvo con el Conocimiento. No hay templos (excepto en la masonería), ni imágenes, es a cielo descubierto. Se destacan las coincidencias con el Taoísmo.
Esta tradición es cruda, acaso a la intemperie, sin la búsqueda de un refugio (Comentario.- pues su refugio es el Cosmos entero).


CAPÍTULO II
TRADICIÓN HERMÉTICA Y MASONERÍA I.
En el manuscrito masónico Cooke (circa 1.400) de la Biblioteca Británica, se lee que en los párrafos 281-326 que toda la sabiduría antediluviana fue escrita en dos grandes columnas. Después del diluvio una de ellas fue descubierta por Pitágoras y la otra por Hermes, quienes se dedicaron a enseñar los textos allí grabados.
El autor interpreta que esas columnas (u obeliscos) pueden asimilarse a los pilares J y B, que sostienen el templo masónico, permiten el acceso al mismo y representan las fuentes sapienciales que nutrirán a la Orden: por un lado, el hermetismo que asegurará la protección del dios a través de la Filosofía o Conocimiento. Por otro lado, el pitagorismo, que proporcionará los elementos aritméticos y geométricos propios del simbolismo constructivo. Ambas corrientes son directa o indirectamente de origen egipcio. Otra interpretación es que las dos columnas son las piernas de la madre logia, por entre las cuales es parido el neófito (la sabiduría de Hermes el Iniciador y la de Pitágoras el instructor gnóstico).
Se agrega que la más antigua constitución masónica editada, la de Roberts (1722), anterior a la de Anderson, se menciona a Hermes en la parte denominada “Historia de los Francmasones”. Se menciona que diversos historiadores vinculan la historia de la francmasonería con las corporaciones de masones ligados al arte de construir en la Edad Media. Además concluye que los Antiguos Usos y Costumbres, los símbolos y los ritos y los secretos del oficio, se han transmitido sin solución de continuidad desde fechas muy remotas. Con el tiempo se dio el paso de lo operativo (Comentario.- en sentido de constructivo) a lo especulativo, por la adaptación de las verdades trascendentes a las nuevas circunstancias. En definitiva, tanto la masonería operativa o constructiva como la posterior especulativa son ramas de un tronco común que posee a los Old Charges (Antiguos Deberes) como modelo Hermes y su figura particular el Hermes Trismegisto, son familiares a la masonería de los más distintos ritos y obediencias, tal como lo es para los alquimistas. El Hermetismo es un tema eterno de abundantes planchas y libros masónicos. Además innumerables logias se llaman Hermes, así como diversos ritos y grados llevan su nombre. La denominada Ciencia Sagrada o conocimiento hermético es aprendida y enseñada en la logia por los ritos y símbolos, verdadero libro que los maestros masones decodifican hoy, pues la masonería no otorga el Conocimiento en sí sino que muestra los símbolos e indica las vías para acceder a él.
(Comentario.- los símbolos del ritual son los transmisores mediáticos de ese Conocimiento).
Los conceptos del hermetismo, como la actualización de la posibilidad (el Ser), la comprobación de que todo está vivo, de que el Presente es Eterno, la simultaneidad del Tiempo, la idea de la Tri unidad del Único y Solo, sería un Conocimiento al cual los masones arriban en forma personal e individual a través de su experiencia en forma gradual. Se reconoce que el Maestro Constructor lleva su logia a todas partes pues él mismo es eso, una miniatura del Cosmos.
Cabe recordar que el Hermetismo y su tradición ha sufrido innumerables adaptaciones a través del tiempo. Se lo considera anterior al cristianismo y sus antecedentes son claramente paganos, relacionados con las escuelas de misterios o religiones mistéricas. Por tanto, el hermetismo cuenta con una vertiente pagana y otra cristiana.
Respecto a la relación entre los francmasones y las corporaciones de constructores y artesanos existen tres grandes testimonios citados como fuentes documentales. Nicolá Coldstream (1991) rechaza la idea de la filiación fantasmal entre unos y otros. Estos testimonios son: a) el documento del Abad Suger sobre la construcción de la abadía de Saint Denis, b) el manuscrito (circa 1.200) del monje Gervais de Canterbury sobre la reparación de la Catedral de Canterbury, c) el Álbum de Villard de Honnecourt. Este último documento está redactado de tal manera que parece indicar tratarse de un documento de gabinete y no de obra, por tanto como un planteo de filosofía hermética para uso de maestros de obras, cuya característica accesoria sería ser una versión cristiana del lenguaje hermético en el siglo XIII.
Ahora, retomando la vinculación de la Alquimia con la masonería, se señala que un rasgo común a ambas es el desarrollo interior, tendiente a la perfección, pues la Naturaleza no ha finalizado su Obra y el Adepto debe finalizarla. Ambas incluyen la muerte y consecuente resurrección o regeneración a otro nivel o estado de conciencia.
En ambos simbolismos (Masónico y alquímico), el sol y la luna juegan un papel fundamental y se los encuentra en la decoración de las logias (en el Oriente). Se trata de los principios activo y pasivo, que se corresponden con las columnas Jaquim y Boaz, al tiempo que su conjunción en un eje invisible proyectado sobre la Plomada del Gran Arquitecto. Además, cabe recordar la importancia de esos astros en el calendario masónico, cuyos puntos extremos están presentes en casi todas las tradiciones. Nos referimos a los solsticios de verano e invierno, que se corresponden con las festividades cristianas de los dos San Juan.


TRADICIÓN HERMÉTICA Y MASONERÍA II.
En efecto, las corporaciones de constructores medioevales le han dado la estructura a la Masonería, incluso los tres grados iniciáticos, y su simbólica fundamental vinculada con el Arte de Construir. Esta influencia deriva, o al menos tiene antecedentes en los Collegia o Scholae romanos, vinculados a las Religiones de Misterios, las que a su vez lo hacen con Egipto, como ya se ha dicho. Por otra parte, en la Alejandría grecoegipcia, de los primeros siglos anteriores y posteriores al cristianismo, vuelve a producirse un resurgimiento tanto de las religiones mistéricas, que aún subsistían, como de los estudios neoplatónicos, pitagóricos y teúrgicos-gnósticos, que desembocan en una corriente donde la Tradición Hermética vehiculará estas energías hasta el Renacimiento –en que volverán a florecer–, pasando por la Edad Media, donde revistieron formas cristianas, lo que no fue difícil dada la identidad de ambas tradiciones en cuanto a sus orígenes y fines. Es precisamente en la Edad Media – cuando se construyeron en toda Europa miles de templos, castillos, y ciudades enteras, tanto en estilo románico como gótico, por medio de estas asociaciones gremiales, incorporadas a la ciudad medieval como elementos constitutivos de su orden– donde se asienta la gnosis Hermética, por intermedio de Pitágoras y la Aritmosofía, es decir el sentido verdadero de los números, las proporciones, la orientación, los ciclos, etc., o sea: los misterios de la Cosmogonía, los secretos del oficio, manifestados por la Filosofía de los Padres de la Iglesia y Dionisio Areopagita, entre otros, y sobre todo, sin duda, por el Evangelio Cristiano, San Pablo, y el fondo tradicional mitológico, religioso y agrícola de las culturas anteriores al cristianismo.
Todas estas influencias espirituales, o intelectuales, pasan directamente a la Masonería como se encuentra documentado en manuscritos alemanes e ingleses y es sobre esta estructura que se van agregando los otros elementos que hemos mencionado. Así la Alquimia se integra a este pensamiento puesto que ella no es sino una expresión o adaptación más de este saber tradicional y los mismos Adeptos se cobijan bajo la filiación Hermética y su patronazgo. Lo mismo vale decir de los Rosacruces, herederos del pensamiento hermético e históricamente relacionados con ellos y la Masonería. También por sus raíces medioevales ha de buscarse la asociación de la Orden con otras Ordenes constructoras y de caballería.
En cuanto al elemento judío, el autor se asombraría que no estuviera presente en una Orden iniciática nacida en Europa, pues junto con el cristianismo, que deriva de él, éste ha vehiculado los elementos diversos que hoy llamamos Occidente, en donde se destaca la figura del sabio, rey y constructor, encarnada por Salomón. En efecto, el simbolismo del templo masónico es fundamental en masonería y se lo reconoce como el modelo y el depósito de toda ciencia, opinión compartida por los sabios; así en el manuscrito de Isaac Newton titulado "The original of religions" se dice:
"De manera que era propósito de la primera institución de la religión verdadera en Egipto poner a la humanidad, mediante la estructura de los antiguos templos, el estudio de la estructura del mundo como el verdadero Templo del gran Dios al que adoraban…".
La Masonería es, según todo esto, el resultado feliz de la relación y síntesis entre distintas formas de acceder al Conocimiento, y la unicidad que esas formas proclaman. Pero está claro que tamaña empresa no ha sido la obra de algunas personas, o el conjunto de acciones individuales encaminadas a lograr esa síntesis, pese al agradecimiento que merecen variadas personalidades en ese sentido. La Masonería es –y seguirá siendo– un depósito de Sabiduría Tradicional que otorga el Conocimiento a aquellos que son capaces de recibirlo, y al que generosamente ha expandido de modo espiritual –la logia es un condensador de energías–, y divulgado culturalmente mediante los escritos y la participación de sus miembros en distintas instituciones, sin hablar de leyes públicas, obras sociales, o de beneficencia. A esto debe sumarse la perenne dignificación del trabajo, verdadero objeto de culto de su disciplina y el instrumento de conocimiento de un Masón y por lo tanto actividad humana por naturaleza.
Se señala que cualesquiera sean los orígenes masónicos ellos apuntan una y otra vez hacia los artesanos y constructores medioevales y no a los sacerdotes y nobles de la época. Se sabe que los rangos eran muy fijos en la Edad Media y que incluían básicamente cuatro categorías de decreciente importancia: a) la Iglesia, el Papado y el clero como sabiduría, b) la reyecía y la nobleza, particularmente en su aspecto militar, c) los administrativos, comerciantes y profesionales (artistas y artesanos), y d) el campesinado, dedicado al servicio y la producción.
La Masonería debe considerarse como originada en este tercer estamento de acuerdo a las leyes cíclicas, aunque sus historias míticas incluyan reyes constructores y sabios arquitectos, y en el siglo XVIII estuviera constituida por la nobleza y en el XIX gozara decididamente del apoyo de una burguesía que ya era el poder; también es significativa la incorporación de la Alquimia (Via Regia), junto con la inclusión de la Filosofía Hermética como componente de la sabiduría sacerdotal.
Desde el punto de vista histórico nace la Masonería en una época donde las corporaciones de artesanos pasaban a ser instituciones de poder y el profesionalismo de sus integrantes ocupaba una función en el encuadre del Estado. Esta influencia es pareja a la pérdida de importancia de la Iglesia, y de la Monarquía, y se corresponde con la creciente preponderancia de la burguesía formada por profesionales, mercaderes y administrativos, en siglos posteriores. Y esta determinación que hace a los ciclos históricos y a las castas marcará de algún modo a los masones (pese a las pretensiones mundanas de algunos), que en líneas generales pertenecen a estos estamentos sociales profesionales y comerciales, a los que también protege el dios Mercurio.
Y si bien la Masonería tiene sus orígenes en los canteros de piedras medioevales, y por lo tanto en las rigideces religiosas de las concepciones de ese tiempo, no debe olvidarse que desde esa época hasta el siglo XVIII, donde toma su forma especulativa, estos constructores han vivido inmersos en un nuevo mundo, el del Renacimiento, inspirado en el Corpus Hermeticum, el Pitagorismo (también los Himnos Órficos y los Oráculos Caldeos) y sobre todo en Platón, los neoplatónicos y Proclo, lo cual se ve reflejado en sus palacios, iglesias, jardines y torres, arquitectura interior, ingenios mecánicos y otras maravillas de magia natural y experimentación científicas y artísticas (pinturas, esculturas, orfebrería y mueblería) que tuvieron su origen en la Academia de los Médicis, dirigida por Marsilio Ficino, cuya influencia se extendió en toda Europa por casi tres siglos, y que por cierto estuvo presente en la Inglaterra Isabelina y sus sucesores, y que desemboca no casualmente, y sólo para nombrar un ejemplo, en la traducción del Corpus Hermeticum por Sir Walter Scott, maestro masón, en la misma época que las logias inglesas irrumpen con fuerza en la Historia moderna.
Los distintos Ritos y Obediencias, pese a su heterogeneidad, tienen en común al Gran Arquitecto del Universo, y un oficio compartido: el Arte y la Ciencia de Construir, que reconocen en el Símbolo su expresión más cabal. En cierta forma esta diversidad podría compararse a las distintas "gnosis" de los primeros siglos de nuestra era, incluso la cristiana, cuyo fin último era obviamente el mismo, pese a las distintas malversaciones en las que puede verse involucrada cualquier asociación.








Foto de Juan Avila.

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