¡VOLVIMOS!
Visitenos en nuestra nueva dirección web
FENIX-news Desde 1992

Los deberes del compañero

Por Oswald Wirth

Asiduidad – Asistencia


El Compañero debe saber trabajar y dar con esto buen ejemplo a los Aprendices. Sabrá, desde luego, mostrarse discreto entre ellos, como están ellos mismos obligados a portarse delante de los profanos. Cuando un Iniciado quiere enseñar, se contenta con hacer reflexionar, sin dogmatizar jamás. Su método consiste ante todo, en predicar con el ejemplo. Con este objeto el Compañero, debe asistir con escrupulosa asiduidad a los trabajos de su Taller. Toda indiferencia para con la colectividad a la que se ha adherido libremente, relaja los lazos que lo unen a ella. Además, no puede recibir el salario del segundo grado, y beneficiarse así con la fuerza vital de la Masonería, que forma parte con la unidad orgánica representada por su Logia.

Todo Masón no puede tener la pretensión de ser un pensador genial; pero no son siempre las inteligencias más brillantes las que mejor sirven la causa del progreso. Por obscura que sea, una dedicación sincera, es una fuerza inmensa, y a todos, por humildes que seamos, nos es permitido trabajar como verdaderos Compañeros. Es preciso, ante todo, que sea nuestro corazón quien deba actuar primero en este grado, como lo recuerda el signo de orden.

Pero nuestro fervor de Masones, nuestra adhesión a la Orden, no pueden manifestarse sino por el celo con el cual participemos en los trabajos de nuestra Logia, y no debemos temer sacrificarle las entretenciones profanas por interesantes que ellas fueren. El verdadero Masón que esté inflexiblemente dispuesto, salvo casos de fuerza mayor, a no faltar a ninguna reunión de su Taller, aporta siempre a sus Hermanos, un concurso inapreciable de energía psíquica. Contribuye en esta forma, a cargar esta pila de dinamismo humano, que está constituido por los miembros realmente activos de una Logia. Pero el Compañero no puede aprovechar de los beneficios que la colectividad dispensa a sus miembros, sino en proporción a lo que él mismo dé. Siendo frío, indiferente, escéptico, no puede sacar de la Masonería ningún beneficio intelectual o moral. Adquirirá, por el contrario, una fuerza inmensa, si ama de corazón a la Masonería, si se inspira en su ideal y se entusiasma por su obra. Pero nosotros no nos aseguramos de nuestros sentimientos y de nuestra voluntad sino por actos, y de aquí la necesidad de una práctica, de una especie de culto masónico. Toda religión muere cuando sus templos quedan desiertos. Lo mismo ocurre en la Masonería: nuestra institución será tanto más viva y tanto más fuerte y activa según sea que los Masones frecuenten sus Logias con fervor y asiduidad.

Es, pues con pleno conocimiento de causa, cómo los Compañeros deben imponerse la norma de no rehuir jamás el trabajo común y faltarían gravemente a sus deberes si se muestran negligentes. En las prácticas iniciáticas, nadie obtiene un salario sino por medio del mérito.

Puntualidad


No es suficiente cooperar solamente en una parte de los trabajos y de hacer tardíamente acto de presencia, sino que es necesario comenzar estrictamente a la hora señalada. Los Compañeros, como la palabra lo indica, no trabajan aisladamente: ellos colaboran en una obra común, en calidad de miembros de una colectividad que trabaja.

Pero toda agrupación que quiera trabajar no alcanza éxito sino cuando los elementos que lo forman aceptan una disciplina. Si no han consentido en imponerse un cierto control para coordinar y unificar sus esfuerzos, toda su acción será estéril.

El trabajo masónico implica una cooperación metódicamente reglamentada, todo buen Compañero considerará siempre un honor el estar en su puesto escrupulosamente en el momento en que se le llame. No temerá imponerse los sacrificios necesarios para no faltar jamás a la apertura de los trabajos de su taller. Si se comportara como obrero negligente su salario se resentirá fatalmente.

Nunca se insistirá lo suficiente sobre el efecto que la Logia, como entidad psíquica colectiva, ejerce realmente sobre aquellos de sus miembros que se sacrifican en su favor. Una recompensa recae necesariamente así en todo Masón que ame sinceramente su Logia, y le demuestre su afecto mostrándose asiduo y puntual en todos los trabajos del taller.

Esta disciplina es de una extrema importancia, pues ella sólo da a la Logia su fuerza y le permite ejercer una acción efectiva, tanto sobre sus propios miembros como en el mundo exterior. Una agrupación poco numerosa, pero unida y estrictamente disciplinada, llega a ser un acumulador de dinamismo de alta tensión. Nada se le resiste, si cada uno de sus elementos da todo lo que puede dar.

Compuesta de verdaderos Compañeros, una Logia es una potencia capaz de obtener todo lo que es justo, con tal de que sepa desearlo con energía y con persistencia.

Actividad


No debe jamás asistir a los trabajos un Masón que aparenta ser “activo” por el sólo hecho de no ser negligente para estar al día con el tesoro de su Logia. Materialmente una “actividad” tan irrisoria puede, sin duda, tener su valor, pero, desde el punto de vista de participación efectiva en la obra de la Franc-Masonería, difiere apenas de la inacción.

Para el Compañero resuelto a trabajar seriamente en la Gran Obra, ser activo significa algo muy distinto de un simple concurso pecuniario. Un Masón que se demuestre ejemplarmente asiduo y puntual, dista mucho de haber cumplido su deber de trabajar.

Participar regularmente en el trabajo común que se desarrolla en la Logia, es muy bueno, pero no es todo. El trabajo simbólico tiene una gran importancia, sin duda, pero no será más que la letra muerta, si no tiene por resultado hacer que el espíritu del Masón trabaje también fuera de las reuniones de costumbre.

El verdadero Compañero saca de su Logia un motivo u objeto para pensar. Se hace cada vez más meditativo y no deja nunca en los intervalos de las tenidas, de preocuparse del motivo u objeto en estudio, de preparar los trabajos y de consagrar a la Logia, en particular a la Franc-Masonería en general, todo el tiempo de que pueda disponer. Sólo el Masón que trabaja así, sin perder nunca de vista la Gran Obra, tiene el derecho de sentirse activo. Solamente él, puede acercarse útilmente a la Columna J?.

Iluminación


Con el fin de que no degenere en un esfuerzo estéril, la actividad que nosotros desarrollamos debe ser prudente. Es por esto que nos importa tanto ver claro.

El grado de Aprendiz tiene por fin enseñarnos a conocer el error y a evitarlo a su vez; el grado de Compañero debe atraernos por lo verdadero y acercarnos a él. La venda al caer de nuestros ojos nos hace ver la luz y marchar hacia ella. Nuestra marcha hacia la claridad no ofrece peligros ni nos acarrea perjuicios; porque el camino es seguro. Pero el viaje es tan largo que se necesita una gran resistencia para recorrerlo hasta el fin. Las decepciones desalientan de ordinario, desde el comienzo, a las almas mal templadas. El pensador ha podido, también, ser engañado; pero, acercándose, conoce la causa de su error y sigue adelante.

Caminando así, sin debilidades, observando siempre, razonando y comparando, esforzándose en adivinar, el espíritu humano se ilumina poco a poco, a medida que la luz se desarrolla en el entendimiento.

Tal es la iluminación que debe buscar aquel que ha visto brillar la Estrella Flamígera. En el curso de su peregrinación por la vida todo está llamado a instruirlo, si sabe aprovechar la luz que irradia de todas las cosas. Lo importante para él, no es desde luego saber mucho, sino saber bien lo que se sabe. La Gnosis es cuestión de comprensión personal y de penetración íntima, no de memoria o de asimilación superficial.

Dominio de Sí Mismo


El hombre ilustrado o iluminado es capaz de dominar el fuego del cielo y de ejercitar en esta forma el poder soberano que reside en la voluntad. Pero antes de mandar afuera, es necesario reinar adentro, y reinar efectivamente sobre Sí mismo. Es lo que expresa el Compañero cuando se pone al orden. Su gesto lo invita a dominar su propio corazón, o contener toda efervescencia encaminada a una ambición personal y a ahogar todo sentimiento que no sea absolutamente noble y generoso. Es necesario que llegue a no desear nada que no sea justo. No es sino bajo esta condición cómo podrá manifestar deseos que puedan realizarse.

Nuestra voluntad, en efecto, tiene una acción muy restringida, como que ella emana de nuestro capricho individual. Pero, cuando el individuo se compromete a poner su energía volitiva al servicio de una gran causa, adquiere un poder inmenso, que no deberá jamás usar arbitrariamente. La voluntad nos pone en la mano la Palanca poderosa que permitirá levantar el mundo; pero, como el ritual nos lo enseña, este instrumento no debe emplearse jamás sin la Regla.

En el Tarot el Compañero, sabiendo desear, es comparado con un Emperador que reina sobre un cubo de oro, o, en otros términos, sobre la Piedra cúbica, porque para llegar a ser maestro de todas las cosas, le es necesario comenzar por dominarse a sí mismo en forma absoluta. No deseando nada para sí, autorízalo a desear imperiosamente lo que entra en el orden universal de las cosas y no debe aprovecharlo sino para el bien general.

El Poder Iniciático


La voluntad ha sido comparada con el rayo, no sin razón, porque en el dominio de las fuerzas psíquicas, presenta más de una analogía con la electricidad. Es por esto que está permitido hablar de tensión volitiva, de corrientes anímicas, sensitivas o voluntarias y de un trabajo realizado por las ondas procedentes de nuestras vibraciones cerebrales.

A fuerza de concentrarse en sí mismo, los antiguos Iniciados habían terminado por penetrar a fondo los misterios de la psico-fisiología humana. Ellos creían, en particular, que la voluntad individual, débil y vacilante, no es sino una particularización de una voluntad más general, poderosa y fija.

Esta concepción debía conducir a la práctica de la “Teurgia” (comunicaciones con los dioses benéficos), es decir, al empleo y a la utilización efectiva del poder de los dioses, que era necesario representárselos como colectividades psíquicas. Para beneficiarse con este poder, para domesticarlo, si es permitido usar este término, basta en suma, haber realizado el ideal de la Piedra cúbica. Sed perfectos como miembros de la sociedad humana, y ésta concentrará sobre vosotros sus fuerzas disponibles. Es entonces cuando podréis desplegar toda la actividad fecunda de los héroes antiguos, que fueron Iniciados o verdaderos Compañeros.

COMICs